La psicosis de la
“Santa Madre Iglesia”
La
relación entre los seres humanos –incluidos los
cristianos- no es materno-filial sino fraternal. En
sentido evangélico, la Iglesia es Hermana, pero no
Madre. Y es a través de esta fraternidad que se deriva
la maternidad eclesial, pero no al revés.
Para que unos pocos aseguren su poder y su dominio sobre
el Pueblo de Dios, ha sido necesario invertir la
relación de parentesco.
Más en concreto…
·
identificando e idolatrando a los que mandan como
símbolo incuestionable de una maternidad…
·
estableciendo, en una especie de síndrome de Estocolmo,
una relación de dependencia afectiva y espiritual con
respecto al cónclave de agresores.
·
creando una especie de complejo de Edipo a la inversa,
donde los hijos son sacrificados por la envidia y celos
de una Madre que no quiere que le arrebaten el amor de
su Dios Padre.
Se
ha pervertido el sentido de la maternidad eclesial, como
no podía ser de otro modo, en una Iglesia patriarcal
dominada por el machismo. ¿Cómo disfrazar su violencia
machista? ¡Mostrándola como Madre!
Si
la Iglesia realmente fuese Madre habría características
que nos lo indicarían, sin embargo, las características
definitorias son esquivas a este apelativo:
autoritarismo, censura, excomuniones, paternalismo
machista…
Nada de esto parece indicarnos que estemos en presencia
de una Madre. Pero ¿quién puede derribar la empedrada
soberbia de una historia de pedrería barata y bisutería
teológica?
Aunque sea evidente, podemos preguntarnos…
·
si
no es cierto que una madre acepta a sus hijos como son,
no como ella quiere que sean,
·
si
una madre le cerraría la puerta a un hijo,
·
si
una madre culparía de su esterilidad (tabú oculto bajo
el eufemismo “falta de vocaciones”) a sus propios hijos.
El
lenguaje y las formas de estos que se autodenominan
“Santa Madre Iglesia” es preponderantemente jerárquico y
autoritario, machista, definitivamente nada maternal.
Para más INRI la jerarquía católica se autoproclama no
sólo madre, sino también santa. A los complejos
psicológicos anteriores se une el narcisismo.
La
“Santa Madre Iglesia” como tradicionalmente se entiende
es una falacia y un eufemismo, un becerro de oro con
pies de barro. La Jerarquía ha usurpado el trono
maternal y se arroga un derecho que nadie le ha
concedido, mucho menos Jesucristo.
J. Agustín Franco