IGLESIA   

                             
                   

 

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Iglesia perseguida

 

 

Lamentamos decir que es una realidad bella. Es un signo de la pervivencia de Jesús.

 

El domingo de Ramos, en una iglesia de la ciudad de Almuñecar, un cura acampanado que habla si–la-be-an-do, dijo que a Jesús lo matamos nosotros con nuestros pecados, (lo cual es una antigua mentira) y los políticos. Se olvidó de que los que realmente lo mataron fueron el Templo, los sacerdotes y el sumo pontífice. Ellos inventaron la cruz de Jesús. En la muerte de Jesús les iba su vida. Si  Jesús seguía hablando su negocio se acababa.

 

A todo aquel que quiera ser y defender lo de Jesús, lo seguirán crucificando. E intervendrán los mismos: o el poder político, o el poder económico, o el poder del Templo. O los tres juntos. Cualquier cosa menos que el pueblo sea libre y prospere.

 

Oscar Romero y Jon Sobrino, José María Castillo son la evidencia de que Jesús vive.

 

Me duele que haya perseguidos. Pero son la prueba de que Jesús vive entre nosotros.

 

Me duele el dolor de los perseguidos. Por eso me indigna el poder político, el poder del dinero, y el poder de Roma.

 

Ante el dolor de los perseguidos hay que optar: o con ellos, o  con quienes  los crucifican.

 

¿No les dará vergüenza seguir siempre echando la culpa al pueblo, por sus pecados, mientras se lavan las manos sedosas en las pilas de agua bendita?

 

 

Luis Alemán

 

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