ORTODOXIA FRENTE A TEOLOGÍA CRÍTICA
Jesús de Nazaret. Desde la Entrada en Jerusalén hasta la
Resurrección. J.Ratzinger-Benedicto XVI, Ediciones
Encuentro, 2011. 400 páginas. 24 euros.
Benedicto XVI lleva treinta años fijando rígidamente los
límites entre la ortodoxia y la heterodoxia en la teología
católica en todos los terrenos: seminarios, universidades
católicas, facultades de teología, investigaciones,
publicaciones eclesiásticas, y en todos los escenarios donde
está implantado el catolicismo.
Primero lo hizo al frente de la Congregación para la
Doctrina de la Fe, cargo al que fue aupado por Juan Pablo II,
a quien beatificará el próximo 1 de mayo como muestra de
sintonía en vida y tras su muerte.
Ahora, como Papa, sigue definiendo la ortodoxia y condenando
el relativismo, al que califica de dictadura. Ha ejercido la
función magisterial autoritariamente, sin que le temblara el
pulso a la hora de amonestar, citar a juicio o firmar
sentencias condenatorias contra teólogos y teólogas que no
tienen su mismo pensar y sentir, sean especialistas de
reconocido prestigio, compañeros en el aula conciliar,
colegas con quienes compartió la docencia, e incluso alumnos
a quienes como profesor premió con las mejores
calificaciones y ayudó a publicar sus primeros trabajos.
¡Lástima que no haya mostrado la misma solicitud y decisión
en los casos probados de pederastia de clérigos y religiosos
reincidentes!
Este modo de proceder represivo de las libertades de
expresión, de cátedra y de investigación se sitúa en la
dirección contraria al concilio Vaticano II -del que él fue
asesor teológico- que…
invita a ejercer "el espíritu crítico más agudizado"
que libera "la vida religiosa de un concepto mágico del
mundo y de residuos supersticiosos" y
facilita "una adhesión verdaderamente personal y operante de
la fe".
Hoy vuelve a fijar los contornos de la recta doctrina en el
segundo volumen de su cristología Jesús de Nazaret. Desde la
Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, que acaba de
aparecer con un despliegue publicitario espectacular,
precedido de la filtración, por parte del Vaticano, del
capítulo que exonera al pueblo judío en la muerte de Jesús,
tesis que nada tiene de novedosa.
Es verdad que no se trata de una declaración magisterial de
carácter dogmático, sino de un ensayo teológico, pero lleva
la marca papal en la misma portada donde aparece el doble
nombre: Joseph Ratzinger, Benedicto XVI.
La imagen que ofrece en el libro es la de un Jesús pensado y
vivido desde la fe de la Iglesia y despolitizado. Un Jesús
que pasa por la tierra como por brasas sin implicarse en la
vida social de su pueblo, que no constituye peligro alguno
para el Imperio Romano, que anuncia un reino de Dios basado
en la "verdad que está en el intelecto de Dios" y que apenas
hace pie en la historia.
Un Jesús que separa con nitidez religión y política, y cuya
muerte no es consecuencia del conflicto con el poder, sino
autoentrega vicaria para la reconciliación de la humanidad
con Dios.
Benedicto XVI se distancia así de la exégesis liberal y
desconfía de los métodos histórico-críticos, como ya hiciera
en el primer volumen publicado en 2007.
Llega a decir que "el 'Jesús histórico', como aparece en la
corriente principal de la exégesis crítica..., es demasiado
insignificante en su contenido como para ejercer una gran
eficacia histórica" (página 9).
Pero, al mismo tiempo, y desde una no confesada ingenuidad
hermenéutica, dice tratar de "llegar a la certeza de la
figura realmente histórica de Jesús", misión imposible, como
ya demostrara Albert Schweitzer a principios del siglo
pasado.
La cristología papal…
silencia los resultados de las investigaciones de la
sociología, la arqueología, la antropología cultural y la
historia social sobre el Jesús histórico y el cristianismo
primitivo
descalifica las aportaciones de las teologías políticas y de
la revolución
desconoce algunas de las más importantes e influyentes
cristologías de la segunda mitad del siglo XX, escritas por
colegas suyos como Edward Schillebeeckx, Karl Rahner y Hans
Küng
silencia las reflexiones de la teología de la liberación
sobre la praxis histórica de Jesús bajo la guía de la opción
por los pobres
pasa por alto la hermenéutica de género de la teología
feminista y se mantiene dentro de la cristología patriarcal.
Las referencias bibliográficas se circunscriben en buena
medida a autores alemanes, pero muy selectivamente, con
exclusión de los creadores de la teología política y de la
esperanza, Johann Baptist Metz y Jürgen Moltmann
respectivamente, y de exegetas como Willi Marxsen y Gerd
Lüdemann.
Los libros de Ratzinger-Benedicto XVI constituyen hoy el
nuevo canon eclesiástico al que atenerse a la hora de hacer
teología, mientras son condenadas algunas de las
cristologías más relevantes pensadas en el horizonte de la
liberación, del pluralismo religioso y de las
investigaciones sobre el Jesús histórico, como, entre otras:
Jesucristo liberador y La fe en Jesucristo, de Ion Sobrino;
Jesús, símbolo de Dios, de Roger Haight;
Hacia una teología cristiana del pluralismo religioso, de
Jacques Dupuis, y
Jesús. Aproximación histórica, de José Antonio Pagola.
Es la imposición del pensamiento único sobre el pluralismo,
del dogma sobre el símbolo, de la ortodoxia sobre la
ortopraxis y, en fin, de la Iglesia sobre Jesús de Nazaret.
En estas condiciones no es posible hacer teología crítica
dentro de la Iglesia-institución. ¡El cristianismo al revés!
Juan José Tamayo