EL BLOG DE LUIS ALEMÁN     

                             
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LOS ÁNGELES

NOS HAN HECHO MUCHO DAÑO      

              

Hoy gozan de poca credibilidad.

Como el limbo, el purgatorio, el infierno

y la virginidad del himen.

 

Ángel es una palabra persa. De allí la importaron los israelitas. Ángel significa mensajero. No el que reparte paquetes, sino el que lleva mensajes, noticias.

 

La Biblia está llena de ángeles. Suelen aparecer en momentos importantes. Sin embargo, hoy gozan de poca credibilidad. Los teólogos y creyentes más estudiosos los han aparcado en la papelera de reciclaje junto a temas como el limbo, el purgatorio, el infierno y la virginidad del himen. Con esta operación de reciclaje, parecen cerrarse definitivamente las puertas del paraíso medieval.

 

Los devotos israelitas crearon las figuras angélicas para dar salida a una serie de problemas, que sin ellas no encajaban:

 

El innombrable Yahvé no podía estar todo el día yendo y viniendo con dimes y diretes.

 

La evidencia del mal tenía que tener un origen. Yahvé no podía cargar con esa responsabilidad. Tenía que ser el “Malo”. Pero, no un dios con minúscula. Eso repugnaba al israelita. El recurso al ángel malo fue la pieza del puzzle en su incipiente teología que completaba  un sistema.

 

Y comienza el folklore de Arcángeles, Querubines, ángeles de la guarda, demonios malvados. En cierto modo esa raza angélica vino a sustituir el Olimpo tan divertido de otras religiones. En la Edad Media, los decoradores, les añaden sus alas, sus rabos y cuernos.

 

Pero todos nos han hecho daño: los de las alas y los de los cuernos.

 

Los de los cuernos, porque nos engañaban, compraban nuestras almas y nuestra eternidad a cambio de un presente alucinante.

 

Los de las alas, porque se convertían en modelos imposibles de imitar, sembrando la insatisfacción. Ellos nos han hecho despreciar lo que teníamos, nuestro cuerpo y han grabado a fuego -azul- en nuestro subconsciente un superyo angélico que se encarga de torturarnos “divinamente”.

 

Aunque conviene tener en cuenta que su olvido nos trae problemas. Por ejemplo, la desaparición de los ángeles malos nos quita la posibilidad de echarles la culpa a ellos de nuestras desgracias. Ahora somos nosotros los culpables.

 

La desaparición u olvido de los ángeles buenos nos ha dejado sin guardias de seguridad. Ahora, somos nosotros los que hemos de guardar las cuatro esquinitas de nuestros pequeños. Al no contar con ángeles de la guarda, son, por ejemplo, las naciones fuertes y ricas las que asumen el cuidado de las pobres y débiles. ¿Qué son o deberían ser si no las ONG?


 

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“es un misterio”.