DOCTORES TIENE LA IGLESIA
O es
todo muy profundo, o se han cometido muchos errores, o
la teología es el arte de complicar lo más simple. Tan
simple que nos produce miedo la simplicidad.
En el
fondo, hemos de aceptar que, en lo referente a Dios,
todo es misterio. Cuanto más hacemos ciencia de Dios,
menos sabemos. Según todas las teologías - desde las más
primitivas a las más estilizadas- lo divino fue siempre
cosa de iniciados. Reservado, por tanto, a los muy
inteligentes, los más profundos o los más chamanes. Por
eso la Iglesia Institución inventó un dicho a modo de
valla metálica electrificada: “Doctores tiene la
Iglesia”
Parece como si a Jesús se le olvidara una
bienaventuranza: “Dichosos los inteligentes y
profundos, porque sólo ellos conocerán a Dios”
Doctores tiene la Iglesia quiere decir que las verdades y explicaciones de nuestra fe están
vedadas al pueblo. El pueblo, por principio, es
ignorante a la hora de entender a Dios. Usted podrá ser
un excelente médico, químico, matemático, militar,
político etc. pero de Dios usted no sabe nada. El
monopolio de esa asignatura la tiene la Iglesia.
La Iglesia tiene doctores, que sólo ella puede nombrar. El resto,
aunque sean premios Nóbel, es pueblo, ovejas, masa,
ignorantes, castrados de mente. Y ni siquiera venga
usted con un título universitario en teología, o una
especialidad en escrituras sagradas, o en historia
eclesiástica. Después de esos estudios realizados,
aprobados y certificados en “sus” universidades, usted
tendrá que tener, en vigor, un permiso especial, no
irrevocable, sujeto a permanente vigilancia.
Se
llega a la siguiente situación. Jesús predicó su forma
de entender a Dios y de tratar a los hombres, por las
calles y plazas. Su auditorio era, en gran mayoría,
pueblo ignorante.
Cuando lo mataron, precisamente los que entendían a
Dios, vinieron precisamente los doctores de la nueva
iglesia. Y sabemos que, poco a poco, se fue creando una
Institución. Una institución eclesial, para controlar
con normas y ritos que evitaran el desmadre que,
lógicamente, empezaba a organizarse.
Nada
de eso, lo “instituyó” Jesús. Pero era muy lógico que
se hiciera. Así es la naturaleza de toda sociedad o
comunidad humana. Y la fe de Jesús no es una creencia
extraterrestre, ni para extraterrestres.
También damos por supuesto que quien quiera saber del
pensamiento de Jesús, de su plante ante la sociedad, de
sus intenciones tiene que estudiar y mucho.
Porque:
En primer lugar, Jesús era un hombre de otra cultura.
Distinta de la nuestra. Su pueblo tuvo una historia muy
distinta a la nuestra. Por ejemplo, en su mundo
religioso se hablaba mucho de corderos, de Templos, de
sacrificios, de sumos sacerdotes, de purificaciones.
Además Jesús, vivió un tiempo con psicosis apocalíptica.
El final era inminente. No se puede comprender a Jesús
sin dominar la cultura en la que actuaba, en la que
creció y desde la que hablaba. Explicar el evangelio
desde nuestra cultura occidental o desde el siglo veinte
nos puede llevar a inventar un Jesús anacrónico.
Totalmente falso.
Jesús habló una lengua muy diferente a la nuestra.
La gran mayoría tenemos que intentar acercarnos a lo
que él dijo a través de traducciones de traducciones. Y
ni siquiera llegamos a lo que dijo él, sino a lo que
dicen que dijo. No escribió nada. Parece que sólo un
garabato en la arena, mientras pensaba cómo defender a
una adultera de las garras de los ultras de aquella
época.
Enseñó en la calle, sin pizarra, y sin apuntes. Pronto
se dedicaron los suyos a recoger por escrito sus frases,
las explicaciones populares que daba de Dios, - al que
siempre llamó su Padre – poniendo ejemplos caseros. Y
cómo les enseñó a los suyos a dirigirse a su Padre, que
también era nuestro Padre.
Cambiar la idea de Dios su Padre. Cambiar la idea del hombre.
Ese parece ser el evangelio de Jesús. Y claro, a ese
Jesús judío del siglo 0, lo han pasado por todas las
filosofías. Lo han hecho griego, romano, lo han hecho
místico, asceta. Lo han hecho revolucionario, sacerdote,
loco, visionario, político. Lo han convertido en la
segunda persona de Dios, en Dios mismo, en victima de
nuestros pecados…
Al
leer el evangelio, es evidente que Jesús insiste en dos
cosas: 1.-Su Padre, Dios, está cerca; y 2.- El pueblo
debe liberarse de ideologías, religiones, costumbres que
lo oprimen, que lo tienen seco, paralítico, ciego,
esclavizado. Abandonar (éxodo) esa situación es
condición para ser humanos.
El
cuarto evangelista, Juan, más teólogo o más filósofo,
que se presenta como el amado, lo resume desde la
primera página. La presencia de Jesús tenía una
finalidad: llevar a su meta el proyecto de Dios. Este
proyecto era convertir al hombre en un ser humano. Es
decir, Jesús tenía como misión: crear Humanidad.