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                 UNA MONARQUÍA ABSOLUTA      

            

¿Está la Iglesia por encima del Papa

o tiene la Iglesia que pensar lo que dice el Papa?

 

El mensaje de Jesús, la buena nueva de Jesús, se ha adaptado, se ha transformado hasta convertirse en una religión con sus templos, sus sacerdotes, sus sacrificios, sus diezmos y primicias, su multitud de reglas (más incluso que las del Antiguo Testamento). Sus negocios (más incluso que el mercado de animales). Sus funcionarios.

 

La Iglesia católica es una gran religión, con una monarquía mucho más poderosa que la del Rey David. Una Monarquía sagrada, absoluta, personal, y vitalicia. Pacta sus concordatos con los reinos de este mundo. Presume de sello inmortal por su RH divino. Un auténtico sueño de grandeza: “Todo esto te daré, si llegamos a un acuerdo”.

 

Monarquía absoluta. Sin duda. Todo el poder en uno. Dentro de la iglesia el papa lo puede todo, y él solo, lo puede todo. Aunque en el Concilio de Constanza (1414 - 1418) quedó claro que el poder papal estaba supeditado al sentir de la iglesia. Es decir, el papa no se equivoca, pero sólo cuando proclama lo que piensa toda la Iglesia.

 

Y ese principio salvó a la Iglesia, porque, en aquellos días, había tres papas cada uno con sus razones y sus seguidores. El más terco, aunque quizá el más legítimo, el aragonés Benedicto XIII, que nunca cedió. Murió en su Vaticano de Peñíscola. "En sus XIII".

 

Sólo un concilio, por encima del papa o de los papas, podía ofrecer una solución. La Iglesia reunida (un concilio) encontró la solución. Porque la Iglesia está por encima del Papa.

 

Hoy no. Hoy la iglesia tiene que pensar lo que dice el papa. Ya hable de Dios, de Europa, de política, de historia, de medicina... Del pasado, del presente, del futuro… Nunca en toda la historia de la humanidad ha habido un poder más absoluto y monárquico.

 

Reconozcamos con humildad la piadosa monstruosidad que se consumó en el Vaticano I de 1870. Los cambios sociales, políticos y de mente que sacudían a Europa, produjeron en Roma el miedo al desastre total. Y ese miedo engendró una jefatura con dominio absoluto y poder ilimitado

 

Con el poder de Dios. Y digo el poder de Dios, no sólo el poder de Jesús. Jesús, por ejemplo, dijo que lo suyo no era enjuiciar al mundo, sino salvarlo. Sólo su Padre podía tener una opinión sobre los hombres.

 

El papa opina de todo, determina quiénes son buenos y los canoniza. Señala con su dedo a los malos y los condena. Marca límites, calla bocas, deja cojos para toda la vida a los que él cree que no deben correr, paraliza movimientos del espíritu, esteriliza a los profetas para que no se multipliquen.


 

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