Dice, como
subtítulo, que lo escribo con rabia y con
esperanza.
Y así fue. No me
he curado de la rabia ni de la esperanza.
No fue escrito
para ser publicado. A mi hijo no le acaba de
gustar mucho que su padre se haya expuesto
obscenamente en público. Lleva razón mi hijo.
Sobre más de una página se me escapó una
lágrima. En el fondo no sé si el libro es
teología, autobiografía o panfleto.
A un abogado de
alto nivel en Madrid, después de leerlo varias
veces, le parecía que el libro lo desmontaba
todo. Otro abogado granadino, de menor nivel
profesional, me devolvió el libro antes de las
veinticuatro horas con la afirmación - pregunta:
“Pero tú no eres católico ¿verdad?”
No fueron escritas
estas páginas de un tirón, ni por orden.
Brotaron en noches y tardes de soledad y
silencio.
No escribí
teología de la "liberación". Pero sí buscaba
liberación a través de la teología.
Algunos se asustan
que confiese que me equivoqué de Dios. Me
equivoqué o me equivocaron. Siento rabia de
haber terminado, después de tantos años, como un
cristiano de iglesia y no un hombre libre
buscador del Reino.
Si se decide Vd. a
leer el libro, léalo despacio. Quiero inyectarle
mi rabia y mi esperanza.