La tercera ola
por Alvin Toffler
Compendio de Manuel Calvo Beca
12.
LAS CUMBRES DOMINANTES
El
8 de agosto de 1960 Monroe Rathbone, ejecutivo jefe de
la Exxon, decidió reducir los impuestos que pagaba a los
países productores de petróleo. A los pocos días, las
otras Compañías petrolíferas habían hecho lo mismo. Para
defenderse nació la OPEP.
Hasta 1973 (guerra del Yom Kippur) no se hizo sentir.
Estranguló el suministro de crudo y tambaleó la economía
mundial. Ellos cuatriplicaron sus beneficios y
revolucionaron la tecnosfera de la segunda ola.
El
Sol y otro recursos
La
energía con que funcionaba la era industrial era no
renovable.
Las dos terceras partes procedían del
gas
y del
petróleo.
El mayor control de la OPEP, la subida de precios, la
extracción cada vez más difícil y cara y su agotamiento
hace pensar en energías renovables, más diversificadas.
Del
carbón,
la otra tercera parte, queda mayor provisión, aunque
también agotable.
La
energía nuclear
depende del uranio, también agotable, y entraña grandes
costes y riesgos difíciles de superar, si se pueden
superar.
Sólo con subvenciones oficiales la energía nuclear
podría ser competitiva con otras fuentes. Y puede caer
en manos terroristas, sufrir accidentes, si es que no se
utiliza en una “oficial” guerra nuclear. Los generadores
rápidos, que reutilizan el plutonio que expulsan,
también dependen del uranio no renovable.
Habrá nuevas salidas, distintas de las de la segunda
ola. Porque se agotan y porque se necesitan para otros
usos, otras máquinas, en otros lugares. Se buscan y
están surgiendo nuevas posibilidades.
·
Las células fotovoltaicas, que transforman la luz del
sol en electricidad.
·
Globos portadores de molinos de viento situados entre la
troposfera y la estratosfera.
·
Electricidad a partir de basuras o desperdicios
vegetales, del calor de la tierra, la fuerza de las
olas,
·
Paneles solares movidos por ordenador.
·
Autobuses y aviones accionados con hidrógeno.
Técnicas para producir energía que se combinan con las
que la almacenan y transportan: nuevas baterías como
almacén barato y para coches; las ondas de Tesla que
irradian energía con mínima pérdida.
Tendremos energías renovables, producidas donde se
emplea, no peligrosas ni siempre centralizadas. Pero los
defensores de las energías de la era industrial luchan
por conservar su poder y tachan a los de la tercera ola
(de menor poder económico, consumidores, ecologistas,
científicos y empresarios de vanguardia) de ilusos que
quieren volver al pasado preindustrial, una cultura
ascética en nombre de la conservación.
Herramientas del mañana
Las industrias clásicas de la segunda ola (carbón,
ferrocarriles, automóviles, caucho, fabricación de
máquinas herramientas) usaban sencillos mecanismos que
necesitaban elevadas aportaciones de energía y arrojaban
mucho desperdicio y polución. Largas series de
producción, baja mano de obra repetitiva, productos
idénticos.
El
empleo, que subió en USA entre 1965 y 1974 un 21%, en la
industria textil aumentó un 6% y en la siderometalúrgica
bajó en un 10%.
Al
transferirse a países de mano de obra barata,
aparecieron otras industrias (electrónica cuántica,
teoría de la información, biología molecular, oceánica,
nucleónica, ecología y ciencias espaciales). Las
dimensiones espaciales y temporales bajaron al radio de
un núcleo atómico, 10-13
cm. e intervalos temporales de 10-23
segundos.
Las nuevas industrias (de ordenadores, aeroespaciales,
de sofisticada petroquímica, de semiconductores, de
avanzadas comunicaciones) reemplazaron en Route 128
(Boston) y Silicon Valley (California) a las antiguas
zonas (Merrimack, en Nueva Inglaterra y en el Nordeste
en torno a los Grandes Lagos, Lorena en Francia, las
nacionalizadas en Inglaterra por los laboristas después
de 1945. Cambios parecidos en Japón y Alemania.
La
electrónica
invade los juegos, relojes, sensores de clima y
terrenos, instrumentos médicos incorporados a las
personas o sus ropas. Para fabricar fibra óptica se
necesita la milésima parte de energía que para extraer y
fabricar la misma longitud de hilo de cobre.
Fábricas en órbita
Las farmacéuticas dispondrán de la lanzadera espacial de
la McDonell Douglas. La falta de gravitación les
permitirá separar raras enzimas de las células humanas.
Uroquinasa, un disolvente de coágulos sanguíneos, se
puede fabricar en el espacio cinco veces más barata.
Cristales para la óptica de fibras y rayos lasser,
semiconductores de un solo cristal, se fabrican mucho
mejor en el espacio. 400 aleaciones diferentes que no
pueden fabricarse en la tierra. La General Electric
diseña un horno espacial. Empresas alemanas se interesan
por fabricar cojinetes de bolas en el espacio.
Con toda seriedad se planifica construir plataformas
espaciales para albergar miles de habitantes. El
Dr.Gerard O’Neill, físico de Princeton, ha recibido para
ello un entusiasta apoyo de la NASA, del gobernador de
California y de una banda de hippies vocales. Empresas
energéticas de USA y de otras partes se intercambian
estudios sobre minerales extraterrestres (la Luna, los
asteroides Apolo y Amor), hábitats espaciales y sistemas
ecológicos cerrados.
En
las profundidades del mar
Nos encontramos en un momento parecido al que dio
entrada a la agricultura y ganadería: hasta ahora hemos
explotado el mar como los primitivos que vivían del
forrajeo y la caza. Barcos-factoría japoneses y rusos
barren los mares y amenazan con la extinción de muchas
clases de vida marina (peces y plantas). Una inteligente
acuacultura puede suministrar, sin extinguirlas, las
suficientes proteínas.
Es
posible producir algas con un elevado contenido de
petróleo. Los océanos ofrecen también minerales: cobre,
cinc, estaño, plata, oro, platino. Se estudia
extraerlos, por poner un ejemplo, del Mar Rojo.
Yacimientos de fosfatos para abonos de la agricultura
terrestre. Nódulos de manganeso renovables al sur de
Hawai.
Cuatro consorcios internacionales se vienen ocupando
desde el decenio de los 80 en la extracción de minerales
del mar. La compañía farmacéutica Hoffmann-La Roche
explora los mares en busca de agentes funguicidas,
analgésicos y drogas antihemorrágicas.
Se
construirán poblados acuáticos, sumergidos o flotantes,
que contarán con la barata producción de energía in
situ, con sus vientos y mareas, y la
gratuidad, hasta ahora, del espacio marino. Empresas
“del sector”, aventureros y minorías étnicas (nuevos
estados) que deseen vivir independientes.
Ya
se han construido numerosas torres perforadoras de
petróleo, ancladas o móviles flotantes, buena base para
la construcción de ciudades flotantes. Ya se pide que
los recursos oceánicos sigan siendo herencia común de la
especie humana y que no se parcele el mar para
propietarios exclusivos.
La
industria genética
Los conocimientos sobre genética se duplican cada dos
años. La mecánica genética ha recorrido la fase inicial
de construir los instrumentos, está en condiciones de
entrar en materia. “Hemos manipulado plásticos y
metales: ahora estamos fabricando materiales vivos.”
(Lord Ritchie-Calder, comentarista científico en New
Scientist.)
Enzimas para controlar la salida del tubo de escape de
automóviles y ajustar el motor.
Microbios hambrientos de metales para detectarlos en los
océanos. Lilly, Hoffmann-La Roche, Searle, Upjohn, Merck,
la General Electric, han pedido y obtenido el derecho de
patentar nuevas formas de vida. Hay críticos nerviosos,
también entre los científicos, que se están preocupando
de que se produzca esta carrera de vertidos de microbios
voraces que también podrían difundir enfermedades. Esta
es una de las posibles alarmas.
¿Podemos criar personas con estómagos de vaca, para que
coman pastos, obreros neurológicamente diseñados para
que trabajen incansables en cadenas de montajes, pilotos
de reflejos rapidísimos o soldados clónicos para que
luchen por nosotros? Hitler lo intentó pero no tenía la
panoplia genética con que ahora contamos. ¿Podemos
eliminar a los niños menos aptos?
¿Podemos tener en reserva, para nuestro uso, una “caja
de ahorros” llena de riñones, hígados o pulmones de
repuesto? Hay defensores y detractores de estas
posibilidades, unas más disparatadas que otras.
La
nueva biología podría resolver la cuestión de la
energía. Bacterias capaces de convertir la luz solar en
energía electro-química. Cambiaríamos el peligro de un
escape radioactivo por el de un escape bioactivo.
Muchas enfermedades podrán ser prevenidas o curadas. Y
otras podrían ser introducidas por descuido o
deliberadamente. (Para extender una enfermedad cuyo
remedio sólo estuviese en unas manos privadas, de
conciencia, claro.)
En
los próximos treinta años “la biología reemplazará en
importancia a la química”. (Lo dice el presidente de
Cetus, Compañía californiana que cuenta con muchos
científicos de genética de fama mundial.)
Plásticos, abonos, ropas, pinturas, pesticidas y miles
de productos más. Alterará la producción de madera, lana
y otros productos; y en la provisión de alimentos. La
revolución verde de los años 60 fue una trampa porque
requería abonos basados en el petróleo, que muchos
tenían que importar.
La
revolución bioagrícola apunta a cosechas más abundantes
en suelos arenosos o salinos, que combaten las plagas...
Junto a los terribles peligros que puede traernos, la
ingeniería genética puede terminar con el hambre. Si sus
defensores tienen razón, aunque sólo sea a medias, el
impacto sobre la agricultura podrá invertir los
resultados de la anterior revolución verde y hacer a los
países ricos dependientes de los ahora pobres.
Es
pronto para decir cómo se desarrollará la biotecnología.
Pero ya es tarde para retroceder. No se puede ocultar lo
conocido, ni seguir investigando. Habrá que controlar su
aplicación: hacerla internacional, y reducir la
rivalidad entre empresas y científicos.
Como la segunda ola combinó el carbón, el acero, la
electricidad y el transporte ferroviario para producir
automóviles y otros mil productos transformadores de la
vida, no percibiremos el gran impacto de los nuevos
descubrimientos hasta que hayamos combinado las nuevas
tecnologías. Y unamos la electrónica, los ordenadores,
los materiales procedentes del espacio y de los océanos
con la genética, sobre la base de nuevas fuentes de
energía.
Tecnorrebeldes por previsores
Hemos de guiar estos cambios para que no se produzcan
las noticias de la casi catástrofe de la Isla de las
Tres Millas, los accidentes de los DC-10, los masivos
derrames de petróleo frente a México, [Galicia,
Algeciras...]
Las preguntas básicas de ¿contribuye al desarrollo
económico o al poderío militar?, habrá que ampliarlas.
¿Qué resultados ecológicos y sociales traerán esos
cambios?
El
informe USA Tecnología y shock social es un
catálogo de calamidades acaecidas por fallos
tecnológicos: la mayor parte están relacionadas con
tecnologías de la segunda ola y no de la tercera,
todavía en mantillas.
Pero se pueden atisbar los peligros de la niebla
electrónica, de la polución de la información, del
combate en el espacio exterior, de la fuga genética, del
cambio climático y de la guerra ecológica o geológica,
como la inducción de terremotos provocando vibraciones
desde lejos.
Es
normal que haya quienes se resistan a las nuevas
tecnologías. Lo mismo sucedió en el siglo XVII con la
segunda ola. Obreros londinenses destruyeron en 1663
unas serrerías mecánicas que amenazaban su trabajo. En
1676, 1710, 1810 y en los años siguientes, los
trabajadores destrozaron máquinas y lanzaderas textiles.
Pero eran personas pobres que defendían su trabajo.
Hoy se trata de personas cultas que ven en un
descontrolado avance tecnológico un peligro para la
supervivencia global. Son ingenieros nucleares,
bioquímicos, físicos, médicos, genetistas y millones de
personas corrientes, bien organizadas, que publican sus
estudios en sus propias revistas, inician procesos
legales y redactan proyectos de ley, además de organizar
marchas de protesta.
Atacados como reaccionarios, son una parte vital, la
vanguardia, de la tercera ola. Se suman a la lucha por
una energía renovable y no contaminante. Se oponen a los
conservadores de la segunda ola (“si funciona y se
vende, prodúcelo”: lo dicen los que tienen intereses en
esa industria) y a los revisionistas, bien alimentados,
que desean volver, sin más, a la bucólica primera ola.
Los tecnorrebeldes preguntan primero qué sociedad
queremos. Hay tantas oportunidades tecnológicas que
interesa conocer cuáles se deben costear, desarrollar y
aplicar, de cara a objetivos sociales y ecológicos, no
sólo económicos o de simple curiosidad. Que no sea sólo
la tecnología la que los marque.
Parten estos previsores de que la bioesfera es frágil y
podemos causar daños irreversibles al Planeta. Las
nuevas tecnologías deben ser protegidas de sus efectos
adversos. Las peligrosas, reformuladas o suprimidas. En
bien de la gente corriente (aunque al científico o al
empresario pudiera traer beneficios).
Las manifestaciones públicas antinucleares o por la
regulación de la investigación genética tienen este
carácter democrático. Si la eficiencia era una ley de la
era industrial, hay que evitar las producciones que no
son eficientes. Porque contaminan el ambiente, aumentan
indiscriminada-mente el paro o convierten a los
humanos, al pie de la máquina, o genéticamente, en
robots.
Los trabajos preferidos hoy, en la tercera ola, son los
que respetan el ambiente y se destinan a un uso personal
o local. Como la cría de peces y el procesado de
alimentos, el reciclado de basuras, la construcción
barata y el transporte simple.
Especialmente, los que utilizan energías renovables (el
sol, el viento y las corrientes de agua). Experimentos
ingenuos que vuelven al pasado, pero que también son
prácticos.
Jean Gimpel, historiador de tecnología medieval, ha
ideado elegantes modelos de herramientas que unen
materiales nuevos con métodos antiguos. Otro ejemplo son
los dirigibles: ahora, construidos con nuevos
materiales, son un transporte lento pero barato y
fiable, sobre todo en regiones que conviene no romper
con carreteras.
Finalmente, sostienen que el subproducto de cada
industria sirva de materia prima para una producción
posterior, con lo que se evita el despilfarro y la
contaminación de la bioesfera.
Los tecnorrebeldes, por previsión o por lo que sea, lo
sepan o no, son agentes de la tercera ola y forman parte
de la nueva civilización. Tan útiles como las misiones a
Venus, los ordenadores, los hallazgos en biología y las
exploraciones de los fondos oceánicos. De su resistencia
a los defensores de la primera y segunda ola saldrá una
civilización más humana y más tecnológica.