Lavadora papal
La
historia ha ido sembrado migajas orientadoras de caminos
machos, para que ellas aprendan a engrandecer el modelo
masculino. Esto es también machismo, más solapado tal vez,
más sibilino, pero machismo al fin y al cabo. Los machos nos
sentimos conformes y halagados cuando la mujer es COMO el
hombre. Pero de ser mujer-mujer se trata. Cada uno estamos
en el mundo a través de nuestro cuerpo. A distintas formas
corporales de estar, diversas formas de ser.
La
igualdad de derechos exige una lucha continuada, valiente,
exigente, insatisfecha siempre. Pero el ser es más
definitorio, más radical, más elocuente. El ser preexiste al
hacer, lo fundamenta, le da sentido.
Y en
esto llega Benedicto XVI: recomienda a las mujeres “que
sepan obedecer a sus pastores, que los apoyen y estimulen
con sus sugerencias” Esta vocación de apoyo y entrega “es
el regalo de una maternidad que se hace una con la oblación
religiosa, cuyo modelo es María”.
Mujer-ayuda. Mujer-paridora. Coincide Benedicto con Pilar
Primo de Rivera, con el espíritu de la sección femenina, con
el franquismo más duro. Por suerte, la historia ha depurado
a Franco, a Pilar y evidentemente al Papa.
L’Osservatore Romano, diario oficial de Vaticano, publica un
artículo de Giulia Galeotti en el que se afirma, con el
visto bueno de las autoridades religiosas, que la lavadora,
“ese humilde electrodoméstico”, ha contribuido más a la
liberación de la mujer que la píldora anticonceptiva.
¿Qué
fue lo que más colaboró a su emancipación en el siglo XX?
Pueden darse muchas respuestas. El Vaticano aporta la suya:
la lavadora. Además, gracias a los modelos cada vez “más
estables, livianos y eficaces” tuvimos “la imagen de la
súper mujer en el hogar, sonriente, maquillada y radiante”,
concluye la periodista.
Queda
en evidencia el desprecio que hacia media humanidad siente
la Iglesia oficial. Resulta repugnante que un medio oficial
del Estado Vaticano bendiga y participe de semejante visión.
Cuando
la Iglesia de base se plantea la ordenación sacerdotal de
mujeres, cuando existen teólogas de altura, cuando irrumpe
con vocación creadora en el ser y el quehacer, ciertos
medios patrocinados por la Jerarquía se empeñan en
dilapidarla, en reducirla a pordiosera de privilegios, en
despreciarla como producto marginal, como pedigüeña
recogedora de las sobras que la generosidad machista deja
caer de su mesa.
¿De
qué fuentes beben las Iglesias para llegar a esta concepción
denigrante de la mujer?
La
Jerarquía, no los cristianos, tiene otra visión, no espera
nada de la mujer. Le basta con publicitar lavadoras
estables, livianas y eficaces.
Rafael Fernando Navarro
http://marpalabra.blogspot.com