CABALLOS, PERROS, BURROS Y OTROS ANIMALES
Escribo estas líneas después de
haber escuchado a un político con cara de malas pulgas
advertir a su público en un mitin que “algunos se van a
caer del caballo”. Es una alusión inequívoca al caballo
del que se cayó San Pablo, dándose la curiosa
circunstancia de que en el texto que narra su conversión
en Hechos 9 no figura caballo por parte alguna (como
tampoco mula ni buey en la escena del nacimiento de
Jesús).
Pero no se aflijan los amantes de
los animales: la Biblia está de su parte y en muchas de
sus escenas, aparte de un penetrante olor a camellos en
determinadas ocasiones (aplicar el olfato a la preciosa
narración de Gen 24), se oyen de vez en cuando relinchos
y ladridos, además de una extensa banda sonora que
abarca desde rugidos de leones hasta piar de
golondrinas.
Dejo desfilar aquí a algunos
animales de mi especial preferencia. Recibí la alegre
visita de un perro bíblico una noche de Jueves Santo,
allá por los años sesenta, cuando pasábamos la noche
entera en la capilla. No sabiendo ya qué rezar ni qué
hacer para no dormirme, abrí la Biblia al azar y fui a
dar con esta frase maravillosa de un tal Meribaal que,
postrado ante David, le decía:
“‑ ¿Quién soy yo para que te fijes en un perro muerto
como yo?”
(2 Sam 9,5).
Sentí tal identificación con
Meribaal y su estado de perro muerto, que quedé
consolada y espabilada para el resto de la noche.
Influía, sin duda, el recuerdo del perro “vivo” al que
tuve que renunciar al entrar en el convento porque no
admitían novicia con perro.
Siguiendo con el AT, encontré más
tarde esta otra joya en la que Samuel dice a los
israelitas:
“Yo estoy ya viejo y canoso y he actuado a la vista de
todos desde mi juventud hasta ahora. Aquí me tenéis,
respondedme ante el Señor y su ungido: ¿A quién le quité
un buey? ¿A quién le quité un burro? ¿A quién he hecho
injusticia? ¿De quién he aceptado un soborno para hacer
la vista gorda? Decidlo y os lo devolveré”.
(1Sam 12, 1-3).
No es difícil actualizar esas mismas
preguntas, ponerlas en labios de algunos de nuestros
políticos e imaginar los bramidos que recibirían como
respuesta.
Pero quiero también conducir del
ronzal hasta aquí a otro jumento que he descubierto
gracias a Pepe Laguna en su excelente Cuaderno de
Cristianismo y Justicia Hacerse
cargo, cargar y encargarse de la realidad. Hoja de ruta
samaritana para otro mundo posible:
“Algunos exegetas nos
hacen caer en la cuenta del profundo valor simbólico que
se esconde tras el sencillo acto del samaritano de
montar al hombre sobre su propia cabalgadura.
Según K. E. Bailey, el samaritano conduce al animal
hacia la posada como un siervo conduce a su amo. La
distinción entre el que monta y el que conduce el animal
es muy fuerte aún hoy en el mundo oriental.
Pretender que otro mundo es posible desde las víctimas
significa ponerse a su servicio, bajar de nuestra
cabalgadura y asumir nuestro papel gregario con respecto
a ellas.
Son las víctimas las que deberían marcar nuestros modos
de vida, nuestros consumos, nuestras políticas. Y para
ello hay que empezar por escuchar lo que dicen: ¿qué
esperan?, ¿por qué luchan?, ¿qué callan?, ¿qué temen?”
(p.20).
Tengo también a la puerta de mi
memoria bíblica a otros cuantos animales. En sólo un par
de versos de Isaías 34,14-15 aparecen todos estos:
chacales, crías de avestruz, hienas, gatos salvajes,
búhos, serpientes y buitres. Los noto impacientes y
reclamando poder salir del anonimato y hacerse presentes
aquí, pero ya no queda sitio. Les he prometido
dedicarles otra columna y parece que se han quedado
conformes.
Dolores
Aleixandre
ALANDAR