EL
CLERO ANGLICANO QUE
ENTRA EN LA IGLESIA CATÓLICA
A la
Iglesia anglicana pertenecen unos 73 millones de personas.
El sector minoritario, más retrógrado e inmovilista de los
anglicanos (se calcula en unos 500.000), opuesto al
sacerdocio de las mujeres y de los homosexuales y también a
la posibilidad de ordenar a mujeres como obispos, es el que
el Vaticano quiere incorporar ahora integrándolo en la
Iglesia Católica.
Es
significativo que no se den gestos de acercamiento al sector
mayoritario de la Iglesia luterana, partidario de la
ordenación de mujeres, incluso como obispos, de la
opcionalidad del celibato, de la aceptación de matrimonios
de homosexuales y lesbianas incluso de su ordenación. La
Iglesia anglicana es mucho más democrática en su forma de
actuar que la católica, menos verticalista y jerárquica.
Para
ello, el Papa elaborará un documento solemne (una
Constitución Apostólica) con normas específicas que regulen
este proceso de integración respetando sus tradiciones. Se
pretende formar un Ordinariato (una especie de diócesis no
territorial sino personal, como las vicarías castrenses o el
Opus Dei) de modo que ese colectivo dependa de un obispo
anglicano, soltero, o de un presbítero, que sería su
superior.
No nos
parece casual que, aunque se diga que esto no tiene nada que
ver con las negociaciones para integrar también a los
lefebvristas (negociaciones que empiezan el 26 de Octubre)
estos dos procesos casi coincidan en la fecha.
Nos
hacemos la siguiente reflexión:
Parece
que Benedicto XVI quiere compensar la falta de vocaciones y
de sacerdotes con decisiones como éstas: aumentar el número
de curas, incorporando a los elementos más reaccionarios y
tradicionalistas de lefebvrianos y anglicanos conservadores.
Es
bastante sospechosa la práctica aperturista que sólo se hace
realidad de cara a personas, grupos o comunidades de talante
conservador o ultraconservador.
Nos
parece una práctica arbitraria aceptar curas casados dentro
de la Iglesia católica romana a los que provienen del
Anglicanismo y negar esa posibilidad a quienes han estado
integrados de siempre en el Catolicismo. Razones pastorales
las hay en ambos supuestos; y demanda de las comunidades,
también.
Es
inadmisible este acercamiento del Papa con estos sectores
tan conservadores al tiempo que se cierra en banda para
cualquier acercamiento al sector mayoritario anglicano y
niega cualquier posibilidad de replantearse la opcionalidad
del celibato, cuestión ésta que -queda ahora más claro- no
tiene nada que ver con la fe ni la tradición de la Iglesia.
Esta
decisión del Vaticano no hace sino subrayar la legitimidad
de nuestra reivindicación: el ministerio presbiteral y el
celibato pueden no coincidir; su unión mediante ley es una
decisión legislativa que puede ser cambiada en cualquier
momento, como parece argumentarse en este caso, por
necesidades o decisiones pastorales concretas.
Por eso,
gestos de este tipo sólo nos demuestran que Benedicto XVI
da una nueva vuelta de tuerca hacia la derecha en el giro
que lleva imprimiendo a su pontificado desde que llegó. Y
también que, en relación con el diálogo ecuménico, este Papa
no dialoga: sólo impone sus condiciones, sin aceptar más que
lo que le interesa. Mal camino éste para el diálogo
ecuménico.
MOCEOP
23 de Octubre de 2009