MIS REFLEXIONES ANTE EL “CASO PAGOLA”
Teruel, 4 marzo 2010
Quiero empezar diciendo que aprecio a José Antonio
Pagola por la riqueza humana que percibo en él –es un
hombre bueno- y por su compromiso sincero y
lúcido con la persona y el mensaje de Jesús. Siento
hacia él una enorme gratitud desde mis años jóvenes de
estudiante de teología en Vitoria. Con él aprendí a leer
el evangelio y, de su mano, empecé a conocer a Jesús. Ha
sido, en el sentido más profundo de la palabra, uno de
mis grandes maestros.
Si
ahora me refiero a él es porque, desde que publicara su
libro “Jesús. Aproximación histórica”, hemos
estado asistiendo a reacciones que uno creía ya
superadas en la Iglesia. Reacciones que no manifiestan
sino miedo e inseguridad; que –ellas sí- son motivo de
escándalo; y que destilan una intolerancia que nada
tiene que ver con el espíritu abierto del propio Jesús.
En
otro lugar he escrito que el libro de Pagola sólo
puede condenarse desde la ignorancia (porque quien
lo condena se quedó varado en la teología que se
enseñaba en los seminarios de los años cincuenta) o
desde la mala fe (porque realmente se persiguen
“otros” fines).
Fuera de la ignorancia y de la mala fe, cualquiera puede
apreciar que se trata, no sólo de una obra seriamente
documentada y apasionadamente escrita por un enamorado
de Jesús, sino que se enmarca incluso en un lugar más
“conservador” que muchos de los libros que actualmente
se están escribiendo sobre el Maestro de Nazaret.
Más aún, el escrito de José Antonio no llega “más lejos”
–en la presunta “heterodoxia”- que el experto exegeta
norteamericano John Meier, autor de la voluminosa obra “Jesús,
un judío marginal”. Pues bien, Meier ha sido
elogiosamente citado por el Papa Benedicto XVI. ¿Quiénes
son los obispos o eclesiásticos en general
–literalmente, “más papistas que el Papa”- que condenan
unos planteamientos más moderados que los del autor
admirado por Benedicto XVI? Y, sobre todo, ¿por qué lo
hacen?
Recientemente, cuando todo parecía más calmado, porque
su propio obispo diocesano, Juan María Uriarte, tras
escuchar a expertos (incluido un obispo), había
concedido al libro el “Nihil obstat”, nos enteramos de
que, de no se sabe dónde –la intolerancia suele
ser amiga del “secretismo” y la oscuridad-, ha salido
una orden de retirarlo de todas las librerías.
Me
quedo con interrogantes que me entristecen
profundamente: ¿Cómo se puede tener tanto miedo de la
libre exposición de las ideas? ¿Cómo se atreve alguien a
retirar libros para impedir su lectura? ¿Hasta tal punto
se ha falsificado y “domesticado” el mensaje de Jesús
que, en su nombre, se puede perseguir la libertad en la
que él nos inició?
Y
desde ese pesar, quiero enviar un abrazo profundo y
sostenido a José Antonio Pagola. Creo comprender cómo te
sientes, incomprendido y perseguido por una Iglesia a la
que has servido con amor; acusado nada menos que de
“falsificar” y “hablar mal” de Aquél por quien has
apostado siempre tu vida. Te comprendo, me siento
profundamente unido a ti y te envío toda mi gratitud y
mi solidaridad.
Enrique Martínez
Lozano