EL BLOG DE LUIS ALEMÁN     

                             
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IGLESIA O IGLESIAS    

              

Necesito de la Comunidad.

No podría seguir creciendo en mi fe

fuera de una comunidad de hermanos en la fe.

 

Seguro que habrá oído, alguna vez, la teología popular según la cual una cosa es Dios y otra la Iglesia: “me interesa Dios, pero no quiero nada con los curas”, creo en Dios, pero no creo en la Iglesia

 

Para los adscritos al cristianismo, no hay Dios si no hay Iglesia. En consecuencia, para quien elija creer en Jesús, para quien decida seguir la ruta de Jesús no tiene más salida que unirse a la comunidad de Jesús: la iglesia.

 

¿Pero qué Iglesia? En teoría, la respuesta es sencilla: la iglesia formada por los hermanos que intentan seguir los pasos de los testigos y discípulos de Jesús.

 

¿Y esa Iglesia es la Iglesia católica?

 

Dentro de la Iglesia Católica, aparece, cada día con más vigor, la realidad de dos iglesias, dos mundos que conviven con más o menos dificultades: una iglesia a la que podemos denominar como oficial y, por otra parte, una pluriformidad de comunidades de fe, que viven dentro de la esfera católica, pero, con notable independencia.

 

Desde la iglesia oficial (es decir: la única, santa, católica, romana) se dictan las ideas, se gradúa la intensidad de cada verdad: dogma expresamente definido, dogma implícito, doctrina de la Iglesia, doctrina del Vaticano (?), pensamiento del Papa (?) y mil formulas más. Se somete a un control estricto a todos los profesores de teología e, incluso, a través del brazo civil, a cualquier profesor de religión en cualquier centro de enseñanza. Ningún sistema, ningún dictador consiguió tanto control, tanto poder sobre el pensamiento de los hombres.

 

Pero Dios no quiso la uniformidad. La tierra no sería bella si no hubiera montes y valles, desiertos y trópicos,  hombres negros y hombres blancos, orientales y occidentales.

 

A estas alturas de la historia resulta sarcástico que algún obispo, cardenal, o dicasterio romano siga manteniendo que –cualquiera de ellos– posee la medida de la verdad, ni sobre Dios, ni sobre el hombre, ni sobre lo bueno o lo malo.

 

No se puede seguir esgrimiendo cualquier tipo de monopolio sobre Dios o sobre la Verdad, al margen de la auténtica Iglesia de Jesús, todos los hombres y mujeres convocados y congregados en torno a Jesús y su buena nueva.

 

La historia, la humanidad, los creyentes, e incluso los ateos, están pidiendo a gritos que la Institución eclesiástica se convierta. Algo de “pecado contra el Espíritu” está cerrando la mente de este monstruo anacrónico llamado Vaticano.

 

Me considero creyente, cristiano y vivo mi fe en las comunidades católicas. Necesito de la Comunidad. No podría seguir creciendo en mi fe fuera de una comunidad de hermanos en la fe. Necesito el trozo de pan de los domingos. Necesito oír el evangelio en medio de los hermanos. Necesito rezar el Padre Nuestro con los demás hermanos.

 

Ni quiero, ni podría ir por libre. Pero mi fe se ha desarrollado, me ha invadido en la medida y a medida que iba teniendo el coraje de sentirme libre de la opresión eclesiástica. Simplemente veo, y con toda claridad, que la Institución es el muro que sigue impidiendo el crecimiento del mensaje de Jesús.

 

No voy a escribir una sola línea con la intención de que me excomulguen. ¡Por supuesto! Pero no voy a dejar de escribir una palabra por miedo a una excomunión.


 

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