Un saludo fraterno.
Somos Rosa y Bea,
cristianas, que el mes pasado hemos realizado la
solicitud de apostasia en el Obispado de Bilbao dentro
de la campaña organizada por la Asamblea de Mujeres de
Bizkaia.
Os enviamos los
textos que hemos escrito cada una sobre nuestras razones
o motivaciones para darnos de baja en la Iglesia
Católica.
Os agradeceremos
mucho que los difundáis. Muchas gracias,
Beatriz Uriarte y
Rosa Lago.
Reflexionando ante
la solicitud de apostasía
Haciendo historia de mi paso por las comunidades y
grupos cristianos diocesanos, cuento con innumerables y
valiosos aprendizajes y experiencias vividas desde la
adolescencia. Sin duda, esto me ha formado y ha
configurado mi actual pensamiento y forma de vida.
También es cierto que la relación con la jerarquía
durante estos años, era inexistente, o mínima, hasta que
comenzamos a participar en el Consejo Parroquial, en la
Diócesis, momento en que empezamos a detectar las graves
incoherencias con lo que enseña el Evangelio, tanto en
las formas como en las ideas. La rebelión ante éstas se
resumía en una discusión con el cura de turno y afines.
Sin trascendencia.
En el empleo que desarrollé en la Diócesis no fui una
pastó-crata, creé una forma de trabajo intentando contar
con todo el mundo, una red nutritiva y participativa,
contagié y realicé trabajos sobre una lucha que mantengo
y mantendré por la dignidad de las mujeres dentro de la
Iglesia y fuera. Y no les gustó.
También me dio la posibilidad de conocer y sufrir la
estructura eclesial y sus formas enfermizas de
comportarse y organizarse, los abusos de poder,
chantajes, manipulaciones…
He conocido y participado en los movimientos de mujeres
católicas, se conforman con poco. Reconozco que son
importantes los espacios alternativos que crean y
suponen una bombona de oxigeno para las personas que
insisten en lo imposible: reconvertir a la Iglesia en
ekklesia.
De la misma manera he participado en el trabajo con
Eliza Gara con la idea de hacer patente, visualizar las
desigualdades, la falta de fraternidad en la Iglesia, de
mostrar a la jerarquía su propio desastre. Realmente es
bastante fácil dejarles en evidencia. En esa experiencia
he constatado que se puede molestar, y mucho, pero no
cambiar nada, la inmovilidad está garantizada. Reconozco
el valor del trabajo en la frontera, pero no es mi
sitio.
Tengo la convicción de que fuera de la Iglesia Católica
no solo no está el negro abismo, sino que las creencias
inspiradas en Jesús de Nazaret, y los espacios y
vivencias evangélicos tienen la posibilidad de crecer en
abundancia, libres de la contaminación y la hipocresía
eclesial.
Creo en mi capacidad de crear, de compartir y de hacer
con otras y otros, espacios de espiritualidad, de
hermandad y seguiré creciendo. Creo que,
afortunadamente, el Espíritu no se circunscribe a la
bendición de ningún jerarca y quiero disfrutar de ello.
El último gesto insultante de esta Iglesia lo he
encontrado en la definición de apostasía recogida en el
Derecho Canónico (canon 751): “Apostasía es el rechazo
total a la fe cristiana”, donde perversamente equiparan
la pertenencia a la Iglesia Católica con la aceptación
de la fe cristiana, y de esta manera ellos se adueñan,
sin vergüenza, del Cristianismo.
Con la solicitud de apostasía retiro la autoridad a la
Iglesia Católica sobre mi nombre, renuncio a formar
parte de la Iglesia Católica, y solicito darme de baja
en esta organización porque sus valores entran en
insostenible confrontación con los míos.
Finalmente declaro mi adhesión a la campaña promovida
por la Asamblea de Mujeres de Bizkaia a favor de la
apostasía con quienes comparto justificación.
Beatriz Uriarte Riaño
Bilbao, 8 de marzo de 2008
Hace tiempo que me siento en éxodo respecto a la Iglesia
Católica.
Desde la entrañable parroquia del barrio obrero donde me
crié, con Dolores Ibarruri y Jesús compartiendo pared en
el despacho del cura, abrí los sentidos a las primeras
utopías, fui pasando por movimientos diocesanos,
comunidades cristianas…
Espacios desde los que me ayudaron a abrir los ojos y
ver la injusticia, personas laicas, aquellos queridos
catequistas de la infancia, acompañantes después,
sacerdotes con una gran humanidad, los “curas rojos”…
Sin embargo, también fui descubriendo las miserias,
incluso de la cacareada “diócesis progresista” de
Bizkaia, diócesis que “promueve” el laicado mientras
baile al son del sacerdote de turno, actitudes
caciquiles consecuencia de un sistema feudalista.
La
ekklesia, palabra griega que describe la
“asamblea democrática de ciudadanos plenos” según nos
recuerda E. S. Fiorenza, nunca podrá ser impulsada por
jerarcas.
Un
bien establecido imperio basado en la obediencia, y cuyo
emperador, el “Santo Padre”, se arroga ser El
Representante de Dios en la Tierra, y ambiciona nada
menos que dominar los sentimientos, sueños, deseos más
íntimos de las personas, bajo amenaza de un infierno del
que Ratzinger parece haber recuperado recientemente la
llave.
Después de todo, somos un pueblo, un “rebaño” que no
puede caminar sin “pastor” ya que nos precipitaríamos al
vacío, y la curia eclesiástica tiene la “servil” tarea
de alumbrarnos el camino.
Ese Jesús que se cuela por gestos y palabras a través
del tiempo, a través de tantas personas, que hablan de
una Humanidad portadora de una llama profundamente
solidaria, generadora de un mundo nuevo de personas
hermanadas, esa esperanza que encuentra la luz, las
ganas y la fuerza para seguir caminando cuando la noche
es más oscura…
La
jerarquía eclesiástica me ha usurpado, me ha robado
la profunda fuente de inspiración que es el
cristianismo, y la utiliza e interpreta a su antojo para
ordenar las vidas de las personas.
Aún más grave, la jerarquía eclesiástica es la máxima
responsable de atrocidades atribuidas a toda la Iglesia
Católica a lo largo de la Historia, como por ejemplo
haber promovido las dictaduras de Argentina o España en
pleno siglo XX, y los asesinatos de adversarios
políticos.
Siento rabia porque hayan manchado el cristianismo de
esta manera, vergüenza porque yo también me siento
sucia, y lo que es peor, siento impotencia.
Desde el Jesús que rompía los cimientos del poder
establecido, junto a mujeres y hombres por una sociedad
igualitaria y libre, han transcurrido dos mil años de
obediencia y sometimiento crecientes, hasta provocar una
ruptura clara con los movimientos más liberadores de la
sociedad, y cobrar pleno sentido las acusaciones que
formula la Asamblea de Mujeres de Bizkaia en la presente
campaña de apostasía, acusaciones que comparto
plenamente.
Me
he sentido en un largo éxodo hasta la frontera. Hay
quienes dicen que es más efectivo no traspasarla y
transformar “desde dentro”, cruzarla no tiene apenas
impacto. Quizás tengan razón, el imperio de la Iglesia
Católica no temblará porque una mujer se vaya, “hay más
ovejas”. Sin embargo, confío más en la estrategia “no
hay poder sin sometimiento”.
La asamblea puede comenzar cuando ninguna persona tiene
atribuido ningún poder sobre el resto, y subiendo el
peldaño que supera el patriarcado, todas las personas
comienzan a construir la posible ekklesia.
Con esta mirada, doy la vuelta a esa frase tan recurrida
“¿a dónde va una oveja sin pastor?” que la jerarquía ha
interpretado con tanta habilidad para justificar su
histórica dominación, y encuentro un instrumento de
esperanza: “¡Pues a ver qué hace el pastorcito sin
ovejas!”.
Con la duda siempre, necesito encontrar mi lugar desde
el que seguir creciendo espiritualmente, lo cual
requiere confianza en ese espacio, amarlo, sentirlo como
habitación propia, respirar general satisfacción al
contemplarlo… es un lugar personal en primera instancia,
con esfera privada y pública, y este espacio se sitúa al
otro lado de la frontera. La apostasía es el único
instrumento que tengo para no figurar más entre los
miembros de la Iglesia Católica.
Deseo que el cristianismo siga formando parte de mis
fuentes de inspiración. Desde el otro lado de la
frontera, pretendo mantener una relación dialéctica,
combativa, denunciante y transformadora de la Iglesia
Católica, ya que ésta ha sido mi cuna y su jerarquía
pretende haberse adueñado del cristianismo y su
interpretación.
Deseo hacer todo esto junto a personas, grupos o
comunidades que compartan estos objetivos y acepten mi
nuevo lugar personal, cercano pero externo a la Iglesia
oficial.
Rosa Lago
Aurrekoetxea
Bilbao, 8 de marzo de 2008