LINCES
EPISCOPALES
Los
Obispos tienen derecho a hablar y a disentir. Vaya por
delante una afirmación que debieran tener en cuenta muchos
comentaristas de acera y bocadillo o de tertulias sesudas.
Pero los
Obispos deben tomar conciencia de que si hablan se exponen a
que los demás mostremos nuestra discrepancia, les recordemos
su historia no siempre lúcida y les preguntemos sobre muchas
cuestiones oscuras relativas por ejemplo al dinero que
manejan o a los criterios científicos que han guiado su
historia.
Deben ser
conscientes de que su opinión merece el mismo respeto,
hablando en términos políticos, que la del albañil, el
presidente de un consejo de administración o el boticario de
la esquina. Arrogarse una superioridad absoluta que planea
sobre toda cabeza viviente y pensante encierra una soberbia
despreciable por anticristiana.
La
jerarquía no es un poder del estado de derecho. Y como
conjunto episcopal no tiene potestad reconocida para imponer
criterios científicos. ¿Habrá que recordar los errores
cometidos en el terreno de la ciencia por el magisterio
eclesiástico? La Iglesia ha sido históricamente enemiga de
cualquier avance investigador. La grandeza de Dios no puede
erigirse sobre el empequeñecimiento del hombre.
Que el
embrión sea un ser humano no está contemplado entre los
dogmas de fe. Que el embrión sea un ser humano no está
respaldado por la ciencia. ¿En nombre de qué dogma o de qué
ciencia hablan los Obispos? ¿De qué enseñanza
evangélicamente global se desprende la teoría episcopal
sobre “niños desprotegidos” y linces sobrevalorados?
El
cristianismo, señores Obispos, no es ciencia. Tampoco es
–aunque resulte más rentable- magia. Da pena una jerarquía
que convierte el evangelio en un refranero aplicable a toda
circunstancia. Sólo cuando la Iglesia tome conciencia de la
dimensión humana, será capaz de construir un cristianismo
digno
El acto
reproductor –lo digo a pesar de repetirme- no es un acto de
tres: mujer-hombre-Dios. El acto sexual, reproductor o no,
es una expresión de comunicación íntima, gozosa, donación
graciosa y gratificante. Es el amor proclamado ante el
universo, notificado a los árboles y las estrellas.
Aquí y
ahora el mundo está amando al mundo y sosteniendo la
historia como proyecto luminoso. Dios, no sé desde dónde,
adorará la plenitud de su creación. Los Obispos prefieren
codificar, condenar, anatematizar el sexo. Allá la Jerarquía
fabricante de lunas enlutadas.
Los
Obispos tienen derecho a hablar. Pero quien hace las normas
por las que se rige un estado son los legisladores. La
Iglesia no debe caer en el adoctrinamiento que condena en
los gobiernos (Educación para la Ciudadanía, por ejemplo).
Los derechos adquiridos como ciudadanos son expuestos a la
opción libre de cada conciencia sin intromisión coercitiva
de la Iglesia.
La
interpretación sesgada de los acontecimientos no se
compadece con la realidad sublime de lo humano. Corresponde
más bien al estrabismo genético de las mitras.
Rafael Fernando Navarro
http://marpalabra.blogspot.com