EVANGELIOS Y COMENTARIOS   

                             
                              

 

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DOMINGO DE  PASCUA

 

Juan 20, 1-9

 

 

En este día de Pascua, debemos recordar aquellas palabras de Pablo: "Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe, somos los más desgraciados de todos los hombres."

 

Aunque hay que hacer una pequeña aclaración. La formulación condicional (si) nos puede despistar y entender que Jesús podía resucitar o no resucitar, lo cual no tiene sentido porque Jesús había alcanzado la VIDA antes de morir. Y él fue consciente de ello.

 

Él era el agua viva, dice a la Samaritana, Él había nacido del Espíritu, dice a Nicodemo; él vive por el Padre; él es la resurrección y la vida... Ya en ese momento cuando habla con sus interlocutores, está en posesión de la verdadera Vida. Eso explica que le traiga sin cuidado lo que pueda pasar con su vida biológica. Lo que verdaderamente le interesa es esa VIDA con mayúscula que él alcanzó durante su vida, con minúscula.

 

En ningún caso debemos entender la resurrección como la animación de un cadáver. Esta interpretación es posible gracias a una antropología griega (alma–cuerpo), que no es la judía.

 

Además da por supuesto que el cuerpo es algo estable y fijo, lo cual es falso. El cuerpo se compone de unos sesenta billones de células. De ellas, unos quinientos millones se renuevan cada día. Parece que al cabo de unos diez años el cuerpo se ha renovado totalmente. ¿Qué es lo que permanece?

 

Por otra parte, la reanimación de un cadáver, da por supuesto que los despojos del fallecido mantienen una relación especial con el ser que estuvo vivo. La realidad es que la muerte devuelve al cuerpo al universo de la materia de una manera irreversible. La posibilidad de reanimación es la misma que existe de hacer un ser humano partiendo de los elementos atómicos y moleculares que componen su cuerpo, lo cual no tiene ningún sentido ni para los hombres ni para Dios.

 

Pero no debo quedarme en la resurrección de Jesús. Debo descubrir que yo estoy llamado a esa misma vida.

 

A la Samaritana le dice Jesús: El que beba de este agua nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá en un surtidor que salta hasta la Vida eterna.

 

A Nicodemo le dice: Hay que nacer de nuevo; lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es Espíritu. El Padre vive y yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me coma, (el que me asimile), vivirá por mí. Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque haya muerto vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre.

 

¿Creemos esto? Entonces, ¿qué nos importa todo lo demás?

 

Jesús, antes de morir, había conseguido, como hombre, la plenitud de Vida en Dios, porque había muerto a todo lo terreno, a su egoísmo, y se había entregado por entero a los demás, después de haber descubierto que esa era la meta de todo ser humano, que ese era el camino para llegar a hacer presente lo divino.

 

Eso era posible, porque había experimentado a Dios como Don absoluto y total. Una vez que se llega a la meta, es inútil seguir preocupándose del vehículo que hemos utilizado para avanzarla.

 

 

 

Meditación-contemplación

 

Yo soy la resurrección y la vida.

Resurrección y vida expresan la misma realidad,

no son cosas distintas.

No hay Vida sin resurrección y tampoco resurrección sin Vida.

En la medida que haga mía la Vida,

estoy garantizando la resurrección.

..................

 

No te preocupes de lo que va a ser de ti en el más allá.

Además de ser inútil, te llevará a una total desazón.

Lo importante es nacer de nuevo

y vivir desde esa nueva VIDA.

Todo lo demás ni está en tus manos ni debe importarte.

...................

 

Deja  que la VIDA que ya está en ti, se haga realidad.

Deja que todo tu ser quede empapado de ella.

Deja que Dios Espíritu (fuerza) sea tu ser.

Entonces podrás decir como Jesús:

Yo y el Padre somos uno.

 

 

 Marcos Rodríguez

 

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