El
hecho: Redes Cristianas había elegido con meses de
antelación el Colegio de San Agustín (P. Damián, 18) para
celebrar la I Asamblea de RC. Aceptó de mil amores la
directiva del Colegio. Apenas un mes antes, el Vicario para
la Vida Consagrada, se dirigió al P. Provincial y le
prohibió la celebración en dicho colegio.
Carta dirigida a
D. Joaquín Martín Abad
Vicario
Episcopal para la Vida Consagrada
Le
escribo después de haber celebrado la Primera Asamblea de
Redes Cristianas los días 10 y 11 de noviembre, según estaba
programado. Y lo hago porque la Gestora de Redes Cristianas
me encomendó la búsqueda de local para celebrar esa
asamblea. Sin pretenderlo, me ha tocado vivir los hechos
concomitantes a su prohibición de usar el colegio de los PP.
Agustinos para dicha asamblea.
Para su
conocimiento le adjunto una serie de materiales referentes a
la naturaleza de Redes Cristianas y al acontecimiento de su
Primera Asamblea. Esperamos tenga el sosiego y la lucidez
requerida para leer y entender cuanto ahí se dice como
nacido de miles y miles de personas, que han elegido seguir
a Jesús de Nazaret dentro de la Iglesia católica, en
cumplimiento de las condiciones señaladas para una válida y
legítima pertenencia a la misma.
Si lee
despacio y descifra con inteligencia las luchas, obras,
compromisos y expresiones de cuantos se han integrado en
Redes Cristianas, de una cosa no le quedará duda: que son
miembros vivos y fieles de la Iglesia Católica, que la aman
profundamente y que, por eso, desean anunciar la Buena Nueva
en nuestro tiempo siguiendo el espíritu y pautas del
Vaticano II y rescatar así la fuerza y atractivo originales
que son propios del Evangelio.
Nosotros
creemos en el Evangelio y por eso nos alegra cuanto en la
Iglesia es testimonio de la vida de Jesús y nos duele
cuanto en ella es oscurecimiento del proyecto que El nos
legó. Y como peregrinos y pecadores sabemos que la
adecuación entre el Proyecto-Reino al que El nos convoca
y nuestra vida nunca la lograremos del todo. De ahí, la
crítica y autocrítica y cuantos afanes abrigamos para que
nuestra Iglesia persiga esa adecuación. Y esto vale no sólo
para la comunidad sino también para la Jerarquía, servidora
de esa comunidad.
No sé si
Vd. es consciente de la repercusión que su decisión ha
tenido en esta sociedad mediocrática y de la oleada
de asombro, indignación y descalificaciones que ha
ocasionado y el consiguiente afianzamiento de muchos de
apartarse más de la Iglesia.
¿Su
mandato impositivo cree Vd. que concuerda con el espíritu
del Evangelio y el modo de proceder de Jesús, con las
aspiraciones hoy más comunes de la dignidad humana y de los
derechos humanos, que son consustanciales a todos los
miembros de la Iglesia y que nadie puede suspenderlos en
nombre de la fe?
Lo
ocurrido es más que suficiente para que Vd. entre en su
propia conciencia y por amor a la Iglesia revise su manera
de obrar y no se autojustifique echando la culpa a quienes
están ajenos a sus manejos de falsa ortodoxia.
Vd. tenía
posibilidad -y el deber- de haber hablado con los
responsables de Redes Cristinas y expresarles, si las
tenía, sus dudas, reparos, temores, o lo que fuera, y no
proceder de la manera que lo hizo, a espalda de ellos.
Redes
Cristianas hacía meses que habían hecho público quiénes
eran, cómo y para qué se habían constituido, habían
anunciado profusamente este acto y a unas semanas escasas de
celebrar su Primera Asamblea, sin motivo ni vacilación,
exige Vd. al Provincial de los Agustinos que prohíba
celebrar esa Asamblea en su colegio. ¿Valoró Vd. la cantidad
de tiempo, esfuerzos y gastos que menospreciaba y los
trastornos que provocaba? ¿Sería Vd. capaz de escuchar todo
cuanto se ha dicho contra Vd.?
¿Qué
grado de respeto y comunión demostraba Vd. con toda aquella
gente a la que acusaba de “no estar en comunión con la
Iglesia”? ¿Dónde tiene Vd. definido –se comentaba- lo que es
estar “en comunión con la Iglesia” y desde cuándo es
competencia suya decidir quiénes están en comunión con la
Iglesia y quiénes no, y bajo qué criterios? ¿Dónde ha
depositado Vd. los documentos y pruebas que de una manera
oficial acrediten qué personas de Redes Cristianas son
herejes o depravados y, por lo mismo, desvinculados de la
comunión con la Iglesia? ¿Va a resultar más veraz y creíble
su individual imposición que la decisión multitudinaria,
profesada oficialmente, de quienes provienen de otras
regiones, lugares e instituciones oficiales de la Iglesia?
Por si no
se ha enterado, le hago saber que la Primera Asamblea de
Redes Cristianas se ha celebrado y que su prohibición en
este sentido ha resultado estéril. ¿Sigue pensando que ha
sido justo su comportamiento? Profesionales de la Teología y
del Derecho no dudan en calificar su comportamiento, además
de injusto y antievangélico, de anticanónico, lo cual
da base para estudiar la posibilidad de una denuncia
según Derecho.
Nos
resulta obvio que Vd. desconoce lo que es Redes Cristianas,
de lo contrario no habría procedido así. Su ligereza ha
afectado a miles de personas. Las cosas exigen hacerlas
bien: con respeto y diálogo, dando la cara, con razones, sin
amenazar al P. Provincial de los Agustinos con consecuencias
graves (¿cuáles?) si no obedecía, etc. Lo único que ha
logrado es dañar más la credibilidad de la Iglesia. ¿Se le
puede felicitar por ello?
El mal
está hecho. Vd. verá qué maneras encuentra de repararlo.
Redes Cristianas lo ha encajado con indignación y entereza,
también con paz, pero no con resignación. Seguiremos
combatiendo todo lo que perjudique la verdad del Evangelio y
la dignidad humana.
Sin
mayores disquisiciones todo el mundo entiende que lo hecho
por Vd. es un claro ejemplo de autoritarismo intolerable.
Da la impresión de que Vd. confunde las cosas. Tener
autoridad no quiere decir tener poder para hacer lo que a
uno le dé la gana. Hay que saber obedecer, pero hay también
que saber mandar. La autoridad tiene límites intraspasables;
no sabemos si Vd. se ha parado a pensar en ello y si le
importa mucho.
Atemorizar, imponer, doblegar no es anunciar el Evangelio ni
construir Iglesia. Tiene Vd. mucha gente que en su interior
le va a señalar con el dedo y exijan le releven de una
responsabilidad que no sabe cumplir. Vd. es reincidente en
este tipo de cosas y mucha gente de Iglesia están dispuestas
a actuar según convenga para impedir que estos gestos se
repitan, dañen y desdoren el rostro evangélico de la
Iglesia.
Personalmente le deseo que lea, estudie, medite el Evangelio
y se ponga al día con las exigencias del espíritu renovador
del Vaticano II. Y que, por lo menos, concluya que hay
personas que con todo derecho pueden pensar de distinta
manera a la suya, sin dejar de ser por eso buenos católicos
y que proceder contra ellos como Vd. ha hecho, es un abuso
de poder.
Con
respeto le saluda
Benjamín Forcano
Madrid,
14 de Noviembre de 2007
C/
Fernández de los Ríos, 2-3º-Izq. 28015 Madrid
PD. Con esta misma fecha, mando copia de la carta al Sr. Cardenal D.
Antonio Rouco.
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