Unidos en la diferencia
Es tiempo de encarnar en el mundo el abrazo de Dios,
y que nuestro abrazo sea su abrazo al otro.
Es tiempo de revelarnos ante el mundo, de revelarle
su amor en nuestro amor, de poner, ya no la carne en
el asador sino el propio corazón regalar.
Es tiempo de orar, de dar gracias a Dios por ser
todos imagen suya y que su imagen sea tan diversa,
de pedir a Dios la creatividad del Espíritu para
acertar en nuestra revolución, la revolución de los
pobres, de los locos, de los bienaventurados.
Es tiempo de orar junto al Padre, de sentir su
aliento en nuestra alma, en nuestra casa, de abrir
las puertas de las iglesias para que también aquí
sople su aliento.
Los que creemos que el sueño de Dios se encarna en las
manos de cada mujer y hombre que puebla la tierra, damos
la bienvenida a los que creen que cada hombre y mujer ha
sido concebido para luchar por un mundo más libre.
Los que sabemos que ninguna bandera puede separar al
hombre del hombre, acogemos a los que saben que ninguna
palabra puede ahogar el compromiso por la Palabra.
Sed bienvenidos a una celebración de la diversidad de
gentes que seguimos el Evangelio, cada uno desde nuestra
realidad, historia y cultura. Contribuyendo a construir
una iglesia abierta al mundo, donde quepamos todos, y
especialmente pendientes de los más excluidos, los más
olvidados.
Celebramos así la fe que nos han transmitido nuestros
padres y hermanos de comunidad, mientras compartimos la
vida. Celebramos la fe que nos dé la vitalidad para
afrontar el tiempo del compromiso.
Porque la tarea es mucha y nosotros no tantos; hay tanto
que amar, tanto que revolucionar que no es tiempo de
división, de dialécticas alrededor de la fe o del pobre.
Es
tiempo de ponernos a tiro de la nueva vida que Dios nos
ofrece, sabiendo que en su mano siempre encontraremos un
rincón en el que descansar, charlar, orar, llorar y
reír.
Pero no debemos olvidar nunca que los primeros en la
mano de Dios llegaron a esta playa en patera, se rompen
los puños contra los muros de la chabola, se ganan la
vida vendiendo su cuerpo que nunca su amor, lloran
mientras ven cómo un mal bicho mata a la sangre de su
sangre, pasean solos por un parque con una vida por
contar pero sin nadie que le escuche, les duelen los
golpes de la violencia que se disfrazó de besos,
murieron con la ultima bomba del ultimo atentado en la
tierra recién re-conquistada…
La
comunidad del Buen Aire os da la bienvenida a todos, con
especial cariño a la comunidad de San Carlos y a la
comunidad de la Almudena, desde lo mejor de cada uno…
oremos y vivamos.
* Texto de acogida
del encuentro
de oración por la diversidad de la Iglesia "Unidos en la
diferencia"
de la tarde
del viernes 18 de mayo en la madrileña parroquia de
Santa María del Buen Aire.
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