Bienvenido, Pepe.
Me preguntan: ¿qué le ha pasado a Pepe? ¿lo han
echado? ¿quién lo ha echado? ¿los jesuitas?
¿Cañizares? ¿Rouco? ¿Ratzinger? ¿nuevamente aquel
Sebastián?
Me repreguntan: ¿qué busca Pepe a su edad? Si no lo
han echado ¿cómo es que se va ahora cuando más
necesita el hombre el calor de un hogar?
No he hablado contigo estos días. Pero sí lo hice
después de que la editorial Sal térrea te había
comunicado que un último libro tuyo no conseguía el
nihil obstat episcopal. Y me lo comentabas el mismo
día en el que unos curas de la ganadería de COPE, a
las tres y media de la tarde, se alegraban de la
condena del Vaticano al jesuita Jon Sobrino. Y
terminaban el comentario con la perversa coletilla
de que “ahora irán cayendo otros más como José María
Castillo”. Te hizo daño, como me hizo daño a mí.
No. No te vas por esos comentarios de la ultra
conservadora línea COPE.
Yo creo que lo has hecho porque necesitas respirar.
Son muchos años, hostigado y perseguido por una
secta de indocumentados que pretenden, desde antes
de Franco, durante Franco y después de Franco,
identificar su iglesia con la iglesia de Jesús. Y,
hoy por hoy, lo han conseguido.
Respira, Pepe. Nada se puede construir, ni siquiera
una vejez, sin libertad.
No hay persona sin libertad. No hay fe sin libertad.
¿De qué te sirve ser teólogo si tu teología y tu fe
han de pasar por el filtro de los escribas del nuevo
templo?
Finalmente. Algunos sabios cercanos dicen que además
de teólogo te has convertido en sociólogo o
economista. Y que de eso tú no sabes.
Respondo. Que yo sepa, los teólogos del Antiguo
Testamento, los profetas se metieron siempre en la
realidad social con interpretaciones más o menos
ajustadas. Al gran Isaías se le considera el profeta
de Asuntos Exteriores.
¿No será que quieren verte con el rosario en las
manos junto a Ratzinger y a Martínez?.
No tengas miedo. Animo. Te queremos los que creemos
en Jesús, del que tantas veces has hablado y
hablarás.
Luís Alemán Mur
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