¿HEMIPLEJIA PAPAL?
La
última encíclica papal, “Caritas in veritate”, se
inscribe en la llamada “doctrina social de la Iglesia”.
¿Para
quién escriben los Papas las encíclicas? Cuando hablan
de la dignidad humana, de la función social de la
riqueza, de la paz como bien supremo, ¿a quién están
exigiendo que luchen por esa dignidad, por la
repartición de las posesiones, por la construcción
pacífica de la existencia?
Porque uno tiene la impresión de que los Pontífices
siempre se dirigen a “otros”. De lo contrario no se
explica que la Iglesia proclame la dignidad de la
humanidad al mismo tiempo que desprecia, implícita y
explícitamente, a la mujer.
No se
puede asociar a la riqueza una función social cuando se
predica a los pobres una resignación denigrante y se
marcan las terribles diferencias entre el boato
trasnochado de los “príncipes de la Iglesia” y el
misionero perdido en la amazonía. Se condena a los
teólogos comprometidos con la pobreza del mundo y se
ensalza a los que no admiten la educación para la
ciudadanía.
Y si
la paz es el bien supremo, ¿cómo puede el cuerpo
episcopal apoyar dictaduras sangrientas y aniquiladoras
sin que el Papa de turno condene esas adhesiones?
Los exegetas papales han corrido demasiado al afirmar
que la encíclica última encierra una condena del
capitalismo y sitúa a Benedicto XVI en la izquierda.
La
reacción del episcopado español ha sido inmediata.
Monseñor Martínez Camino, vigía de la ortodoxia de
occidente, ha sido tajante: ni existe condena ni mucho
menos el Papa es de izquierda. Hasta ahí podíamos
llegar.
Tomás Raga, catedrático de economía de la Universidad
Complutense de Madrid, afirmó que para el Papa el
capitalismo “es un instrumento útil aunque limitado”. Y
para María Teresa Comte, profesora de doctrina social de
la Iglesia en la Universidad Pontificia, el Papa propone
un humanismo cuyo centro es Dios. Y este humanismo
“teocéntrico” no puede condenar el mercado porque éste
es un bien instrumental.
Queda claro por tanto que el capitalismo no puede ser
condenado por la Iglesia. ¿O más bien ciertos
eclesiásticos tienen prisa e interés sumo en demostrar
su exaltación?
El
Papa no es de izquierdas. No pude evitar la sonrisa
cuando lo afirmó Martínez Camino. Después de condenar
cualquier relación sexual fuera de unos cánones
concretos, de demonizar la homosexualidad, de
anatematizar el preservativo, de discriminar a la mujer
como creadora de historia, de priorizar el pecado del
sexto mandamiento sobre cualquier otro, de proscribir
iniciativas teológicas actualizadoras del mensaje, de
identificar el carisma del celibato con la imposición
legalista de una concepción estrábica del sexo, etc.
¿podía alguien pensar que el Papa fuera de izquierdas?
¿Podrían mantenerse dentro de los organismos
eclesiásticos diferencias aberrantes como las que se dan
en instituciones religiosas y que distinguen entre la
dignidad de los miembros sacerdotes y los legos de
segunda clase? ¿Sería soportable la visión clasista que
el Opus Dei tiene de sus propios miembros?
Cuántas interrogantes. Pero queda claro que la doctrina
papal decora el mundo señalando lo que otros deben
hacer, aunque sigue admirando la hermosura de su
ombligo.
El
Papa no es de izquierdas ni el capitalismo debe ser
condenado. El papado sufre numerosas patologías, pero
desde sus comienzos ha firmado inquisitorialmente con la
derecha y con la derecha bendice lo que le permite la
anchura desbordada de su conciencia. A la Iglesia le
funcionan perfectamente los hemisferios cerebrales. Es
impensable la hemiplejia papal izquierda.
Rafael Fernando Navarro
http://marpalabra.blogspot.com