CLAVES DE LA RESTAURACIÓN
EN
LA IGLESIA CATÓLICA
Han
comenzado a sonar la decepción y las alarmas. Nuevos
documentos de Roma nos hacen sacudir la cabeza y
dejarnos entre asombrados y decepcionados. ¿Habremos de
habituarnos a lo imposible, a lo nunca imaginado cuando
la celebración del Vaticano II?
Hay
cosas que imprimen carácter. Y una de ellas es el hecho
de que, el hoy papa Benedicto XVI, fue durante 23 años
el timonel doctrinal de Juan Pablo II. A quien sea
consciente de esto, no le puede extrañar que el Papa
actual haya firmado un Motu Proprio que autoriza
la vuelta a la misa en latín sin tener que pedir
permiso, y un Documento en torno a ciertos aspectos de la doctrina de la Iglesia, que dificulta
claramente el diálogo ecuménico.
No le
puede extrañar si lee estas palabras del cardenal
Ratzinger, recogidas en una entrevista que le hizo
Vittorio Messori y publicadas en 1985 con el título Informe sobre la Fe:
“Resulta incontestable que los últimos veinte años han
sido decisiva-mente desfavorables para la Iglesia
católica… y sus resultados parecen oponerse cruelmente a
las esperanzas de todos”. “Hay que afirmar sin ambages
que una reforma real de la Iglesia presupone un
decidido abandono de aquellos caminos equivocados que
han conducido a consecuencias indiscutiblemente
negativas” (Pgs. 35-36). “Estoy convencido de que los
males que hemos experimentado en estos veinte años se
deben al hecho de haberse desatado en el interior de la
Iglesia ocultas fuerzas, agresivas, centrífugas,
irresponsables o simplemente ingenuas” (pgs. 36-37).
Estas
palabras hablan por sí mismas y nos dan la clave para
entender lo que hoy está pasando en la cúpula de la
Iglesia.
He
aquí unos puntos fundamentales:
1. El
cardenal Ratzinger, negando la experiencia positiva
posconciliar de toda la Iglesia, se apropia del Concilio
y se constituye en su único intérprete.
2.
Declara desfavorable, negativa y equivocada toda la
aplicación pos-conciliar hecha por la Iglesia.
3.
Considera un desastre los frutos del Concilio y,
lógicamente, pone bajo sospecha el mismo Concilio,
impulsado y apoyado por los Papas Juan XXIII, Pablo VI
y el episcopado universal.
4.
Está convencido de que tales frutos no se deben al
“verdadero” Concilio, lo cual equivale implícitamente a
considerar que el Concilio fue un hecho desfavorable,
una equivocación y una cosa que no debió producirse, es
decir, el cardenal rechaza que fuera necesario un cambio
histórico en la Iglesia y que lo fuera en realidad, deja
entrever que el Concilio no aportó nada nuevo y que se
apartó de la tradición multisecular de la Iglesia.
Tiempo han tenido y tendrán los teólogos de mostrar la
inconsistencia del análisis que el cardenal Ratzinger
hace en estos documentos, pero desde siempre ha estado
claro que, como escribió el Sínodo Extraordi-nario,
“el Vaticano II ha sido una gracia de Dios y un don del
Espíritu Santo, del que se han derivado muchísimos
frutos espirituales para la Iglesia universal y las
Iglesias particulares, así como también para los hombres
de nuestra época”. ¿Cómo el cardenal Ratzinger, en
solitario, puede opinar así en contra del sentir
universal de la Iglesia?
No se
debe escamotear lo que fue un hecho irrebatible: el
Concilio vivió un conflicto entre una minoría
conservadora y una gran mayoría renovadora. Lo que esa
minoría perdió entonces lo fue ganando poste-riormente,
contando con la aportación del entonces definidor de la
fe, y hoy Papa, que parecía saber cuál era el Concilio
verdadero y cuál el falsificado, podía afirmar que el
tiempo de la aplicación del verdadero Concilio no había
llegado, que había que hacer tabla rasa de todo y
comenzar de nuevo.
Por
lo mismo, el problema no está en el Concilio, que
permanece intocable, sino en la resistencia que una
minoría le opuso tenazmente y que el Prefecto de la
Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe respaldó
con su presencia e influjo en el pontificado de Juan
Pablo II, confiriéndole autoridad y aires de
oficialidad.
El
papa sabe muy bien que en el Concilio se dirimieron
cuestiones muy graves, relacionadas con nuevas maneras
de entender temas como la naturaleza de la Iglesia, su
relación con el mundo, la libertad religiosa, el
ecumenismo, etc. Cuestiones que implicaban un necesario
y radical cambio histórico.
Afirmar que el Concilio fue apenas pastoral, que no
trató de definir ningún dogma y que, por lo mismo, fue
irrelevante, equivale a desactivar el Concilio o
a una forma de pretender hacerlo. Y los conflictos del
aula conciliar son los que están emergiendo, con la
diferencia de que al apoyo dado por el antiguo Prefecto
se lo da ahora el Papa Benedicto XVI.
¿Hacia dónde va la Iglesia de Benedicto XVI? Los citados
documentos nos lo dicen meridianamente: al preconcilio,
a dar trato de favor a los neoconservadores, a poner en
entredicho el diálogo ecuménico, a situarse de espaldas
a la legítima autonomía de la cultura y de las ciencias,
a posponer, frente a problemas internos que exigen y han
recibido ya nuevos replanteamientos, las grandes causas
de la huma-nidad que, por ser primeras y prioritarias,
deben unirnos a todos.
Los
preconciliares no han abandonado el modelo de una
Iglesia absolutista, no democrática, con un poder
clerical escalonado pero total y omnipresente en la
sociedad, acostumbrada a detentar el monopolio cultural,
religioso y moral, por encima del poder civil y
político. Ese modelo dogmático y arrogante, de una
Iglesia no servidora y anunciante de un Reino de
hermanos y hermanas, en igualdad, libertad y amor, es el
que dicta el regreso al pasado y el miedo a una
auténtica inserción en el presente.
Esta
Iglesia se aleja cada vez más de la tierra, de los
problemas de los hombres y mujeres, y se endurece hacia
dentro y hacia fuera como si ese fuera el camino para
marchar en la dirección de Jesús.
Con
estas actitudes va creciendo en muchos de nosotros la
desafección hacia la Iglesia y la tendencia de muchos a
considerarse “cristianos sin Iglesia”.
Junta directiva de la
Asociación de teólogos y teólogas Juan XXIII
Comisión teológica latinoamericana de la
Asociación ecuménica de teólogos del tercer mundo
Redes Cristianas
Redes Cristianas, 23 de julio 2007
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