Retroceded, canallas
Qué oportuna la cita encontrada en “La ventana
indiscreta”, el blog de Federico de Carlos:
“Pertenecer a la Iglesia lleva consigo aceptar la
compañía de canallas, de gente belicosa, de
farsantes, pederastas, asesinos, adúlteros, e
hipócritas de todo tipo.
Ahora bien, en la Iglesia también estás siempre
acompañado por los santos, y en ella te identificas
con las personas más sublimes: gente llena de un
espíritu heroico y de un alma tan bella como única.
La Iglesia
sigue mostrando la misma imagen que nos ofreció ya
desde el comienzo: en la crucifixión, Dios colgado
entre delincuentes”.
(R. Rolheiser, The Holy Longing)
Como del sector canallesco ya tenemos el cupo
suficientemente cubierto, insisto en el otro con
este fragmento de una carta de un Hermano de Jesús
(de C.de Foucauld) que, después de mucho tiempo
dedicado a tareas de gobierno (antes había sido
barrendero), se reincorpora a la vida laboral
limpiando un supermercado.
«Somos tres hombres en el equipo de mantenimiento y
empezamos muy temprano, antes de la llegada de los
clientes. El ambiente es simpático, me he sentido
acogido enseguida y ahora formo ya parte del
paisaje. Me admira la paciencia de mi jefe, su
preocupación por enseñarme los trucos del trabajo y
de cómo hacerlo sin dañarme la espalda; tiene que
aguantar mi lentitud y mi perfeccionismo en un
trabajo que hay que hacer muy deprisa. Estoy
contento de reencontrar las cosas simples que hacen
la vida agradable: recordar un nombre, intercambiar
una broma, saludar al que llega nuevo.
Los contactos con los clientes son pocos pero para
mí llenos de sentido, como pequeños mensajes en mi
buzón de entrada.
Algunos ejemplos:
·
Mientras recogía la basura del parking, una señora se me
acerca y me dice: “Tenga mucho ánimo: mi hijo
hace el mismo trabajo que usted y hace falta valor
para dedicarse a esto”. Gracias “petite mère”,
quizá habías soñado un trabajo mejor para tu hijo,
pero tu corazón de madre ha sabido guardar la
capacidad de valorarlo. Y gracias por hacerla
extensiva a todos sus colegas.
·
Viéndome levantar la enorme tapadera de un cubo de basura, un
niño se me acerca: « ¡Ghuauuu! ¿Cómo lo
consigues? ». Bravo, chaval: tu mirada de niño
es capaz de ver lo extraordinario en algo tan
corriente.
·
“¿Está usted rezando?” me dice sonriendo una señora que me
ve de rodillas limpiando el borde de un escalón. ¿Me
lo recuerda o me está invitando a hacerlo?
·
Cerca de la entrada del súper suelen rondar personas que viven en
la calle y duermen por ahí a veces. A uno de ellos,
muy conocido, todo el mundo le llama Jesús, quizá
porque su hermosa mirada triste, sus ojos y su barba
hacen pensar en él. Ahora que nos conocemos le llamo
por su nombre e intercambiamos siempre algunas
palabras cuando paso cerca de él. Una tarde, cuando
ya me iba, me llama: “¡Oye!, Gracias por el
respeto…” Palabra de Jesús.
·
“Ante todo, lo humano” leo en un cartel de propaganda de
un partido político. ¿Por qué tener miedo de la
expresión? Nadie más humano que Dios después de la
venida de un tal Jesús de Nazaret, y nadie nos habla
mejor de Dios después de que un cierto humano
Adan-Eva fuera creado a su imagen…
·
“¿Para qué sirve lo que haces? Con tu experiencia podrías
hacer cosas más útiles”, me dicen algunos
amigos. De entrada, lo que me sale contestar es que
me gusta esto y que me siento bien aquí. He pillado
esto al vuelo en una homilía: En Caná, el
maestresala no sabía de dónde venía el buen vino
mientras que “los sirvientes sí lo sabían, porque
habían sacado el agua”: estar situado en el
revés del milagro, allí donde Dios necesita mi
colaboración y mi deslumbramiento.
·
“El Señor no desprecia la súplica del huérfano ni de la viuda
cuando ella expone su queja. ¿Acaso no corren por su
mejilla las lágrimas de la viuda?” (Si 35,15).
¿La mejilla de quién? ¿De la viuda, del Señor o de
quien se acerca a la vez a la viuda y al Señor para
compartir sus penas?
·
Desde hace unos días, cuando salgo a trabajar un poco antes de
las seis de la mañana, escucho el canto de un mirlo,
invisible y presente. La vida está llena de
regalos”.
Con tipos así en la Iglesia ¿cómo no van a
retroceder pálidos de envidia y rojos de vergüenza
todos esos canallas que andan sueltos por ahí?
.
Dolores Aleixandre
Alandar