Frei Betto:
"La Iglesia española
tiene que ser ahora humilde
ante el Estado"
Frei Betto es nombre de fraile. Dominico, por más señas,
teólogo de la liberación como identidad, con todo lo que eso
significa en América Latina y concretamente en su país,
Brasil. El clérigo, que colaboró con la guerrilla y ha sido
asesor del gobierno de Lula, estuvo ayer con la causa de los
pobres en sus labios y en su currículum, para clausurar el
Seminario Permanente de Derechos Humanos, que organizan la
Universidad de Cádiz y la Asociación Pro Derechos Humanos de
Andalucía. Habló sobre La globalización y los derechos
humanos.
-¿La globalización ha sido buena o mala para los derechos
humanos?
- Bueno, es equivocado llamarle globalización porque en
verdad es un sistema de globocolonización, porque es la
imposición al planeta de un solo modelo de sociedad, el
modelo anglosajón. Por ejemplo, no hay en todo el mundo
occidental ninguna presencia de la cultura africana,
asiática o latinoamericana, ni de nuestros productos por
culpa de las barreras aduaneras...
- ¿Y cómo se lucha contra eso?
- En esos países metropolitanos hay mucha gente que es
solidaria con los pobres de Africa, de Asia o de América
Latina, y la gente quiere luchar en sus propios países para
cambiar estas desigualdades e injusticias. Aunque hace años,
la ONU ha pedido a estos países menos del 1% de sus países y
nadie ha respondido a esto.
Es escandaloso saber que necesitamos 500 millones de dólares
hasta 2015 para erradicar el hambre en el mundo y, cada año
se gastan más de 100 mil millones de dólares para matar.
Algo está muy equivocado.
Por eso, Amnistía Internacional ha hablado bien cuando ha
presentado su informe de 2008 diciendo que en realidad ha
fracasado la declaración de derechos humanos, sesenta años
después de su declaración. Y hay una cosa muy triste, para
mí que soy un fraile dominico: que la Iglesia católica nunca
ha firmado esa declaración. Hay que preguntar por qué.
- ¿Será que históricamente, la religión ha sido más
utilizada para colonizar que para liberar?
- Depende. En el Imperio romano, la religión ha servido para
liberar, tanto que se vino abajo después de tres siglos. En
la Alemania del siglo XIV y XV también, con Thomas Münzer;
en la resistencia antinazi y antifascista, con la
participación de los cristianos; en la teología de la
liberación en América Latina, sirvió para liberar... Y en el
franquismo, en el salazarismo o en la inquisición, para
oprimir. O sea, la religión es como la política, una
herramienta que puede servir para una cosa u otra, según
quien la use.
- ¿Es cierta esa imagen de la jerarquía oficial siempre al
lado de los poderosos?
- Eso también depende de la jerarquía oficial, porque en
Brasil estuvo al lado de los pobres contra la dictadura
militar: monseñor Helder Cámara, el cardenal Evaristo Arns y
muchos al lado de la gente.
Hay jerarcas que efectivamente están dispuestos a pasar por
la cruz, y hay otros que ceden a las tentaciones del
desierto, que quieren el poder, el tener y el placer. Y
tienen miedo de los valores evangélicos.
- Y después de dos mil años de cristianismo ¿aún cree que el
mundo tiene remedio?
- Yo soy optimista. Creo que la humanidad todavía está en su
prehistoria, pero tiene futuro. Porque el sentimiento más
profundo del ser humano es la búsqueda de lo trascendente,
de la solidaridad, del amor, muchas veces por vías
equivocadas.
Pero creo que si logramos conquistar una globalización de la
solidaridad y una cultura con profunda densidad espiritual,
no hablo de religiosidad, hablo de densidad espiritual que
trasciende a las religiones, tenemos futuro.
Este modelo de consumismo, de competencia de la gente, se va
a agotar porque conduce a la barbarie. No hay más futuro
para la humanidad que el de compartir los bienes de la
tierra y los frutos del trabajo humano.
- ¿América Latina puede ser, en este sentido, un ejemplo?
- No lo sé, pero en este momento es la única parte del mundo
en la que hay novedades. Vivimos cambios políticos
interesantes después de siglos de dictaduras y de gobiernos
neoliberales que han producido monstruos como Menem en
Argentina, Collor en Brasil, Fujimori en Perú, Carlos Andrés
Pérez en Venezuela... Ahora tenemos gobiernos democráticos
populares, con más unidad entre nuestros países, más
presencia de la gente...
- ¿Un fraile debe meterse en política?
- Eso es lo mismo que preguntar si una persona debe respirar
oxígeno. Somos todos cristianos, discípulos de un prisionero
político. Jesús no murió de hepatitis en la cama ni
atropellado por un camello en una esquina de Jerusalén.
Murió como tantos en España han sido muertos por la
dictadura de Franco, fue encarcelado, torturado, juzgado por
dos poderes políticos y asesinado en la cruz.
Hay distintas maneras de que un fraile o un sacerdote
participe en la política. Yo nunca estuve en un partido ni
fui candidato, pero sobre todo nosotros somos seres
políticos en la actitud hacia los pobres. Nuestra postura
depende de si se hace una política favorable a los pobres o
a los opresores en este mundo profundamente desigual. No hay
iglesia neutra en política.
- Pero usted fue asesor del presidente Lula y lo dejó.
- No fui para asesorarlo, fui para servir a un programa
llamado Hambre Cero, para servir a los más pobres. En el
momento en que concluí que el programa no tenía futuro,
abandoné el gobierno. Porque mi compromiso no era con Lula
ni con el partido, era con esos pobres.
- ¿Qué opina de que algunos obispos españoles digan que la
Iglesia española está perseguida?
- No. La Iglesia en España está viviendo su oportunidad de
ponerse humilde delante del Estado. Durante muchas décadas,
ha sido privilegiada por el Estado y eso es una
contradicción con la modernidad.
El Estado tiene que ser laico y no tiene que
confesionalizarse o privilegiar esta o aquella denominación
religiosa. Y la Iglesia no tiene nunca que estar bien con el
Estado, tiene que estar bien con el pueblo.
El problema es que en España, durante muchos años, la
iglesia tuvo privilegios, que no son evangélicos, que van
contra el testimonio evangélico.
Ahora debe respetar las decisiones del pueblo. Es lo que
recomienda Jesús, que nunca hizo acuerdos con Pilatos, ni
con Tiberio César, ni con Herodes. Jesús hizo el acuerdo con
el pueblo.
- ¿Su reino es también de este mundo?
- Es el futuro de este mundo. El reino de Dios no está
arriba, está más adelante. Jesús lo dejó muy claro: el reino
es la eclosión de la historia, el rescate del Paraíso
primitivo. Y hay que estar esperanzados.
Una entrevista de M. Muñoz Fosatti en Diario de
Cádiz.