BIENAVENTURADOS LOS POBRES
El
Papa Ratzinger proclama que "las dificultades, las
incertidumbres y la misma crisis económica que en estos
meses están viviendo tantas familias y que afecta a toda la
humanidad pueden ser un estímulo para descubrir de nuevo el
calor de la sencillez, la amistad y la solidaridad, valores
típicos de la Navidad".
La
sencillez, la amistad, la solidaridad no pueden ser,
Santidad, valores típicos de Navidad. No pueden
identificarse con el turrón, el cava, los polvorones y los
niños de San Ildefonso coronando a los nuevos ricos de
diciembre. Hay actitudes que son, que deben ser, cosecha de
todo el año, de toda la vida.
Las
dificultades económicas que sufre el mundo tienen su origen
en la injusticia, la soberbia, la codicia, la prepotencia de
los ricos contra los pobres, la esclavitud elegante, pero
esclavitud, que practican los poderosos contra la mayoría de
la humanidad.
Y
esta lacra debe ser enérgicamente denunciada y nunca
aprovechada para retomar unos valores envueltos en celofán,
exigidos en nombre de un Cristo falseado por traicionado.
África se muere de hambre, de sed, de sida. No vive por eso
las mejores condiciones para sembrar valores que le están
siendo negados por el mundo de la abundancia y el derroche.
Sólo en España, octava potencia, reserva de los valores de
occidente y obstinadamente cristiana, seiscientas mil
familias tienen a todos sus miembros sin trabajo. Parados
producto de la crisis ambiciosa de los que han hecho de la
riqueza mundial un patrimonio que sólo disfrutará el veinte
por ciento, mientras el ochenta por ciento de la miseria
conscientemente diagramada se amontona sobre las espaldas de
una mayoría aplastada.
Hay
dinero en el mundo, Santidad. Suficiente dinero para guerras
preventivas, para explotar manantiales de petróleo, para
invertirlo en sangre derramada y rentable que cotiza en
bolsa, para construcciones faraónicas que rezuman
sudor-albañil, para una emigración miserable y volandera que
trae a los países ricos mano de obra barata e ilegal.
Esto es lo que hay que denunciar, Santidad, con todas las
energías que proporciona un evangelio preocupado por lo
profundamente humano. Pero evidentemente resulta imposible
este enfrentamiento real con la injusticia desde las
coordenadas de una Iglesia no comprometida en la lucha de
los más abandonados, que asume la pobreza como un adorno,
como un anestesiante de conciencia y no entiende por eso una
teología de la liberación.
Su
discurso, Santidad, suena a ironía, a afrenta, a escarnio.
De las bienaventuranzas de la pobreza están excluidos todos
los que no asumen al hombre como valor supremo ante un Dios
que experimentó la hombría y todavía está entre nosotros.
Ser pobre significa reconocer las limitaciones ontológicas
de lo humano. Empujar a la pobreza constituye un genocidio
al que no es ajeno la Iglesia.
NAVIDAD ES EL HOMBRE.
Rafael
Fernando Navarro
http://marpalabra.blogspot.com