Teología del pluralismo religioso.
Curso sistemático de Teología Popular
José María Vigil, CMF
Ediciones El Almendro, Córdoba 2005
Nota de la
Comisión episcopal
para la doctrina de la fe
La Comisión Episcopal
para la Doctrina de la Fe, encargada de asistir
a los Obispos en su tarea de tutelar y promover
la doctrina cristiana, considera necesario hacer
algunas aclaraciones sobre la enseñanza
contenida en el libro del Rvdo. P. José María
Vigil,
Teología del pluralismo religioso. Curso
sistemático de Teología Popular
(Ediciones El Almendro, Córdoba 2005, 389 pp.).
El libro quiere ser un curso sistemático de
teología popular sobre “Teología del pluralismo
religioso”. Está concebido no sólo para la
lectura individual del especialista, sino
también para ser utilizado como manual de
estudio en grupos de formación cristiana. El
autor es consciente de la provisionalidad de sus
planteamientos y manifiesta estar “dispuesto a
revisar, corregir, mejorar” (p. 11).
Metodológicamente, el P. Vigil recurre a lo que
él denomina “metodología latinoamericana”, es
decir –en palabras del autor- “la que se guía
por aquel conocido esquema de «ver, juzgar y
actuar»” (p.14). La pretendida unión entre la
teoría y la práctica se ve, sin embargo,
condicionada por incorrectos presupuestos
metodológicos, como son:
-
la asunción acrítica de una filosofía
racionalista que niega
de facto
la posibilidad real de la intervención de
Dios en la historia,
-
la lectura e interpretación de la Sagrada
Escritura al margen de la Tradición
eclesial,
-
la hermenéutica del Concilio Vaticano II en
clave de ruptura,
-
la negación del Magisterio como intérprete
auténtico de la Palabra de Dios escrita y
transmitida,
-
una concepción relativista del hecho
religioso,
-
una comprensión sociológica de la Iglesia y
-
una presentación ideológica de la Historia
de la evangelización.
Estos presupuestos metodológicos llevan a
afirmaciones incompatibles con la fe de la
Iglesia católica, como son, entre otras:
-
la negación del realismo de la Encarnación,
presentada como “«teologúmenon», metáfora,
mito, símbolo” (p. 173),
-
de la Preexistencia del Logos (p. 189) y de
la Mediación salvífica única y universal de
Cristo y de la Iglesia;
-
la contraposición entre “el cristianismo del
Cristo dogmático” y “el cristianismo del
Evangelio del Reino de Dios y del
seguimiento de Jesús” (pp. 171-172);
-
la negación de la voluntad fundacional de
Cristo respecto a la Iglesia (p. 119);
-
la comprensión inmanentista de la
Revelación, entendida como “un caer en la
cuenta” de lo que Dios va obrando;
-
la consecuente equiparación de la Revelación
sobrenatural a las “revelaciones” de otras
tradiciones religiosas (pp. 81-91)
-
la ruptura entre el Reino de Dios y la
Iglesia;
-
la reducción de la religión a la ética,
entendida como justicia y respeto al otro
(pp. 195-209).
En el fondo de estas afirmaciones se encuentra
la negación de la verdad sobre Cristo, el Hijo
de Dios encarnado, y de la originalidad del
cristianismo, que no es una expresión más del
esfuerzo del hombre por llegar a la divinidad,
sino el testimonio gozoso de que ha sido Dios
mismo, en Jesucristo, quien, al encarnarse, ha
salido al encuentro del hombre.
La obra del P. Vigil ofrece además valoraciones
históricas injustificadas y marcadas por una
ideología dialéctica, que se alejan de la verdad
y del sentir eclesial. Así, la evangelización de
América se presenta como “invasión” y
“conquista” (p. 37), motivada por intereses de
poder; del dogma cristológico se afirma que
“adolece de graves deficiencias” (p. 171); o, se
enumeran “las limitaciones concretas del
cristianismo” (falta de respeto a la naturaleza,
opresión de la mujer, justificación de la
violencia, la opción clara por los ricos y no
por los pobres, el complejo de superioridad,
etc.: pp. 259-279).
Como consecuencia de todo lo anterior, el P.
Vigil propone una “espiritualidad del pluralismo
religioso” caracterizada por:
-
reconocer el “pluralismo de derecho” (la
pluralidad de religiones es querida
positivamente por Dios: p. 319),
-
manifestar gran desconfianza ante las
“actitudes de privilegio o exclusividad” del
cristianismo (pp. 319-321),
-
abrirse a la complementariedad (pp.321-322)
y
-
promover un nuevo espíritu misionero (pp.
322-324). La misión –según el autor-, debe
entenderse como «un impulso hacia los demás
pueblos y religiones, para compartir con
ellos –en ambas direcciones- la búsqueda
religiosa» (pp. 323-324).
La gravedad de los errores contenidos en este
libro, unida a su carácter divulgativo, hacen de
esta obra un instrumento especialmente dañino
para la fe de los sencillos.
En la Instrucción Pastoral
Teología y
Secularización en España. A los cuarenta años de
la clausura del Concilio Vaticano II
(30.3.2006), la Asamblea Plenaria de la
Conferencia Episcopal Española ha recordado que
«confesar a Jesucristo como el Hijo de Dios vivo
es el principio de una honda teología al
servicio del Pueblo de Dios. Cuando la verdad
sobre la Persona de Cristo y sobre su misión se
oscurece se debilita inexorablemente la vida
cristiana» (n. 67).
El fin de la presente Nota es precisamente
fortalecer la vida de los fieles en la confesión
gozosa y humilde de Jesucristo, y rechazar lo
que la daña,
porque no hay
bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por
el que nosotros debamos salvarnos (Hch
4, 12).
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