ESCÁNDALO
Creo que viene bien aquí y ahora una consideración sobre el
escándalo, porque es un tema permanentemente presente en la
iglesia y a propósito de la iglesia. Dentro de la iglesia
existen hoy varios escándalos de muy diversa especie.
Trataremos algunos.
La iglesia que se siente más oficial, más “de siempre”,
suele escandalizarse de la predicación del evangelio. Jesús,
limpio de cualquier interpretación añadida por la historia,
las tradiciones… escandaliza. Me ha ocurrido personalmente:
escribo un artículo sobre “los publicanos y las prostitutas
os llevan ventaja en el Reino”… y recibo cartas indignadas.
No pocas veces hemos olvidado que Jesús fue causa de
escándalo. Le llamaron endemoniado, comilón y bebedor,
loco, lo tuvieron por hereje y pecador… y lo condenaron a
muerte por blasfemo. Este escándalo que Jesús produjo está
muy cercano a la persecución que acompaña a todo seguidor de
Jesús, como acompañó a Jesús mismo.
Más aún: si no producimos escándalo de nadie, me parece que
es un mal síntoma: no nos parecemos al maestro. Nuestra
sociedad prima el poseer y el consumir, se afana por
mantener el status de las clases más privilegiadas, mantiene
al tercer mundo como despensa a explotar y mercado donde
negociar, mantiene las guerras de países lejanos
vendiéndoles armamento, deforesta, contamina ….
Profese de palabra lo que profese, esos son sus “valores”
reales. ¿Pueden vivir tranquilamente, admitidos y
apreciados, los que profesan valores radicalmente opuestos?
Los que siguen los criterios y valores de Jesús
necesariamente escandalizarán.
Este escándalo se muestra en realidad en la vida cotidiana y
debemos aprender a reconocerlo:
·
unos padres que se escandalizan de que sus hijos no elijan
profesiones o puestos en que se gana más dinero
·
unos compañeros de trabajo que marginan a otros porque no
meten horas para tener más tiempo para estar con sus hijos
ni pretenden a toda costa medrar en la empresa
·
una familia que vive tan modestamente que sus amistades se
van apartando
·
un templo parroquial en que la eucaristía se celebra sin
adornos, compartiendo la palabra… y algunos feligreses se
van porque les están cambiando la misa….
Me parece que estos son síntomas buenos: que lo malo es que
no se dan muy frecuentemente.
Recuerdo un caso muy concreto. Se casó una pareja, de
“familias bien”. Se fueron de cooperantes a un país
americano. Volvieron a los tres años. Tuvieron un niño. Lo
bautizaron en los locales parroquiales donde celebraban sus
reuniones con su grupo de revisión de vida: todo muy
sencillo, ceremonia compartida y dialogada… y una merienda
de tortilla de patatas, frutos secos y zumos de frutas… Y
sorprendí la conversación de las dos abuelas, que habían
acudido un tanto emperifolladas, y comentaban: “Nosotras los
educamos bien, pero cayeron en manos de los curas, los
grupos cristianos y todas esas cosas… y nos los han echado a
perder”. La verdad es que me sentí feliz al escuchar su
escándalo.
Hay otros escándalos dentro de la iglesia: por ejemplo, el
escándalo de mucha buena gente y de muchos sinceros
seguidores de Jesús por las trampas, ambigüedades y
concesiones de personas relevantes de la misma iglesia.
·
Cuando se contemplan eucaristías fastuosas en las que
participan, y aun comulgan, personajes públicos de más que
dudoso comportamiento, e incluso manifiestamente corruptos,
los cristianos normales se sienten profundamente alterados.
·
Cuando se asiste a procesos de canonización en los que todas
las normas anteriores se alteran para conseguir un resultado
en poco tiempo o se asiste a nombramientos sometidos a
presiones ideológicas manifiestas… los cristianos normales
piensan que en la iglesia hay tráfico de influencias y
afanes de poder y de prestigio.
·
Cuando la declaración de nulidad de un matrimonio cuesta
miles de euros y está por tanto al alcance de los más ricos…
la gente piensa que no prima le verdad y el sacramento sino
el negocio.
·
Cuando se margina sistemáticamente la doctrina del Vaticano
II, cuando la ideología eclesiástica se funda más en el
derecho canónico que en el evangelio (que deberían estar muy
muy de acuerdo pero no lo están), cuando en materias
opinables las opiniones que no se amoldan sumisamente a las
oficiales son perseguidas con métodos inquisitoriales a
menudo despiadados… no pocos cristianos dudan de que todo
eso tenga algo que ver con el Espíritu de Jesús.
Estamos hablando de escándalos graves, pero hay otro aún más
grave. Nosotros, los países de occidente, o del norte o como
le quieran llamar, hemos sido históricamente y somos
actualmente los responsables de buena parte de la pobreza
del resto del mundo y los causantes de estragos mundiales
tales como la esclavitud, la desaparición de culturas
enteras, de las peores guerras y genocidios de la historia,
del quizá irreversible deterioro del planeta … y todo esto
ha convivido durante siglos, y convive hoy con el hecho
sorprendente de que precisamente en estos países está el
mayor número de gente bautizada, y que, incluso ahora, un
considerable tanto por ciento de sus habitantes se
manifiestan como “practicantes”, aunque tal expresión tenga
significados bien ambiguos.
Por centrarnos en el hoy y en el nosotros: el panorama de la
pobreza, la desnutrición, la mortalidad infantil, la
explotación de los niños… está presente en todos nuestros
televisores día a día, semana tras semana… Pero nosotros
parecemos inmunes, incapaces de con-padecer. Nuestro nivel
de vida, los presupuestos nacionales o regionales… son
intocables.
Esto significa que para todas las víctimas, nuestro Dios no
trabaja por ellos, sino por nuestro bienestar a costa de
ellos. Esto sí que es un escándalo en estado puro, la
definición misma de escándalo: impedir con nuestro
comportamiento que otros puedan creer.
Creo que llegamos a la definición misma de escándalo,
impedir el acceso a Dios, cuando contemplamos el fenómeno
asombroso de naciones cuyo nivel de corrupción es
elevadísimo, más elevado cuanto más elevadas son las clases
sociales, máximo en las clases políticas, países en los que
son precisamente esas clases elevadas las más
confesionalmente católicas, las que más apoyan al culto, a
las devociones…
¿Dónde está la voz de la iglesia? Pues, mire usted por
dónde, la voz de la iglesia (y me refiero a la voz oficial
de la iglesia) está, no pocas veces, dedicada a hacer la
vida imposible a los pocos que levantan su voz contra toda
esa corrupción, explotación y miseria.
Todo esto produce asombro, confusión, escándalo. Se recibe
la impresión de que en amplios sectores de la iglesia han
pasado a segundo término o se han olvidado los pilares del
evangelio: “a mí me lo hicisteis”, el resumen de la Ley en
el amor a Dios y al prójimo, la construcción de un Reino de
hijos…
El escándalo de la gente que sinceramente quiere seguir a
Jesús y quiere hacerlo en la iglesia adquiere en nuestro
tiempo niveles de ruptura. Hay muchos seguidores de Jesús
que no reconocen en esta iglesia al Espíritu de Jesús. Y al
leer en el evangelio de hoy la exhortación de Jesús a cortar
lo que nos escandaliza nos sentimos horrorizados porque nos
creemos invitados a cortar con lo que debería ser el soporte
mismo de nuestra fe.
José Enrique
Galarreta