En la
iglesia de Jesús la base no es el poder. Es el Espíritu.
El
Espíritu habita en la base. No en el Poder.
Una
multitud es la suma de individuos. La multitud puede ser de
mamut, de corderos, de elefantes, de hormigas, de abejas. Y
de hombres.
La
naturaleza enseña que donde hay una multitud es
imprescindible una organización. Y la organización desemboca
en estructura de poder. La naturaleza enseña que una
multitud sin estructura de poder está abocada a la
estampida, a la desintegración.
Pero Jesús preguntó:
Mc 9, 33-37
33
- ¿De
qué hablabais en el camino?
34
Ellos guardaban silencio, pues en el camino habían discutido
entre ellos sobre quién era el más grande.
35
Entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
- Si
uno quiere ser primero, ha de ser último de todos y servidor
de todos.
36
Y cogiendo al chiquillo, lo puso en medio de ellos, lo
abrazó y les dijo:
37
- Quien acoge a uno de estos chiquillos, como si fuera a mí
mismo, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, más que a mí,
acoge al que me ha enviado.
Los
más amigos daban vueltas a la futura estructura de poder:
Mc
10, 35-45
35
Se le acercaron Santiago y Juan, los dos hijos de Zebedeo, y
le dijeron:
-
Maestro, queremos que lo que te pidamos lo hagas por
nosotros.
36
Pero él les preguntó:
- ¿Qué
queréis que haga por vosotros?
37
Le contestaron ellos:
-
Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu
izquierda el día de tu gloria.
38
Jesús les replicó:
- No
sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de pasar el trago que voy
a pasar yo, o de ser sumergidos por las aguas que van a
sumergirme a mí?
39
Le contestaron:
-
Somos capaces.
Entonces Jesús les dijo:
- El
trago que voy a pasar yo, lo pasaréis, y las aguas que van a
sumergirme a mí os sumergirán a vosotros;
40
pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no está en mi
mano concederlo más que a aquellos para quienes está
preparado.
41
Al enterarse, los otros diez dieron rienda suelta a su
indignación con Santiago y Juan.
42
Jesús los convocó y les dijo:
-
Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones las
dominan, y que sus grandes les imponen su autoridad.
43
No ha de ser así entre vosotros; al contrario, el que quiera
hacerse grande entre vosotros ha de ser servidor vuestro,
44
y el que quiera entre vosotros ser primero, ha de ser siervo
de todos;
45
porque tampoco el Hijo del hombre ha venido para ser
servido, sino para servir y para dar la vida en rescate por
todos.
Quizá sea
ésta una de las enseñanzas de Jesús más hiriente, casi como
una bofetada a los dirigentes de lo conocido como
Cristiandad histórica o Iglesia oficial.
Según
Juan Mateos, “en ningún lugar del evangelio de Marcos se
atribuye a los Doce una función dirigente; es más,
cuando los discípulos/los Doce o alguno de ellos pretenden
arrogarse un rango superior, Jesús los corrige con
severidad”.
Los Doce
no sustituyen a los jefes de las antiguas doce tribus. El
“Doce evangélico” es el modo de llamar al nuevo pueblo
impulsado por Jesús. El Israel antiguo ha
caducado. Comienza el nuevo reino de su Padre. Comienza el
final – el periodo escatológico – de un largo proceso. Se
anuncia un nuevo modo de convivencia. La dinámica de la
naturaleza no da para más. Se acabó la Torá. Se inauguran
las bienaventuranzas. La nueva mesa. Ya no hay sirvientes
para lavar los pies. Es un mundo nuevo. El Reino del Padre.
La iglesia de Jesús.
En el
Concilio Vaticano II se enfrentaron dos tsunamis que venían
acumulándose desde muy lejos. El momento del choque era la
ponencia central (en leguaje curial: El Esquema). El nombre
de esta ponencia, madre de todas las ponencias: “De
Ecclesia”.
¡Curioso!
Después de 20 siglos, llegan a Roma, desde todas las partes
del mundo, más de 2.500 obispos y el problema más agudo es
intentar saber qué es la Iglesia.
Eran los
primeros días de diciembre de 1962. Los padres conciliares
se iban antes de Navidad a sus casas para volver a Roma en
septiembre de 1963. La pregunta era: ¿empezamos, en los
pocos días que restan antes de irnos, el Esquema sobre qué
es la Iglesia, o lo dejamos para la vuelta?
Ottaviani
no quería tocar el tema. Intentó meter de soslayo - y
saltándose sus competencias - una ponencia fervorosa y de
relleno navideño: La Virgen María. No olvidemos lo que nos
enseña la historia. Cuando un papa, o la curia, no quiere
reformar nada, enfervoriza a las masas con tres temas con
gancho popular: la Virgen María, los congresos eucarísticos
y la exaltación del papado.
De nuevo
salió derrotado Ottaviani. El Concilio comenzó el estudio de
la ponencia. Gran titular de la prensa, con grandes
caracteres y en primera página: “La derrota de Ottaviani”.
Otro periódico llega a decir:”Nadie quiere darle una
dosis de arsénico a Juan XXIII, pero existe contra él cierto
ambiente retrógrado, fanático, oscurantista, que teme perder
su poderío absoluto” Y otro añade: “Los padres se
revelan más peligrosos que los laicos”
El
problema es, sencillamente, que al hablar de Ecclesia, se va
a hablar de poder. Del poder monárquico y absoluto del Papa.
Y la curia romana no admite que ese poder se reparta ni
comparta, ni siquiera con los obispos. Si se comparte el
poder, la curia romana perdería fuerza. Incluso su razón de
ser. El tinglado del Vaticano se puede venir abajo.
Lo que
pudre a la iglesia del Vaticano es el poder. Lo que retarda
la venida del Espíritu es el poder, el escalafón. La
creencia de que el Espíritu que dejó Jesús está vinculado y
sometido a ese sistema clerical (funcionarial) pagano y que
actúa como “los señores de este mundo”.
Queramos
o no queramos. Vayamos más lentos o más despacio, nadie va a
cambiar la verdad de Jesús. Aunque ya desde el principio:
antes de morir, apenas resucitado, en los primeros avatares
de las comunidades cristianas fue el “poder” el cáncer.
Conviene estudiar la historia:
o
Las
primeras comunidades de creyentes, por ejemplo la primera
comunidad, la de Jerusalén, con el hermano de Jesús,
Santiago, actuando como heredero.
o
Más
tarde, el poder político escogiendo a Roma como la base del
poder religioso de la incipiente Cristiandad.
o
La
primera gran ruptura entre oriente y occidente: Roma y
Constantinopla. Por el poder, la arrogancia de dos
miserables e ignorantes (el papa Humberto y el patriarca
Cerulario) se excomulgan uno al otro.
o
El cisma
en occidente con tres papas a la vez. Cada uno con una
empanada de teología y poder. Siglo XV.
o
El
Concilio de Constanza soluciona el cisma dejando claro que
la Iglesia toda es quien ostenta el poder. Depone a los tres
papas y nombra a Martín V. Este concilio no gusta en Roma.
Se le trata de ocultar. Incluso a algún estudioso que quería
profundizar en sus papeles, se le ha vedado. El nudo de la
cuestión de ese concilio y de su ocultamiento es el poder,
o
El
Concilio Vaticano I declaró la infalibilidad de modo poco
ortodoxo y apresurado. Fue un concilium interruptum. Roma no
quiere revisar.
Conviene estudiar y aplicar el Nuevo Testamento.
Ya se
sabe mucho de los escritos evangélicos después de tantos
trabajos históricos y exegéticos, sobre qué son los
apóstoles, qué es Pedro y cual su papel. La Biblia mal
interpretada nos lleva al muñequito de barro y a la
serpiente.
“La Iglesia, en vez de conducir a los hombres a Cristo, los aparta de
Él. El mundo espera que la Iglesia se interrogue a sí
misma”
Esto es
lo que decía en el Vaticano Monseñor Huyghe, obispo de
Arras.
Luís Alemán
Iglesia de base. Base de la iglesia. Continuará.