LA IGLESIA Y EL PP:
¿UNA RELACIÓN AMENAZADA?
A medida que se van acercando las elecciones generales del
próximo marzo, se advierten síntomas de una posible
(¿incluso probable?) configuración distinta de las
relaciones entre la Iglesia y la derecha política.
El pasado domingo, día 18 de noviembre, el director del
diario El Mundo, Pedro J. Ramírez, aconsejaba a los cargos y
militantes del PP que, para ganar las elecciones, una de las
cosas que tiene que hacer es “desmarcarse de la Iglesia”. A
juicio de Pedrojota, “la identificación de ambas agendas (la
de la Iglesia y la del PP), como viene sucediendo en esta
legislatura, es absolutamente contraproducente para los
intereses del PP”.
¿Por qué el director de El Mundo desaconseja la mencionada
identificación entre la Iglesia y el PP? Su punto de vista
es que “el cometido en el que el PP puede demostrar su
utilidad no es la defensa de una supuesta e inaprensible Ley
Natural frente al laicismo que nos invade, sino la
protección de los derechos civiles de todos los españoles”.
O sea, que el partido de Rajoy se deje de imponer deberes,
basados en una Ley Natural que nadie sabe, a ciencia cierta,
si existe o es un invento de filósofos de antaño y clérigos
rancios. Y que se dedique a defender los derechos cívicos de
los ciudadanos.
En una sociedad laica, la defensa de derechos fácilmente
demostrables da más votos que la imposición de obligaciones
de dudosa procedencia.
No es mi intención discutir aquí la validez de los
argumentos que aporta Pedro J. Ramírez para aconsejar al PP
que se desmarque de la Iglesia. Lo que me parece importante
es que uno de los más decididos defensores de la derecha
aconseje a sus gentes que se alejen de esta Iglesia que
tenemos, si quieren ganar adeptos. Esto es nuevo. Y
sorprendente.
Porque la Iglesia y la derecha han sido siempre en España
una buena pareja de hecho, que siempre han sacado
importantes beneficios la una de la otra. Pero, por lo
visto, la Iglesia se ha quedado tan rezagada, en este
proceso tan rápido de cambios que estamos viviendo, que ya
resulta mala compañera de camino para quien pretende tener
una aceptación mayoritaria entre los ciudadanos.
Lo que más me hace pensar es que, seguramente, si Pedrojota
se ha lanzado a decir esto en público, lo ha debido de hacer
previa consulta a personas que tienen vara alta en el PP.
Las connivencias del diario El Mundo y la derecha son
demasiado evidentes como para que quien (junto con la COPE)
más ha apoyado los intereses de la derecha, salga ahora con
una patochada o una inconveniencia.
Hay motivos razonables para pensar que el distanciamiento de
la Iglesia es un conejo que no podía salir de los dirigentes
del PP. Dicho por Pedrojota, puede no resultar escandaloso
a oídos de la derecha y habrá gente que lo vea como un buen
aviso para futuros votantes.
Pero, ¡Dios mío!, ¿tan mal anda la Iglesia que ya no es
buena compañera de camino ni para la derecha política? Me da
por pensar que de este estado de cosas son conscientes no
pocos obispos. Y, por supuesto, lo son muchos, muchísimos
ciudadanos.
Lo más seguro es que todo esto es lo que ha motivado a Mons.
Blázquez para decir lo que dijo el pasado día 19 ante todos
sus compañeros obispos. Pedir perdón por lo que la Iglesia
hizo en la Guerra Civil, aunque no se sepa exactamente si el
perdón se lo pedía Bláquez a Dios o a los españoles, en
definitiva es reconocer que la Iglesia se portó mal. Sólo se
pide perdón por lo que está mal hecho.
Aunque sea con tanto retraso y con palabras tan medidas y
prudentes, lo que dijo Blázquez el otro día les tuvo que
sonar muy mal a Rouco, Cañizares y sus fieles seguidores,
que se han opuesto tan cerradamente a todo lo de la memoria
histórica, exaltando a los mártires de la Guerra Civil y
olvidando a los que cayeron en el bando contrario.
Blázquez ha sido más ecuánime: “Recordamos la historia no
para enfrentarnos sino para recibir de ella o la corrección
por lo que hicimos mal o el ánimo para proseguir en la senda
acertada”. En la Iglesia española hay mucha gente a la que
este lenguaje le sienta a cuerno quemado.
El discurso del presidente de la Conferencia Episcopal ha
venido a decir que por el camino que han trazado Rouco y
Cañizares no se va a ninguna parte. Y ha afirmado con
claridad que el modelo de Iglesia, que pretenden imponer los
dos eminentes purpurados y los grupos que les siguen
ciegamente, está tan añejo que ya no sirve ni para apoyar
los intereses de la derecha tradicional.
Y no es que yo pretenda decir que los católicos no pueden
ser de derechas. Que cada uno sea de lo que quiera. Pero lo
que los creyentes no podemos permitir es que nos impongan
una Iglesia que comete dos errores muy serios: 1, meterse en
la política partidista; 2, aliarse con una opción con la que
muchos creyentes de verdad no están de acuerdo.
Los dirigentes de la Iglesia tienen que estar con todos,
incluso con los pecadores y con los que piensan y viven como
los obispos no piensan ni viven.
Los obispos representan una religión que vive de la memoria
de Jesús. Y sabemos que Jesús sólo fue intransigente con los
intransigentes que, desde su intransigencia, pretendían
imponerse y dominar a los demás.
De modo que si el maridaje entre la Iglesia y la derecha
se empieza a resquebrajar, bienvenida sea la separación.
La Iglesia perderá poder, pero tendrá más autoridad y
credibilidad. Y seguramente el PP también saldrá bien
parado de semejante divorcio. Nos conviene a todos. Con
lo que quiero decir que, a fin de cuentas, todos
saldremos ganando.
José M. Castillo
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