CELEBRACION Y MINISTERIO
Al
conceder de nuevo el pleno derecho de ciudadanía al antiguo
rito de la misa por el motu propio “Summorum Pontificum”,
Benedicto XVI ha dicho que quería a la vez reaccionar contra
el exceso de “creatividad” en el rito moderno, que ha
llevado a menudo a “deformaciones de la liturgia hasta el
límite de lo soportable”.
Nimega (Holanda). En la iglesia de los padres
agustinos, la misa del domingo está presidida a la vez por
un protestante y por un católico. Por turno, uno se ocupa de
la liturgia de la Palabra y del sermón y el otro de la
liturgia eucarística. El católico es casi siempre un simple
laico y a menudo una mujer. Para las preces eucarísticas,
los textos escritos por el ex-jesuita Huub Oosterhuis son
preferidos a los textos del misal. Todos comparten el pan y
el vino.
Ningún obispo ha autorizado nunca este tipo de
celebración. Pero el P. Lambert van Gelder, un agustino que
se considera entre los promotores, está seguro de tener
razón: “En la Iglesia son posibles diferentes formas de
participación, nosotros somos miembros de la comunidad
eclesial de manera total. Yo no me considero en absoluto un
cismático”.
Los dominicos en Holanda siempre han ido un poco más
allá, con el consentimiento de los provinciales de la Orden.
Dos semanas antes de la entrada en vigor del motu propio
“Summorum Pontificium”, los dominicos distribuyeron en cada
una de las 1.300 parroquias católicas un librito de 38
páginas titulado “Kerk en Ambt”, Iglesia y Ministerio. En él
proponen transformar en regla general algo que se practica
de manera espontánea en diferentes lugares.
Los padres dominicos proponen que en ausencia del
sacerdote, una persona escogida por la comunidad presida la
celebración de la misa. “Poco importa que sea hombre o
mujer, homosexual o heterosexual, casado o soltero”. La
persona escogida y la comunidad están invitados a pronunciar
juntos las palabras de la institución eucarística:
“Pronunciar esas palabras no es una prerrogativa reservada
al sacerdote. Tales palabras constituyen la expresión
consciente de la fe de la comunidad entera”.
El citado librito se inicia con la aprobación
explícita de los superiores de la provincia holandesa de los
dominicos. Las primeras páginas se dedican a la descripción
de lo que sucede los domingos en las iglesias de Holanda.
Por falta de sacerdotes, no se pudo celebrar la misa
en todas las iglesias. De 2002 a 2004, el número total de
misas dominicales en Holanda ha pasado de 2.200 a 1.900. Por
el contrario, en el mismo período el número de “servicios
de la Palabra y de la comunión” ha pasado de 550 a 630.
Se trata de liturgias de sustitución, sin sacerdote y por
tanto sin celebración sacramental, en el que la comunión se
realiza con formas consagradas previamente.
En algunas iglesias, la distinción entre la misa y
el rito de sustitución es percibida claramente por los
fieles. Pero no es el mismo caso en otras iglesias, donde
los dos se consideran de igual valor y enteramente
intercambiables. El hecho de que sea un grupo de fieles
quien designe al hombre o a la mujer que dirija la liturgia
de sustitución, refuerza entre los mismos fieles la idea de
que esa elección hecha desde la base es más
importante que el envío de un sacerdote del exterior y
desde arriba.
Dígase lo
mismo para la formulación de las preces y la organización
del rito. Se prefiere dar libre curso a la creatividad. En
la misa, las palabras de la consagración son a menudo
reemplazadas por “expresiones más fáciles de comprender y
más de acuerdo con la experiencia moderna de la fe”.
En todos
estos comportamientos, los dominicos distinguen tres
aspiraciones muy extendidas:
·
que los
hombres y las mujeres a quienes se confía la presidencia de
la celebración eucarística estén elegidas por la base
·
que, de
preferencia, “esta elección esté seguida por una
confirmación, una bendición o una ordenación por parte de
las autoridades de la Iglesia”
·
que las
palabras de la consagración “sean pronunciadas tanto por los
que presiden la eucaristía como por la comunidad de la que
forman parte”.
Según los
dominicos holandeses, estas manifestaciones se apoyan
ampliamente en el Concilio Vaticano II, pues la señal
decisiva del Concilio ha sido colocar, dentro de la
Constitución sobre la Iglesia, el capítulo sobre el “pueblo
de Dios” antes del de “la organización jerárquica
constituida de arriba hacia abajo por el papa y los
obispos”. Esto implica reemplazar la Iglesia “pirámide” por
la Iglesia “cuerpo”, con el laicado como figura central, lo
que a su vez implica una visión diferente de la eucaristía.
La idea
de que la misa es un “sacrificio” –afirman los dominicos
holandeses- está igualmente ligada a un modelo “vertical”,
jerárquico, en el que solamente el sacerdote puede
pronunciar de manera válida las palabras de la consagración.
Un sacerdote que debe ser varón y célibe, según prescribe
“una teoría arcaica de la sexualidad”.
Por el
contrario, de un modelo de Iglesia “pueblo de Dios” deriva
una visión más libre y paritaria de la eucaristía: como un
simple compartir el pan y el vino entre hermanos y hermanas
en medio de los cuales se encuentra Jesús”, así como una
“mesa abierta igualmente a otras personas de tradiciones
religiosas diferentes”.
El
opúsculo de los dominicos holandeses termina exhortando a
las parroquias a elegir “desde la base” a las personas
destinadas a presidir la eucaristía. En el caso de que, por
razones disciplinarias, el obispo no confirmase a estas
personas –por ser casadas o porque son mujeres- las
parroquias deberían de todas formas seguir su camino:”Que
estas personas sepan que están habilitadas, pase lo que
pase, para celebrar una eucaristía real y auténtica cada vez
que se reúnan en oración y compartan el pan y el vino”.
Los
autores de esta obra son los padres Harrie Salemans, cura de
Utrecht, Jan Nieuwenhuis, antiguo director del centro
ecuménico de los dominicos de Ámsterdam, André Lascaris y Ad
Willems, antiguo profesor de teología de la Universidad de
Nimega. Otro teólogo dominico holandés, más famoso, se
destaca entre la bibliografía de referencia: Edward
Schillebeeckx, de 93 años. En los años 80 fue sometido a
examen por la Congregación para la Doctrina de la Fe por
sus tesis cercanas a las que hoy se reúnen en esta obra.
La Conferencia Episcopal
holandesa se guarda de dar una respuesta oficial, pero ya
han hecho saber que la proposición de los dominicos está “en
oposición con la doctrina de la Iglesia Católica”.
En Roma,
la curia generalicia de los dominicos ha reaccionado
débilmente. En un comunicado fechado el 18 de septiembre –no
publicado en la web de la Orden- ha definido este libro
como una “sorpresa” y ha tomado sus distancias en relación
con la “solución” propuesta.
Pero ha
declarado que comparte la “inquietud” de sus hermanos
holandeses respecto a la escasez de sacerdotes: “Parece que
ellos tengan la impresión de que las autoridades de la
Iglesia no han trabajado suficientemente la cuestión y, en
consecuencia, empujen hacia un diálogo más abierto (...)
Pensamos que hay que responder a esta inquietud con una
reflexión teológica y pastoral prudente entre la Iglesia
entera y la orden dominicana”
En
Holanda, los dominicos han anunciado una próxima reimpresión
del libro. Los 2.500 primeros ejemplares se agotaron
rápidamente.
El Sínodo
de obispos de 2005 ha trabajado sobre las cuestiones
planteadas por los dominicos, habiendo extraído unas
indicaciones radicalmente diferentes.