ADOLFO NICOLÁS, S.J.
Collage de datos y opiniones
RESEÑA BIOGRÁFICA
Fernando Franco, S.
I.
Adolfo Nicolás SJ, nació en Palencia el año 1936. Entró en
la Compañía de Jesús en el noviciado de Aranjuez el año
1953. Después de sus estudios de Filosofía en Alcalá de
Henares, en 1960, va a Japón para sumergirse en la lengua y
cultura japonesas. En 1964 comienza sus estudios de teología
en la Universidad Sofía de Tokio y se ordena de sacerdote en
1967.
Después de obtener un master en teología en la Universidad
Gregoriana de Roma, vuelve a Japón para empezar a enseñar
como profesor de teología sistemática en la Universidad
Sofía de Tokio. De 1978 a 1984 es el director del Instituto
de Pastoral en Manila, Filipinas y después Rector también de
la casa de estudios de teología de los jesuitas. De 1993 a
1999 ejerce como provincial de la provincia de Japón.
Después trabaja tres años en una parroquia pobre de
inmigrantes en Tokio. Ayuda a miles de inmigrantes filipinos
y asiáticos en Tokio, una experiencia de primera mano del
sufrimiento de estas personas. De este modo, su amor por los
pobres y oprimidos se convierte en su ministerio más
importante.
En el año 2004 se le vuelve a llamar a ejercer funciones de
gobierno y se le nombra responsable de toda la región
jesuita de Asia meridional que va desde Birmania a Timor
Este, incluyendo la nueva provincia de China. Durante estos
años apoya muy de cerca el crecimiento increíble de la
presencia jesuita en Vietnam y en otros países.
Es el séptimo jesuita español que llega a prepósito general
(los otros fueron San Ignacio, Laínez, Borja, Tirso
González, Luis Martín, Pedro Arrupe).
Un
comentario a un amigo
José M.
Castillo
Yo viví con Adolfo Nicolás, el nuevo General de los
jesuitas, en Aranjuez. Somos amigos. Y es un hombre que
supera todas mis mejores esperanzas sobre esta Congregación
General. Es muy inteligente, muy humano y muy libre. La
esperanza y el futuro no están tan oscurecidos como
pensábamos. Ya ves…
Notas desde Tokio
Juan Masiá, SJ
La
noticia de la elección del P. Nicolás, que hace años se
preveía ya como futuro general es de una gran alegría para
la Compañía. Es un teólogo de primera. Hizo su doctorado en
teología en la Gregoriana con el P. Alfaro, famoso profesor
de Cristología. Ha escrito sobre la vida religiosa y sobre
la teología del progreso.
No fue Rector de la gregoriana, a pesar de que Kolvenbach lo
quería para el puesto, porque lo vetaron varios cardenales
del ala conservadora. Es un hombre que piensa, y piensa muy
bien, ora y dialoga. Es una persona muy equilibrada y muy
abierta. Totalmente en la línea de Pedro Arrupe y del
Concilio Vaticano II. Habla catalán, inglés, francés,
italiano, japonés y alemán.
Su
elección muestra que la Compañía sigue siendo libre y no se
pliega a las presiones de fuera. Estoy seguro de que a los
cardenales romanos (y también a algunas jerarquías
españolas) no les habrá gustado. Pero creo que su elección
será favorable también para la iglesia en España.
Para
mi la noticia es un alegrón. Cuando el P. Royón se desmarcó
de mí con motivo del libro de bioética, Adolfo Nicolás me
apoyó ante él.
Bueno,
estas son unas notas a vuela pluma redactadas a las dos de
la madrugada de Tokio lleno de alegría por esta noticia que
nos hace volver a los días de Juan XXIII y Arrupe. Te Deum
laudamus. Deo gratias!!!
En la
línea de Arrupe
Juan José Tamayo
Normalizadas las relaciones con el Vaticano, los delegados
de la Congregación General han optado por recuperar la línea
de Arrupe, adaptada eso sí, a los nuevos desafíos. Con
Arrupe mantiene no pocas similitudes: los dos son españoles;
fueron destinados muy jóvenes, a Japón (Arrupe en 1938; de
Nicolás, en 1961), donde echaron raíces; se comprometieron
con la renovación de la Compañía de Jesús en una triple
dirección: la inculturación de la fe frente al imperialismo
cultural-cristiano occidental, la lucha por la justicia como
criterio de verificación de la fe y el diálogo con el mundo
moderno, caracterizado por la secularización.
Nicolás es una persona que cuenta con un sólido bagaje
teológico. Es un teólogo profesional que ha dedicado buena
parte de su vida a la docencia teológica. Defendió su tesis
doctoral en 1971 en la Universidad Gregoriana de Roma bajo
la dirección de Juan Alfaro, asesor del concilio Vaticano II
y uno de los teólogos católicos “mayores” que, junto con
Karl Rahner, Congar y Schillebeeckx, contribuyó
decisivamente a la renovación de la teología, recién salida
de la más rancia escolástica.
El
título y tema de la tesis reflejan bien a las claras su
pensamiento: Teología del progreso. Se trata de un estudio
riguroso de las teologías surgidas tras la Segunda Guerra
Mundial, con las que sintoniza: teología de las realidades
terrestres, del trabajo, de la historia, antropología
teológica, teología política, teología del progreso humano.
El
nuevo general es un comprometido con el diálogo
interreligioso en un mundo como el de Extremo Oriente
caracterizado por el pluriverso religioso y la diversidad
cultural.
Dos
jesuitas españoles, dos escenarios.
Antonio Duato
Este
sábado 19 de enero quedará en la historia de la Iglesia como
un momento crítico, como un cambio de tendencia.
En la
Almudena,
con la presencia de casi todos los obispos españoles se
consagraba obispo a un jesuita rebotado de su orden y
acogido como esperanza de renovación por la cúspide de la
Iglesia española.
En
Borgo Santo
Spirito, junto al Vaticano, pero en un gesto
de absoluta libertad, 217 jesuitas representantes de los
casi veinte mil que hay en el mundo elegían a un jesuita
español que se ordenó en Japón, que vivió mucho con Arrupe y
que era el candidato más progresista de todos los que
sonaban.
Verdaderamente no se podía escenificar mejor las dos
iglesias católicas que subsisten en la única Iglesia, aunque
desde hace más de veinticinco años todos las señales que
venían eran en sentido contrario a lo que había representado
la renovación de Juan XXIII y Arrupe.
La
exaltación del primer jesuita obispo de España, Martínez
Camino, que parece llamado a conducir la reconquista
espiritual de España, era como un último parte de guerra: la
batalla contra la secularización y la nueva evangelización
de Madrid y de España está asegurada con tal genio de la
teología y la pastoral.
Sin
embargo lo que venía de “junto al Vaticano”, de ese cónclave
de jesuitas serios y responsables que ostentaban la
representación (casi todos son elegidos democráticamente)
iba en sentido contrario. Al final ha sido un hombre de Asia
(la zona del mundo donde la compañía está más avanzada en
teología y diálogo interreligioso) y, para destacar más la
continuidad con el prepósito general que fue humillado por
Juan Pablo II, un español que ha echado raíces en Japón, lo
mismo que Arrupe. Ha sido un gesto responsable de libertad y
de esperanza en un nuevo tipo de Iglesia y de
evangelización.
La
hoja de ruta
marcada por Roma, con la carta del Papa y el discurso
inaugural del Cardenal Re, será difícil de seguir por un
colectivo que ha recobrado su dignidad y que pedirá razones
y espíritu evangélico para secundar la orientación del papa
actual y de su curia.
La
mayoría de los jesuitas tienen claro que no es ni siquiera
ignaciana esa “obediencia ciega” al papa del cuarto voto,
que ahora esgrimen los de Roma para atar a ese gran
colectivo a la reata de sumisos con anteojeras que tiran del
carro de la restauración.
La
importancia de la compañía no consiste en el número de
miembros que pueda tener en el mundo. Sino en la capacidad
de arrastre y liderazgo en cadena de ideas y actitudes.
Difícil les va a resultar a los funcionarios de Roma imponer
sus doctrinas o sus planes si encuentran una compañía
renovada y de nuevo liderada con decisión evangélica de
llevar el Evangelio de Jesús al mundo real de hoy. Creo que
de esta Congregación General, a largo plazo, podría salir un
nuevo viento de renovación para toda la Iglesia.
¿Dónde estaba el Espíritu hoy? ¿En la Almudena o en Borgo
Santo Spirito?
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