SOBRA LA GENTE
Llego a la conclusión de que sobra la gente. Sobramos
todos.
¿Y quiénes somos los que sobramos? Sencillamente los que
no tenemos la sartén por el mango. ¿De qué sartén se
trata? ¿del poder económico en manos de unos pocos, cada
vez menos?
Este pensamiento tan triste me invadió leyendo que un
grupo empresarial de medios de comunicación de este país
va a reducir su plantilla en unas 2.500 personas
(“gente”). Pero, como la misma empresa publica
ostentosamente, sigue dando beneficios “económicos”, que
desde luego no están destinados a la “gente que sobra”
según los criterios de los pocos que manejan el gran
cotarro económico-mundial.
Sobran los niños, cuesta criarlos y educarlos.
Sobran los jóvenes que quieren un trabajo digno que les
permita construir su vida sin dependencia de sus
mayores.
Sobran los adultos que quieren mantener su puesto de
trabajo para seguir atendiendo a la familia y pagando la
hipoteca.
Sobran los viejos que se dejaron la piel construyendo la
sociedad del bienestar y ahora parece que es molesto
ocuparse de que estén bien atendidos y cuidados.
Sobran los pobres que caen en la zanja de la exclusión
social, que cada día es más ancha y más profunda.
Sobran los emigrantes, salvo que se ajusten al patrón de
mano de obra esclava.
Sobran, y mucho, los que denuncian la injusticia, la
opresión y la falta de derechos.
Sobran… los que ya no tienen voz, ni ánimos, ni fuerzas.
Pero al mismo tiempo y leyendo las noticias sobre la
muerte de Samuel Ruiz, obispo de Chiapas, defensor de
los indígenas, recordé una entrevista que le hicieron
hace ya bastantes años en televisión, en la que el
periodista le preguntó cuál era su opinión sobre el
capitalismo neo-liberal. Samuel Ruiz, con una voz serena
y de forma escueta, se limitó a contestar: “Es la
bicha”. La vida de este obispo me elevó el ánimo.
La bicha que decía D. Samuel se está comiendo a la gente
que sobra y está engordando a un ritmo peligroso.
Imagino que tendrá su sitio en Davos, en estos días que
hay que seguir partiendo y repartiéndose la tarta
económica mundial.
Menos mal que el pasado domingo escuchamos una vez más a
Mateo 5,1-12 que nos repitió, en palabras para el tiempo
de hoy:
“Bienaventurados los que sobran porque serán acogidos,
abrazados y se les dará la creatividad, la fuerza, la
solidaridad y el amor que les permita enfrentarse a la
“bicha”, ayudados por sus pastores que serán la voz
principal en el camino de los que no tienen voz”.
Mari
Paz López Santos
Eclesalia