EL COMIENZO DE LA VIDA HUMANA
Ante el problema del comienzo de la vida humana se plantean
dos cuestiones fundamentales:
¿Cuándo empieza una nueva vida humana?
¿Cuándo esa vida humana que ha empezado está ya
individualizada?
Esta problemática se puede analizar desde diversas
perspectivas:
En este contexto es importante señalar tres aspectos
relacionados con todo proceso biológico en general y con el
proceso de desarrollo en particular:
·
El primer aspecto es el de la continuidad, que imposibilita
distinguir con exactitud el "antes" y el "después".
-
El
segundo aspecto hace referencia, sin embargo, a que la
continuidad de los procesos biológicos es compatible con
la emergencia instantánea de propiedades nuevas
cualitativamente diferentes a las existentes en un
momento anterior.
1. ASPECTOS
BIOLÓGICOS
El ciclo vital de un ser humano se inicia a partir de una
célula única -el cigoto- formado por la fecundación
de dos gametos (óvulo y espermato-zoide)
que tras el proceso de desarrollo dará lugar a la formación
del individuo adulto el cual, al alcanzar la madurez sexual,
producirá a su vez gametos, iniciando así un nuevo ciclo de
reproducción sexual.
En el proceso biológico de la reproducción humana se pueden
diferenciar cuatro etapas que representan situaciones
genéticas y embriológicas muy distintas a las que pueden
corresponder cuestiones éticas y jurídicas diferentes.
PRIMERA ETAPA:
GAMETO
®
FECUNDACIÓN
®
CIGOTO
En relación con la primera etapa, ya se ha dicho antes que
supone un cambio drástico, por cuanto se pasa de la
existencia de dos realidades diferentes (los dos gametos) a
una nueva realidad única (el cigoto). Sin embargo, es
conveniente resaltar aquí ya el aspecto de la continuidad de
los procesos biológicos a que se hacía referencia antes.
Incluso en esta primera etapa, que es aparentemente la más
clara en la problemática que nos ocupa, hay que señalar que
el propio proceso de fecundación es largo y complejo desde
que -después de atravesar la zona pelúcida que envuelve al
ovocito- entra el espermatozoide en el citoplasma de la
célula femenina liberando en él su núcleo haploide hasta que
se produce la fusión de los dos pronúcleos.
¿En qué momento preciso podría decirse, por tanto, que
existe ya el cigoto? Este interrogante afectaría a las
posturas que mantienen que la persona aparece en el momento
de la fecundación.
SEGUNDA ETAPA:
CIGOTO
®
MÓRULA
®
BLASTOCISTO
®
ANIDACIÓN
La segunda etapa es, desde el punto de vista genético, la
más crucial en relación con la problemática de la
reproducción humana por lo que respecta al denominado
estatuto del embrión ya que, como se verá más adelante,
cuestiona la individualización del nuevo ser.
Ello tiene repercusión tanto con determinados métodos
interceptivos como con las nuevas técnicas de reproducción
asistida que implican la manipulación de embriones.
En esta etapa, tras la fecundación del óvulo por el
espermatozoide, que ocurre en la parte superior de las
trompas de Fallopio, el huevo fecundado inicia su camino
hacia el útero, a la vez que se va dividiendo, alcanzándolo
a los tres o cuatro días.
Es decir, a la semana de haber ocurrido la fecundación es
cuando el embrión, ya en estadio de blastocisto,
comienza a fijarse en las paredes del útero, tardando otra
semana aproximadamente en concluir su fijación (anidación).
Por consiguiente, puede aceptarse como regla general que la
anidación concluye unas dos semanas (catorce días) después
de ocurrida la fecundación. La importancia de la anidación
en el proceso embriológico es tan grande que, por ejemplo,
la Sociedad Alemana de Ginecología considera que el embarazo
empieza con el final de la anidación, no con la fecundación.
Otros argumentan, en esta misma línea, que hasta que el
embrión no está anidado no es posible diagnosticar
clínicamente el embarazo.
TERCERA ETAPA:
ANIDACIÓN
®
FETO
Durante el principio de la tercera etapa se produce la
gástrula (del 15º al 18º día), diferenciándose las tres
capas germinales primitivas (ectodermo, mesodermo y
endodermo) de las que derivarán los tejidos y órganos del
futuro organismo.
Durante la gastrulación, el ectodermo da lugar al
tejido de la placa neural que más tarde se repliega para
formar la cuerda espinal y el cerebro. Aunque la
inducción neural se descubrió hace más de medio siglo,
sin embargo hasta hace poco tiempo han resultado fallidos
los intentos de encontrar la señal molecular que pone en
marcha el proceso.
En 1993 se demostró que una proteína embriónica denominada
noggin actúa como señal endógena de inducción neural
en embriones de anfibio (Xenopus). Por otro lado,
también se ha encontrado el gen noggin en roedores,
sugiriendo la posibilidad de que pueda realizar funciones
similares en mamíferos y, por tanto, en embriones humanos.
Desde el punto de vista genético, no cabe duda que el
momento de expresión del gen noggin representa un
hito importante dentro del proceso cronológico del
desarrollo embrionario humano; de ahí la importancia que
puede tener su posible descubrimiento para arrojar nueva luz
en la problemática del estatuto del embrión humano.
El embrión continúa su desarrollo de manera que al final de
la cuarta semana se puede decir que ya ha adquirido el plano
general del futuro ser; es decir, representa un sistema en
el que empieza a estar definido, aunque sea de forma
inicial, el término: el ser nacido. Al final de la octava
semana la diferenciación del "sistema como sistema" ha
terminado, dando lugar al desarrollo fetal: el embrión es
reconocible como humano (Alonso Bedate, 1989)
CUARTA ETAPA:
FETO
®
NACIMIENTO
A partir del estadio anterior y durante la cuarta etapa se
produce el desarrollo fetal desde el tercero al noveno mes
para dar lugar al nacimiento del nuevo ser humano.
2. UN
DEBATE TERMINOLÓGICO:
PREEMBRIÓN VERSUS
EMBRIÓN PREIMPLANTATORIO
Para cualquier consideración posterior de tipo ético o
jurídico parece inevitable plantear ya aquí la posible
valoración diferencial del embrión a lo largo del desarrollo
y muy especialmente en relación con aquellos estadios
embrionarios anteriores a la anidación o implantación del
embrión (blastocisto) en la pared del útero, que
corresponden a los primeros catorce días desde que se
produjo la fecundación.
Algunos autores lo consideran y denominan preembrión,
con lo cual parece que aceptan ya a priori una
valoración diferente con respecto al embrión
postimplantatorio. Con ello parece que prejuzgan la
licitud de su manipulación y eventual eliminación.
Otros autores, por el contrario, insisten en utilizar
términos tales como embrión de dos células,
embrión de dieciséis células, etc., precisamente para
presuponer la ilicitud de su manipulación y eliminación.
Controversia que lleva implícito aquello de que los cambios
en las palabras producen cambios en las actitudes. No hay
duda, pues, de que el problema es importante y complejo y
por ello debe ser tratado con cierto detalle. Sin que
suponga por mi parte hacer juicio de valor alguno, yo soy
partidario de no utilizar el término pre-embrión sino el de
embrión preimplantatorio.
3.
CONSIDERACIONES GENÉTICAS:
INDIVIDUALIZACIÓN: UNICIDAD Y UNIDAD
Desde el punto de vista genético, el desarrollo puede
definirse como "un proceso regulado de crecimiento y
diferenciación resultante de la interacción
núcleo-citoplásmica, del ambiente celular interno y del
medio externo, de tal manera que, en su conjunto, el
desarrollo constituye una secuencia programada de cambios
fenotípícos (de apariencia externa), controlados espacial y
temporalmente, que constituyen el ciclo vital del
organismo".
Es decir, al producirse la fecundación de los gametos se
origina el cigoto, que reúne, ya desde el mismo instante de
su formación, toda la información genética necesaria para
programar la formación del nuevo ser, de manera que, de no
mediar alteraciones de cualquier tipo que interfieran con el
proceso, a partir del momento que empiece a funcionar el
primer gen en dicha célula inicial única, la programación
genética conducirá inexorable-mente a la formación del
individuo adulto.
Es obvio que en el caso del desarrollo humano por factores
ambientales se entienden no sólo los físicos, sino también
los culturales.
Todas estas consideraciones nos sitúan ante los
interrogantes genéticos fundamentales en torno al estatuto
del embrión humano y que se podría concretar en esta doble
pregunta:
¿cuándo empieza la vida humana?
¿cuándo esa vida humana que ha empezado es ya un ser
humano individualizado?
Dicho en otras palabras, cuando en los primeros estadios de
vida embrionaria sólo hay un conglomerado de células en
activa división ¿existe ya humanidad o se trata
simplemente de un montón de células humanas cuya
consideración no tendría que ser diferente de la de
cualquier cultivo de células que habitualmente se utilizan
en determinados análisis clínicos (cultivos de leucocitos,
biopsias, etc.)?
En cuanto a la primera pregunta -cuándo empieza una nueva
vida humana-, ningún científico dudaría en responder que en
el momento de la fecundación; es decir, cuando de dos
realidades distintas -el óvulo y el espermatozoide- surge
una realidad nueva y distinta -el cigoto- con una
potencialidad propia y una autonomía genética, ya que,
aunque dependa de la madre para subsistir, su desarrollo se
va a realizar de acuerdo con su propio programa genético.
Puesto que ese programa genético es específicamente humano y
no de ratón o de zanahoria, la nueva vida surgida es,
evidentemente, humana.
En cuanto a la segunda cuestión -cuándo la vida humana que
ha empezado es ya un ser humano-, el abanico de opiniones es
enormemente amplio: desde los que consideran que desde el
mismo momento de la fecundación o que el feto tiene forma
humana o que empieza a desarrollar actividad eléctrica
cerebral detectable por un electroencefalograma, hasta los
que se basan en criterios relacionales tales como "ser
aceptados por sus padres", "ser reconocidos por la
sociedad", "ser procreado intencionadamente", "estar
destinado a vivir" (este criterio utilizado por algunos
autores hace referencia a experimentos embriológicos como
los que aquí nos ocupan: fecundación in vitro,
congelación de embriones, etc.) o, incluso para otros, "que
la cosa en crecimiento diga que es un ser humano", etc.
Obviamente, en el contexto biológico en el que nos movemos
tales criterios relacionales no pueden ser tomados en
consideración.
Volviendo, pues, al terreno científico, en cuanto a la
cuestión de cuándo empieza el nuevo ser humano debemos decir
que, desde el punto de vista genético, no existe hoy por hoy
una respuesta científica cierta, por las razones que luego
se aducirán.
La individualización de un nuevo ser requiere que se
den dos propiedades: la unicidad -calidad de
ser único e irrepetible desde el punto de vista genético- y
la unidad, realidad positiva que se
distingue de toda otra; es decir, ser uno solo, una sola
cosa.
Pues bien, existe una amplia evidencia experimental que
demuestra que estas dos propiedades fundamentales no están
definitivamente establecidas en el nuevo ser en desarrollo
antes de que termine la anidación.
Podría
ser que dos embriones en estado muy temprano, es decir,
cuatro, ocho y dieciséis células, pudieran fusionarse, como
se ha hecho por ejemplo artificialmente con ratones, y
obtener ratones que tienen cuatro padres si son dos los
embriones que se fusionan.
Pues
bien, esa posibilidad de fusión puede realizarse
hasta que en el desarrollo embrionario, el embrión ha
empezado a formar lo que va a ser el sistema nervioso, es
decir, cuando aparece la línea primitiva de la cresta neural.
A partir de ese momento ya no sería viable la posibilidad de
fusionar embriones.
Ese
momento, el límite de esa posibilidad de fusión ¿cuándo
ocurre en el tiempo? Pues aproximadamente a los catorce
días, a partir del momento de la fecundación, que coincide
también con el momento en el que termina la anidación.
Lo mismo
podría decirse con la otra propiedad anterior, la de la
unicidad, cuando se producen espontáneamente unos gemelos
monocigóticos por división cigótica del embrión. Esa
división de un embrión para dar lugar a dos o tres o más si
fuera el caso gemelos monocigóticos, eso puede producirse
también hasta el mismo momento, la misma etapa (los catorce
días después de la fecundación) que es cuando empieza a
formarse la cresta neural.
Eso
significaría que desde el punto de vista genético, la
unicidad y la unidad no quedan definidas hasta el día
decimocuarto a partir de la fecundación.
En resumen, de los datos expuestos podría deducirse que la
anidación representa un hito embriológico importante en
relación con la individualización del nuevo ser. No
obstante, es importante volver a recordar la imposibilidad
de fijar el momento preciso, aun en el caso de que así
fuera, debido a la continuidad del proceso biológico del
desarrollo.
Por otro lado, algunos autores ponen de manifiesto que la
anidación supone también un cambio drástico en cuanto se
refiere a la reducción de la frecuencia de abortos
espontáneos.
La precariedad en que se desenvuelve el embrión en las
etapas anteriores a la anidación, no tienen, sin embargo, a
mi juicio, ni con mucho, el peso genético que ante la
problemática del estatuto del embrión humano pueden tener
los fenómenos de gemelismo y quimerismo que afectan
plenamente a la individualización del nuevo ser, ya que tal
precariedad no es necesariamente expresión de inestabilidad
o indeterminación genéticas.
4. EL
DESARROLLO EMBRIONARIO
Y LA
REFERENCIA AL TÉRMINO (EL INDIVIDUO NACIDO)
En un intento de establecer un nuevo paradigma de
comprensión del valor ético de la entidad biológica humana
en desarrollo, Carlos Alonso Bedate (1989) razonaba que,
para que exista suficiente conexión física entre la realidad
biológica (el embrión) definible en términos de
inviolabilidad y el término declarado como inviolable (el
individuo nacido), el embrión debe haber establecido (en
términos de potencia), a través de los procesos de
crecimiento celular y diferenciación, el sistema de
complejidades del término reconocido como persona.
Durante los primeros estadios de división cada blastómero
tiene la capacidad de dividirse y de originar por separado
un blastocisto, pero llega un momento en que esa capacidad
se pierde, deteniéndose la división y comenzando otro
proceso totalmente diferente: la diferenciación.
A partir de cierto momento, el blastocisto se desarrolla en
el útero con absoluta dependencia fisiológica de la madre:
es el comienzo de la diferenciación embriónica.
¿Qué información decide que un blastómero se desarrolle como
trofoblasto (placenta), membrana extraembriónica o
embrioblasto?.
A este respecto, es importante señalar que no puede decirse
que los blastómeros que dan lugar al trofoblasto o a las
membranas extraembriónicas -por razón de la posibilidad de
haberse desarrollado en embriones completos- hayan tenido un
valor ético participativo del término (individuo nacido) o
que, si lo hubieran tenido, lo habían perdido; es decir,
nunca han tenido la inviolabilidad propia del término.
Entonces, si esos blastómeros nunca habían tenido la
inviolabilidad propia del término, ¿por qué los blastómeros
que han de originar el embrioblasto sí la tienen?
Como se indicaba anteriormente, durante la tercera semana
(días 15º a 18º a partir de la
fecundación) se produce la gastrulación, formándose las tres
capas germinales primitivas (ectodermo, mesodermo y
endodermo) de las que derivarán los tejidos y órganos del
futuro organismo. Para Alonso (1989), la gástrula per se
no posee toda la determinación del sistema con respecto al
término ni toda la información para la construcción del
término.
En la cuarta semana el embrión humano deja de tener
las características generales de los vertebrados y empieza a
ser reconocido morfológicamente como un embrión de mamífero.
Según Alonso, el final de la cuarta semana representa un
estadio crucial para la valoración biológica y ética del
embrión puesto que adquiere el plano general del nuevo ser
humano, representando un sistema en el que ya empieza a
estar definido -aunque sea de forma inicial- el término: el
ser nacido.
A partir de entonces se producen constantes e intensas
modificaciones en la histogénesis, organogénesis y
morfogénesis del embrión humano, alcanzando al final de la
octava semana un estadio de desarrollo tal que ya se
han manifestado de forma primitiva casi todos los órganos
del futuro ser nacido, permitiendo distinguir el embrión
humano de otros embriones de primates; es decir, el embrión
es reconocible como humano. A partir de ese momento comienza
la etapa de desarrollo fetal.
Según Alonso Bedate, desde el punto de vista biológico la
realidad que cumple mejor las características de potencia
actual con relación al término (individuo nacido) es
el embrión de 6-8 semanas.
En ese estadio como todos los órganos internos están
diseñados con especialización histológica, las
características externas están ya establecidas, el mecanismo
neuromuscular iniciado y la diferenciación sexual
histológicamente y organogénicamente dirigida; es decir, "el
sistema está diferenciado en origen y lo que resta es la
actualización en crecimiento del proceso diferenciante del
sistema. Desde este momento y en adelante, la mayor parte de
la información necesaria para finalizar el proceso
ontogenético será de tipo general capaz de conformar y
mantener el sistema ya definido que emerge con las
complejidades propias del humano”.
5. UN
PROBLEMA FILOSÓFICO FUNDAMENTAL:
LA
SUFICIENCIA CONSTITUCIONAL
El Profesor Diego Gracia (1993), en su trabajo "Problemas
filosóficos en Genética y en Embriología", resalta la
importancia creciente que en el debate sobre el desarrollo
embriológico humano está adquiriendo el concepto científico
y filosófico de constitución:
"Genes y desarrollo -como posturas contrapuestas de dos
enfoques (genético y embriológico, respectivamente)
diferentes de la realidad humana- convergen en el hecho de
la constitución de una nueva realidad viva, y deben ser
entendidos sólo como momentos del proceso de constitución.
De ahí que el concepto filosófico fundamental sea éste, y no
el de herencia genética o el de desarrollo morfofuncional”.
La cuestión está en definir en qué consiste la constitución
de una realidad viva y cuándo acontece.
Dice el profesor Gracia que Zubiri es el filósofo que ha
estudiado el concepto de "constitución" con más detalle.
Así, Zubiri define la realidad como un campo estructurado o
una estructura clausurada de elementos o notas. Cuando esa
estructura es coherente alcanza la suficiencia
constitucional y, por tanto, la sustantividad.
Es decir, para Zubiri, realidad es sustantividad y
sustantividad es suficiencia constitucional, de manera que
el concepto de constitución adquiere en la
filosofía zubiriana un rango filosófico fundamental. Por
ello -señala Gracia- ni los genes ni los factores
extragenéticos tienen sustantividad independiente mientras
no "constituyen" el nuevo ser; es decir, hasta que no
logran la suficiencia constitucional.
Puesto que sin suficiencia constitucional no hay realidad,
las consecuencias éticas y jurídicas son importantes ya que
lo que no es realidad no puede considerarse sujeto de
derechos propios ni objeto de obligaciones ajenas, concluye
Gracia.
La cuestión fundamental que se plantea en este contexto es,
por consiguiente, saber en qué momento del desarrollo se
puede decir que la realidad humana está ya constituida.
Gracia acepta las argumentaciones y datos
genético-biológicos de Byrne (1988) y Alonso Bedate (1989):
"Trabajos como los de Byrne y Alonso Bedate hacen pensar que
ese cuándo debe acontecer en torno a la octava semana del
desarrollo, es decir, en el tránsito entre la fase
embrionaria y la fetal. En cuyo caso cabría decir que el
embrión no tiene en el rigor de los términos el estatuto
ontológico propio de un ser humano, porque carece de
suficiencia constitucional y de sustantividad, en tanto que
el feto sí lo tiene. Entonces sí tendríamos un individuo
humano estricto..., no antes".
Concluye Gracia interpretando que también "para el último
Zubiri la suficiencia constitucional se adquiere en un
momento del desarrollo embrionario, que bien puede situarse,
de acuerdo con los recientes datos de la literatura, en
torno a las ocho semanas. A partir de ese momento el feto
tendría personeidad, sería una persona".
Juan Ramón Lacadena
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