Maldición eterna a quienes bendicen sables
Homenajean al cardenal golpista de Tegucigalpa
y
al ex director general del FMI
el
día 24 de noviembre
en
la Universidad Católica de París
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=93350
Con el
mayor respeto por quienes profesan creencias religiosas,
entre ellas las cristianas, que son las que guiaron los
primeros años de mi vida y en las que me eduqué. Desde mi
actual perspectiva humana, en tanto que cristiano de corazón
pero agnóstico de pensamiento, no puedo sino maldecir el uso
perverso que de la buena fe de la gente hacen algunas
iglesias cristianas, entre ellas la Iglesia Católica Romana.
Me mueve a ello la noticia publicada el 14 de octubre por
“Mémoire des luttes”, traducida y difundida por “Rebelión”
en lengua castellana con fecha 16/10, con el título “El
sable, el hisopo y la sala de mercados”.
Hace
falta tener muy poca conciencia y unos principios éticos muy
relajados para contemplar fríamente la desvergüenza con que
el cardenal y arzobispo de Tegucigalpa Óscar Rodríguez
Madariaga dio por legítimo el actual golpe militar de
Honduras y el silencio que ha mantenido luego ante los
atropellos y crímenes que los golpistas están produciendo en
ese pequeño, pobre y maltratado país de América Latina, en
el cual se ceban ahora las oligarquías de toda América del
Sur y las clases dominantes de la América del Norte.
Que el
Instituto Católico de Paris conceda las insignias de doctor
honoris causa a alguien que acaba de manifestarse tan en
contra de los más elementales derechos humanos, y que sean
dos cardenales quienes convoquen el acto y pronuncien los
discursos panegíricos, el cardenal André Vingt-Trois y
Monseñor Hippolyte Simón, arzobispo de Clermont, no puede
ser sino un oprobio para quienes de corazón se sientan
miembros de esa Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y
Romana.
El
Banco Central Europeo (BCE) de la mano del Fondo Monetario
Internacional (FMI) y juntos del brazo con eminencias
cardenalicias, altas jerarquías de la Iglesia católica, no
puede ser sino causa de repulsión profunda en el alma de
quienes sientan un mínimo respeto por la paz y la justicia
equitativa.
Si el
mundo necesita con urgencia alzarse contra la injusticia,
París será el próximo 24 de noviembre uno de los muchos
lugares propicios para ese alzamiento.
Desde
mi ancestral espíritu cristiano emplazo a las buenas
personas católicas a alzar la voz y manifestarse
públicamente contra semejante ignominia. El lema «todos
somos Iglesia» no tiene que servir para escudar a los
canallas que forman alianzas de poder contra los pobres del
mundo entero, sino para exigir a sus autoridades
eclesiásticas, en nombre de esa santa institución a la cual
pertenecen y veneran, que sean consecuentes con los más
elementales principios éticos que deben regir la convivencia
humana. De no hacerlo así, quienes sienten el catolicismo en
lo hondo de su alma tendrán que asumir también en ella la
complicidad con semejantes criminales que su silencio
conlleva.
Pepcastelló