NUESTRA
CORRESPONSABILIDAD ECLESIAL
Carta abierta al obispo de Barcelona
y a los otros obispos de la Tarraconense
Queridos hermanos en Cristo, Lluís Martínez Sistach y
obispos de la Iglesia Tarraconense:
Al
acabar un curso de reflexión sobre la Iglesia, sentimos el
deseo de compartir con nuestro Obispo de Barcelona algunos
de nuestros puntos de vista e inquietudes con ocasión de su
visita pastoral a Cornellá. Como no hubo ocasión de hacerlo,
ahora os queremos hacer llegar estas inquietudes a vosotros,
obispo de Barcelona, pero también a los otros obispos de la
Tarraconense, con la voluntad de colaborar en aquella
renovación constante que es propia de la Iglesia, según nos
recordó el Vaticano II.
En
primer lugar tenemos el gusto de presentarnos y a
continuación compartiremos nuestras reflexiones.
La
comunidad Joan N. García-Nieto
Somos
la comunidad cristiana popular Joan N. García-Nieto, de
Cornellà de Llobregat. Hace más de cuarenta años iniciamos
nuestra experiencia eclesial y hoy, después de un largo y
difícil camino, somos más de cincuenta personas, la mayoría
de las cuales procedemos de los movimientos laicos del tardo
franquismo: HOAC, ACO y JOC. Con la gracia de Dios hemos
vivido grandes transformaciones y adaptaciones de acuerdo
con los signos de los tiempos.
El perfil
de nuestra vida comunitaria ha sido, sin duda fruto del
Concilio Vaticano II. Nuestra juventud quedó impregnada e
iluminada por las novedades eclesiales que surgieron de la
inspiración del Papa bueno, Juan XXIII, y de las
conclusiones que el episcopado mundial, guiado por el
Espíritu Santo, supieron traducir en constituciones y
documentos aprobados por mayoría. Para nosotros, en el
momento actual, todavía constituyen guías y referentes
básicos de nuestra concepción de Iglesia.
Durante nuestros inicios nos acompañó sobre todo Joan N.
García-Nieto París, S.J. y también el laico Alfonso Carlos
Comín, cristianos de valor reconocido, que fueron
determinantes para impulsar el espíritu comunitario en todos
y cada uno de nosotros. A pesar de ello, fueron acusados de
comunistas y herejes por determinados sacerdotes que
dirigían algunas parroquias de Cornellá.
Pero
siguiendo el ejemplo de Joan N. García-Nieto hemos tenido
prudencia y audacia para hacer frente a las
descalificaciones y distanciamientos. La jerarquía lo
consideró siempre un político y un líder obrero y despreció
su obra “pastoral”.
Hicimos un largo camino juntos y en su intenso recorrido
sufrió mucho, en buena parte su sufrimiento procedía de ver
una Iglesia poco enraizada en los problemas del mundo, hasta
que su delicado corazón se paró la mañana del 23 de julio de
1994, catorce años exactos después de la muerte de Alfonso
Carlos Comín.
No
murió como muchos hubiesen deseado, participando en algún
mitin político o encabezando una manifestación obrera en el
Baix Llobregat. Joan moría mientras celebraba la habitual
eucaristía de las 8 de la mañana, acompañado de una quincena
de viejitas. Acabada la consagración del pan y del vino, de
repente se desplomó sobre el altar y la sangre de la herida
que se produjo se mezcló con la del cáliz recién consagrado.
¡Qué regalo que Dios le concedió!
La
comunidad siempre ha sido un grupo abierto y promotor de
comunión eclesial en Cornellá y en toda nuestra zona, aunque
reconocemos que hemos tenido ciertas dificultades para
relacionarnos con la jerarquía, excepto con los vicarios
episcopales de aquellos tiempos, Mn. Batlles y Josep Vidal
Aunós, con los cuales colaboramos a través del consejo
pastoral de la zona sur.
Después de aquella muerte de Joan, todos sus detractores de
iglesia se quedaron sin palabras. A nosotros la ausencia de
Joan N. García-Nieto nos dejó anonadados y con cierto temor
por el futuro de nuestra comunidad.
Pero
la obra de Joan había de tener continuidad y pronto su
ausencia la vivimos como una forma de presencia entre
nosotros, dándonos ánimos para continuar adelante, tal como
Jesús hizo con sus seguidores, aun reconociendo, como es
obvio, nuestra pobreza ante la Buena Nueva de Cristo y las
exigencias de su seguimiento.
Sobre
nuestra vida actual, hicimos llegar un resumen a través del
Arcipreste de Cornellá al Arzobispo de Barcelona con ocasión
de su visita pastoral.
Nuestra visión de la Iglesia actual
Queremos ahora comunicaros nuestra visión de la Iglesia,
teniendo en cuenta vuestra gran responsabilidad en su guía.
Nuestra dinámica comunitaria nos lleva a hacer reflexiones
sobre muchos temas que nos interesan, con la voluntad de
afrontarlos desde una actitud profética a ejemplo de Jesús.
Desde
el mes de septiembre del 2007, hemos reflexionado sobre la
situación actual y futura de la Iglesia a través del estudio
de documentos, reflexiones personales, encuentros de
discernimiento en grupos y finalmente haciendo una puesta en
común entre todos los miembros de la comunidad. A lo largo
de la reflexión, hemos tomado conciencia de la importancia
del tema y hemos sentido la necesidad de haceros llegar
nuestras conclusiones como exigencia de nuestra
corresponsabilidad eclesial y de la caridad fraterna.
En
primer lugar, creemos que la Iglesia no hace autocrítica de
los errores históricos y desviaciones del Evangelio.
Acostumbra a usar apologéticas y actitudes defensivas que la
gente ya no acepta. Tuvo lugar el Concilio Vaticano II, que
fue un verdadero brote primaveral. Hoy, después de cuarenta
años, tenemos la sensación de que, sin pasar por un verano
de frutos maduros y abundantes, desde las instancias
superiores del Vaticano y con la colaboración de
determinadas conferencias episcopales, la han puesto en un
invernadero permanente.
¡Cuántos grupos y personas intentamos un verdadero “aggiorna-mento”!
Pero finalmente, desmotivados e incomprendidos, muchos se
han ido quedando por el camino de la historia.
Mucho
más cerca de nosotros, preparamos y celebramos la Asamblea
Diocesana de Barcelona, donde muchos nos implicamos con gran
entusiasmo. ¿Y qué queda? Una de las conclusiones
principales era la de potenciar las pequeñas comunidades,
sin embargo nunca nos hemos sentido apoyados ni nos ha
llegado ninguna iniciativa para recoger nuestras
aportaciones.
Más
tarde tuvo lugar el Sínodo de la Iglesia Catalana. Parece
que todas las conclusiones y esperanzas han sido engullidas
por la Conferencia Episcopal Española. Podríamos aludir a
otros hechos y acontecimientos, pero creemos que los
ejemplos mencionados son suficientemente claros.
En
segundo lugar, queremos manifestar nuestra preocupación por
el progresivo alejamiento de la Iglesia por parte de
diversos sectores de la sociedad.
Históricamente se dice que la Iglesia empezó por perder los
sectores intelectuales, a continuación se desentendió del
ámbito obrero, de lo cual tenemos una experiencia muy
cercana. En las últimas décadas se alejan los jóvenes, a
pesar del esfuerzo que habéis hecho para catequizarlos. Y
hoy serán las mujeres las que, de forma masiva, se alejen de
la Iglesia por el injustificado grado de marginación que
todavía se les impone. Desde nuestra modesta opinión, la
Iglesia representada por los estamentos superiores pierde
credibilidad y autoridad.
Lo
mismo sucede con otros aspectos eclesiales como la
atribución personal del Papa para escoger a todos los
obispos del mundo. Aceptamos que el Papa tenga la
responsabilidad de confirmar en la fe a sus hermanos, pero
no se tendría que atribuir la autoridad de reservarse el
nombramiento de todos los obispos. Creemos que en los
lugares donde la Iglesia está establecida, el nuevo obispo
se tendría que escoger en su propia diócesis y ser aceptado
por la mayoría de los fieles y el nombramiento, como mucho,
debería ser competencia de la Conferencia Episcopal, o
todavía más adecuado del ámbito regional.
En
tercer lugar, desde mucho tiempo atrás los obispos son un
colectivo silencioso y sumiso a las indicaciones y deseos
del Papa. A la mayoría no se les ve con el carisma del
liderazgo y tienen poca capacidad para adaptarse a las
nuevas exigencias pastorales de los fieles.
En
concreto, continúa pendiente una asignatura del Magisterio
que es una decidida colaboración en el crecimiento adulto de
la fe, para que se pueda actuar libre y responsablemente,
sin coartar la libertad y la conciencia de las personas. De
esta manera nos ahorraríamos tantos listados moralistas,
confeccionados a menudo por personas alejadas de los
problemas de la gente y no caeríamos en fundamentalismos ya
pasados de moda.
Como
esto todavía está por hacer, el orden moral está
estratificado con capas de decisión-poder y capas de
obediencia. Así se explica el sufrimiento de muchos
cristianos cuando nos desviamos de los dictámenes del
Magisterio.
Las
declaraciones de la CEE, desde hace mucho tiempo, más que
declaraciones para dar ánimos a los creyentes resultan
“regañinas constantes” contra el gobierno español o contra
leyes aprobadas democráticamente por el Parlamento español o
contra todos aquellos que no son fácilmente sumisos ni de
derechas. Estamos bastante cansados de ser guiados por unas
autoridades que dicen gobernar en nombre de Jesucristo.
En
Cataluña todavía sufrimos los ataques, descalificaciones y
mentiras por parte de la COPE, que desprecian nuestra
cultura, nuestra historia y nuestra gente. Nos consta que
los obispos de Cataluña hacen alguna cosa para enmendar esta
situación totalmente inaceptable, pero resulta del todo
insuficiente. Es necesaria una denuncia decidida para evitar
que un medio de comunicación avalado por la jerarquía
española actúe de forma tan partidista y tan alejada del
mensaje evangélico, expandiendo odio y menosprecio.
Para
acabar, queremos manifestar que es necesario recuperar la
Iglesia como comunidad, como pueblo de Dios, con mecanismos
para el diálogo fraternal, con dedicación preferente hacia
los más pobres y desvalidos (a menudo desconcertados y
ofendidos por el fasto y los signos pomposos de la cúpula
eclesial). Una Iglesia donde todos nos podamos sentir
corresponsables y con reconocimiento de todos los carismas
como aportaciones valiosas para completar el cuerpo místico
de Cristo.
Hemos
querido hacer uso de nuestra libertad cristiana y de nuestra
corresponsabilidad eclesial, con afecto y respeto y muy
conscientes de que también nosotros formamos parte de esta
Iglesia necesitada de reforma.
Atentamente
Comunidad Cristiana
Joan N. García-Nieto
Cornellà de Llobregat (Barcelona).
Publicado en
ECLESALIA