EVANGELIOS Y COMENTARIOS   

                             
                              

 

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Juan 16, 12-15

 

 

12 Mucho me queda por deciros, pero no podéis con ello por el momento. 13 Cuando llegue él, el Espíritu de la verdad, os irá guiando en la verdad toda, porque no hablará por su cuenta, sino que os comunicará cada cosa que le digan y os interpretará lo que vaya viniendo.

 

14 Él manifestará mi gloria, porque, para daros la interpretación, tomará de lo mío. 15 Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso he dicho que toma de lo mío para daros la interpretación.

 

 

Comentarios de Pedro Olalde

 

Este evangelio de Juan es un fragmento del “Sermón de la Cena”. Jesús anuncia a sus discípulos que se les enviará el Espíritu, que les aclarará todas las cosas que aún no pueden comprender.

 

Juan está adelantando la idea de que la comprensión plena de Jesús se dará solamente después de la Resurrección. Será entonces cuando los discípulos llegarán a la fe en Jesús y podrán dar respuesta a la pregunta “quién es éste”, que se ha formulado a lo largo de todos los relatos evangélicos.

 

Todos estos textos han de ser leídos, por tanto, teniendo en cuenta que Juan pone en boca de Jesús palabras que son elaboraciones teológicas. Palabras no pronunciadas por Jesús, que manifiestan la comprensión que van alcanzando las comunidades cristianas sobre Jesús. En este caso, formulaciones cristológico-trinitarias, que serán el punto de arranque de la dogmática elaborada por los Padres a partir del siglo II.

 

En la reflexión teológica sobre Dios nos encontramos con la limitación humana.

  

El pueblo de Israel lo sabe muy bien, por eso no se atreve a hacer imágenes de la divinidad, porque no hay imagen alguna de cosas de la tierra que pueda parecerse, siquiera de lejos, a la esencia de Dios.

 

Creo que nosotros hemos perdido este respeto. Nuestros pintores se atreven a pintar a Dios: es un señor anciano, venerable y vigoroso, que flota por los cielos en carro de nubes. Más aún, nos hemos atrevido a decir que es uno, pero son tres. Y nos hemos atrevido a pintarlos: el Padre venerable y con barbas; el Hijo, Jesús; y el Espíritu, como una paloma entre los dos.

 

Los teólogos se han atrevido a más, y han descrito las relaciones entre ellos, cómo procede el Hijo del Padre, y el Espíritu, de los dos. Pero eso no son más que vulgarizaciones.

 

Lo que sabemos de Dios es gracias a Jesús. Y en Jesús conocemos a Dios de tres maneras:

 

1- Como un viento irresistible que empuja la historia del mundo desde dentro, como cuando se hinchan desde dentro las velas de un barco y empieza a navegar. Le hemos llamado “el Espíritu”, el viento de Dios. Y lo hemos “visto” soplar poderosamente en el mismo Jesús, y lo hemos visto soplar poderosamente en la primera comunidad cristiana. Y lo seguimos sintiendo que sopla en el amor y el entusiasmo de tanta gente buena que sostiene el mundo y nos hace mantener la fe y la esperanza.

 

2- En Jesús ese viento formidable era salud y era Palabra. El Espíritu de Dios se hace en Jesús Palabra para nosotros, mensaje de cómo es Dios. Por eso, Juan evangelista le llama el Logos, el Verbo, la Sabiduría, la Palabra de Dios hecha carne. Y ahí sí que conocemos de verdad cómo es Dios.

 

3- Abbá, Médico, Pastor que arriesga su vida por la oveja perdida. Este es el Padre, que la Palabra, que es Jesús, nos desvela, nos revela. Más que hablarnos del Dios excelso e infinito, Jesús nos comunica a un Padre amoroso y cercano, a quien se le conmuevan las entrañas al ver sufrir a sus hijos.

 

La fiesta de la Trinidad no es un dogma indescifrable. Es Dios que se comunica conmigo; Palabra hecha carne, y que actúa en mí por el Espíritu. Y es mi Padre, que me destina a gozar de Él, de su vida trinitaria.

 

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