IGLESIA     

                             
                              

 

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Yo defiendo a Federico

 

 

 

La COPE es Cadena de Ondas Populares Españolas. Sociedad anónima cuya mayoría accionarial está en manos de la llamada Conferencia Episcopal de España.

 

La Conferencia Episcopal no es igual a iglesia de Jesús. La Conferencia Episcopal es un organismo muy eficaz para la defensa de la Cristiandad.

 

Cristiandad no es lo mismo que Iglesia de Jesús. La Cristiandad se fue creando a la sombra de la fe en Jesús. A veces en contra del evangelio de Jesús. Pero siempre, para bien o para mal, en torno al evangelio de Jesús.

 

“Las iglesias de Jesús” se congregan en torno a la persona y doctrina de Jesús: Jesús con su enseñanza, su muerte, resurrección y su promesa de vuelta final para dar sentido a lo que ahora no tiene sentido es el único carné de identidad.

 

Y, desde el principio, florecieron comunidades, “servidas” o coordinadas por uno varios presbíteros. A uno de ellos se le llamó “Obispo”, no desde el principio, pero sí desde antiguo. Debía ser elegido por los fieles y los demás presbíteros, y nunca por otro poder o iglesia vecina o lejana que se considerara más dueña.

 

Salvo que, por conflictos internos originados en una concreta comunidad, se hiciera imprescindible una  mediación de una iglesia hermana para conservar la unidad. Cuando el conflicto era de más envergadura o era entre varias iglesias, se acudía a la iglesia de Roma, sembrada de sangre de mártires, visitada por Pablo, y el rumor de la presencia y martirio  de Pedro. Y quieras o no, cabeza del Imperio.  

 

Pero ese “señor” (!) obispo que sirve y coordina no es, ni fue nunca, de ninguna manera, el sucesor de ningún apóstol. Ni dueño de la comunidad. Simplemente, servidor y representante de la comunidad, elegido por ella, con la misión de conservar y fomentar la fortaleza de la fe en el Señor. La comunidad creyente es la continuidad de la llamada comunidad apostólica.

 

Las actuales Conferencias Episcopales son órganos posteriores, creados bajo el sueño político-ideológico de “cristiandad”. En el trasfondo del megaplan de la Cristiandad está Agustín de Hipona, padre de la Cristiandad y padre conceptual de la Europa cristiana.

 

La “cristiandad”, -como hoy la Unión Europea-, genera un sistema legal, representativo, organizativo, combativo. La Cristiandad no tiene por qué coincidir con el evangelio. Incluso, a veces, fue y es contrario a la doctrina de Jesús. Pero ha demostrado, a lo largo de los siglos una eficacia decisiva en el diseño de la sociedad e incluso en el reparto geográfico del mundo.

 

El concepto y la realidad de cristiandad ha sido con frecuencia, de hecho, motor de occidente. No es lo evangélico, aunque tiene una referencia y contenido evangélico evidente. No es cristiano, aunque sería ininteligible sin el cristianismo.

 

 

En su haber, en el de la cristiandad, se pueden anotar gran parte de los mayores adelantos en los pueblos. En su debe se puede cargar un abundante número de crímenes contra hombres y mujeres. Y ahora sí añado, específicamente: mujeres, porque han sido ellas especiales victimas de la cristiandad. Aunque no tanto como en el mundo musulmán. La cristiandad ha fomentado guerras sangrientas, y por motivos muy poco evangélicos.

 

Hay quien aprueba y hay quien suspende el saldo contable de la cristiandad con la historia.

 

Transformar lo “cristiano” de las primitivas comunidades en Cristiandad resultó el mejor instrumento para intervenir con eficacia en la vida civil y política, frente a, o en unión con, los Estados que gobiernan las naciones. Europa, en gran parte es fruto de la cristiandad.

 

No sabría decir si la “cristiandad” hizo, en determinados tiempos, más cristiana a la sociedad. Lo que sí afirmo es que, hoy, la cristiandad como referencia evangélica ha muerto. Ese tiempo pasó. Y pienso, no sin temblor, que la cristiandad ha de morir, antes o después, como murió Jesús para que floreciera el auténtico Reino del Padre anunciado por él.

 

El concepto y realidad de cristiandad es imprescindible, hoy, para comprender la diferencia entre iglesia de Jesús y Conferencia Episcopal. Diferencia entre Evangelio de Jesús y Conferencia Episcopal.

 

 

Federico Jiménez Losantos.

 

Fundamentalmente es un político. Quizá uno de los pensadores políticos más cultos, mejor preparados intelectualmente en la España actual.

 

Admitamos la vieja y equívoca división entre izquierdas o derechas. Pero si se quiere seguir usando, es imprescindible una generación de pensadores, filósofos, políticos que puedan ofrecer estructuras económicas, convivenciales, religiosas, que suplan las caducas y fracasadas izquierdas del siglo XIX y XX.

 

Frente a un Federico no bastan, los Alfonsos Guerras, Pepiños, Zapateros, Calderas, Sorias, Lasalles, las Carmen Chacón, Malenis, etc.

 

Federico dice que es ateo. Le honra que lo diga. Ha habido papas, obispos y curas que son o fueron ateos y nunca lo confesaron.

 

El marco ideológico que defiende se construye sobre el concepto y la historia de la Cristiandad, como realidad histórica y como cultura. Y por eso lo defienden Rouco, Cañizares, y otros cardenales y obispos españoles que no sabrían defender “su Cristiandad” como Federico.

 

Otros de la Conferencia Episcopal no lo quieren, dado el cacao mental que padecen al pertenecer, por una parte, a la Conferencia Episcopal Española y, por otra, ser nacionalistas. Son los que buscan en sus diócesis una mini cristiandad.

 

Entre los cristianos progresistas, hay quienes le odian. Entre mis amigos, muchos. Dicen que es poco cristiano en sus críticas duras, crueles, incansables. Sólo el afirmarlo me huele a hipócrita. En cuanto a insultos o ataques directos, estamos saturados en prensa, parlamentos, iglesias y documentos pontificios.

 

A Federico, a pesar de manifestarse ateo, le interesa la Cristiandad como fundamento de España. No entiende a España sin la Cristiandad. Es un pensador de la Cristiandad, como Ratzinger, como Rouco, como Cañizares, como el dulce y gelatinoso Blázquez.

 

A mí me da rabia, y creo que pierde prestigio, cuando se mete a teólogo, y habla por ejemplo de la teología de la liberación. Debería dejar ese campo. Ese asunto, además de sus consecuencias políticas, es fundamentalmente consecuencia de dominar el contenido evangélico. La teología de la liberación es todo un enfoque distinto del cristianismo tradicional tridentino. Y critican esa teología o los ignorantes o los interesados que no quieren abandonar la Cristiandad política. Sin ir más lejos, el funesto Juan Pablo II.

 

Critica, por ejemplo, con dureza y demasiada ligereza a las comunidades de base. El catecismo Ripalda no basta para enjuiciar las misas de S. Carlos Borromeo. Pienso que lo hace más bien para halagar a sus patronos, Rouco y Cañizares. Y también instigado por su amigo, el ultraconservador protestante, Cesar Vidal.

 

No conviene olvidar que entre el protestante Cesar Vidal y la católica Cristina López (de segundo apellido irrepetible) dirigidos por un tal Restán, marcan el pensamiento más rancio del más rancio cristianismo medieval. Una Cristiandad sin pasar por el Concilio Vaticano II.  Cristiandad, que por definición, intenta gobernar el mundo, y se cree única poseedora de la verdad.

 

Estos últimos “teólogos y catequistas” de la COPE hacen más daño a la Iglesia, a España y al Partido Popular que Federico Jiménez Losantos.

 

Federico a quien hace daño es a los seudoprogresistas, a los botarates infectados de zapaterismo (según el educado Rajoy: bobos solemnes), a los cobardes políticos sin bagaje ideológico.

 

Si no existiera Federico, habría que pedir a Yahvé un profeta. La política suele ser lo más sucio, lo más engañabobos, y siempre será imprescindible un bisturí en la palabra. Y eso es lo que duele, la libertad y la porquería denunciada.

 

No me gusta el Federico teólogo. Pero creo imprescindible el Federico político.

 

Durante la década de los sesenta fui director de Radio Popular de Córdoba. Además, durante todo el periodo fui miembro del consejo directivo de lo que empezaba a ser una Cadena. Siempre elegido por los directivos del resto de la “Cadena”.

 

El Señor Fraga me persiguió con sus delegados de Información y Turismo. No me concedieron el pasaporte hasta después de la muerte de Franco.

 

En aquellos tiempos duros, en Córdoba, fue Radio Popular el único medio de difusión que se jugó el pellejo por un tantico de libertad. Y era una emisora de los jesuitas. Después llegaron los libertadores: González, Guerra, Yanes, Chaves… ¡Ah, y Fraga!

 

Veo mucha mentira, y muchos intereses bastardos en la crítica a Federico. No coincido con su visión de la Iglesia. Hay Cardenales que utilizan este látigo contra el gobierno. Hay Cardenales y Obispos que se escudan en la bondad cristiana para criticarlo.

 

Yo. Personalmente yo, veo mucha hipocresía. Yo prefiero que siga hablando, aunque no comparta conmigo el pan de mi fe, ni me considere político de ninguna ganadería.

 

 

Luís Alemán