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Los jesuitas abandonan

el mapa autonómico

 

 

Resulta extraño que no haya saltado ya a la prensa. En 2009, los jesuitas españoles comienzan un proceso para reformar su particular organización autonómica. Han llegado a la conclusión de que el gobernar por autonomías no es práctico. Acomodarán su estructura de gobierno al ideal expuesto en un decreto de su última congregación general: “Gobierno al servicio de la misión universal”.

 

Antes de que en España surgiera la fiebre de las autonomías, la Compañía de Jesús, como casi todas las organizaciones católicas, llevaba muchos siglos estructurada sobre un mapa autonómico. En buena medida, el esquema organizativo era similar al de las autonomías políticas surgidas, en España, de la Constitución del 78.

 

Cada una de las cinco “provincias” (autonomías) jesuíticas cuenta, todavía hoy, con un Provincial que depende del General de Roma. Esquema heredado de las provincias romanas: Bética (la andaluza), Tarraconense (la catalana), Loyola (la vasca), Castilla y Aragón.

 

Igual que las diócesis: cada una con su obispo. Aunque en el caso de los obispos, se les reviste de la pretenciosa afirmación de herederos en línea directa de los doce apóstoles. Ellos se lo creen, y al creérselo se inflan, se ahuecan y comienzan a hablar como portavoces de Dios.

 

Los provinciales de las provincias jesuíticas nunca se creyeron sucesores de los apóstoles, ni contaban con un sacramento que los sacralizara de por vida, pero su poder no tenía otro limite que el General de Roma.

 

Bueno, pues ha llegado Adolfo Nicolás, venido de extremo oriente y ha dicho que ese sistema de autonomías no es ya rentable, ni productivo. Hoy día, la sociedad funciona de forma distinta. Y es preciso cambiar el sistema si quieren responder a la sociedad con la misión para la que se fundó la Compañía.

 

Primero, porque su misión, desde el vasco Ignacio, no es localista ni plegada a ningún nacionalismo. Lo demostraron hombres como Ignacio, Javier, Salmerón, Laínez, Canisio, Fabro. Hombres con visión universal al servicio de los hombres y de toda la Iglesia. Por eso los jesuitas no estaban supeditados a ninguna diócesis, y su bagaje era ligero, dispuestos a partir.

 

Segundo, porque dada la escasez de medios, es imprescindible la reorganización para conseguir mejor eficiencia.

 

Tercero, la misma sociedad, incluso en lo político, ha roto barreras, ha difuminado fronteras pueblerinas. Internet y demás redes de comunicación universal convierten en ridículos no sólo a los reyezuelos provincianos sino a las cerradas dictaduras.

 

Desde una visión no caciquil o nacionalista, resulta ya artificial la vigencia de muchas provincias de jesuitas cada una con un provincial propio, un maestro de novicios propio, una facultad de teología propia, unos colegios de enseñanza desconectados, o unas universidades locales a costa de bajar el nivel de enseñanza. En muchas cuestiones, la multiplicidad produce pobreza intelectual, debilidad, deficiente calidad.

 

Según nuestra información, para la Compañía de Jesús, España será una, a efectos de organización. Es decir, un solo noviciado para todos los aspirantes a jesuitas. Da igual que sean vascos, andaluces, catalanes, o extremeños. Una facultad de teología, de mayor nivel para todos.

 

Los colegios de enseñanza se integrarían en una fundación llevada sobre todo por  laicos, bajo la orientación cristiana de la orden, que cuenta actualmente con:

 

Enseñanza no universitaria:

·         60.000 alumnos matriculados

·         105.000 alumnos a través de la Radio Ecca.

·         40 Centros de enseñanza

·         70 jesuitas

·         2.700 laicos

·         1.500 PAS (Personal Administración y Servicios)

Varias fundaciones propias. La primera, SAFA con 18 colegios.

 

Enseñanza Universitaria:

·         35.000 alumnos

·         2.000 profesores laicos

·         Nombres más conocidos: Deusto, Comillas, ICADE, ESADE, ICAI, ETEA, INEA, etc.

 

Con este tipo de organización la enseñanza se vislumbra mucho más eficaz.

 

Sirva este ejemplo. No sacar la “rentabilidad cristiana” a todo este potencial es enterrar los talentos, por miedo, caciquismos o nacionalismos.

 

Lo cristiano ha de “encarnarse” en la realidad social, por supuesto. Pero de ese principio teológico no se puede deducir que cada obispo en su diócesis o cada autonomía jesuítica monte un centro de teología, de escritura, de pastoral o liturgia. Con ese estilo, tipo cacique, de organizar la comunidad cristiana, sólo se consiguen manadas de curitas jóvenes que no saben de escritura, de moral, de liturgia, porque sus centros de formación no gozan de nivel alguno. Devotos, pero ignorantes.

 

Los jesuitas abren un proceso de reciclaje organizativo que acabará el año 2.016.

 

¿Por qué no se lo piensan los obispos? Por favor, no acudan Vds., reverendos obispos, a la excusa del Espíritu Santo.

 

 

Este comentario mío sobre la superación de las autonomías no se escribe desde la política. Pero si existiera algún político con ideas, y no sólo con bolsillos en el traje, podría aprovecharlo para repensar la realidad política.

 

De las autonomías políticas, los políticos afirman que han sido un éxito. Éxito, sin duda, para los partidos políticos que obtienen enormes cosechas de poder económico, social y político: siendo presidente autonómico en la España de hoy, gana él, su familia y su partido. La pregunta es si el pueblo ha salido tan beneficiado como los políticos.

 

¿Por qué no se lo piensan nuestros partidos políticos? El pueblo, único dueño de los dineros, se lo agradecería.

 

 

Luís Alemán