comentario editorial

 

Qué feliz sería la vida si sólo viviéramos para amar (Kalman)

28 de Mayo. VII domingo de Pascua.

Mt 28, 16-20

Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo

Una transfiguración, se dice, sucedió dos veces en la vida de Buda. Justamente antes de su muerte, su cuerpo brilló tanto, que “los nuevos mantos dorados que estaba portando, parecían haber perdido su lustre”. En Jesús se repite la historia con el episodio del Monte Tabor: “Delante de ellos se transfiguró: su rostro resplandeció como el sol, sus vestidos se volvieron blancos como la luz” (...) “Jesús se acercó, los tocó y les dijo: ¡Levantaos, no temáis” (Mt 17, 2 y 17, 6).  En nuestro caso, el Maestro de Nazareth se percata del miedo de los suyos -”estaban llenos de miedo”- (Mc 9, 6) y toma conciencia de que necesitan experimentar su cercanía humana. Es decir, el contacto carnal de su mano, y no sólo el resplandor divino de su rostro que probablemente fue lo que, unido a la voz salida de la nube, les amedrentaba. Esta es la Pascua que nos presenta el relato evangélico y la figura de Jesús. Miguel Ángel pintó a Dios en la Capilla Sixtina tocándole su dedo. Hechos de los que podemos concluir que en esta ocasión como en tantas otras, hay historias en todas las culturas que se relatan para ensalzar a sus héroes.

-Es famosa la frase del maestro al principiante: “Si te encuentras a Buda, mátalo, porque no es Buda, sino la imagen que te has construido sobre él a partir de tu propio yo”. Y el Maestro Eckhart dijo: Pido a Dios que me libre de Dios”. Sr. Suzuki, ¿dónde se encuentra Buda?, le preguntó un periodista al Doctor Kotaró Suzuki, director de la sección Internacional de la Asociación budista Kosei-kai. Esta fue la respuesta: “El misterio llamado Buda, Dios o lo Sagrado está en nuestro interior. Montes y ríos, valles y arroyos, todo es cuerpo de Buda, manifestación de su vida. ¿Lo llamaremos Buda, Dios, o Allah? El nombre no importa”.

Las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales, son un vademecum (del latín vade, ‘anda’, ‘ven’, y mecum, ‘conmigo’-, que es una referencia elemental para la práctica del Evangelio: Dar de comer al hambriento…, dar posada al peregrino…, enseñar al que no sabe…, consolar al triste…etc, etc. El Papa Francisco, fiel seguidor de Jesús y fiel cristiano, las pone en práctica cada día cubriendo las necesidades del hombre aquí en la tierra, y preguntado a los demás  cristianos: “qué hacéis ahí mirando al cielo”  (Hch 1, 11)

El compositor húngaro Rudolf Kalman (1930-2016) pone en boca de uno de sus protagonistas estas palabras: “¡Qué feliz sería la vida si sólo viviéramos para amar!”. Las transfiguraciones –la iluminación en el caso de Siddharta Gautama- cobran pleno sentido y son eficaces cuando van teñidos del sentimiento plenamente humano del amor.

Mi amigo José Paz Campos, inspirado poeta gallego, pone de relieve en este Poema de su obra El Legendario mundo de Nadá, la idea de ser antorcha de llama que brille en el firmamento y que la doctrina de Jesús se perpetúa en el Reino. Y yo me pregunto: ¿Es que me sirve de algo que, quedarme siguiéndole con los ojos fijos mientras se marchaba para sentarse a la diestra de Dios Padre?

 

CIENCIA TOTAL (Fragmento)

Nadá se fue pensativo
y a sus hijos reunió.
Les dijo con voz de padre:
“Mirán, Atar y Senita:
un dios nos dejó escrita
esta ley”, y se calló
Y quitándose el complejo
que te crea el mandamiento,
tiende los brazos al viento
y con ardor así exclama:
“¡Seré una antorcha de llama
que brille en el firmamento!”

(………………………………)

”Pero si queréis saber
lo que pasó con Nadá,
ningún hombre os dirá
lo que pudo acontecer;
aunque en mi corto entender
lo más probable sería
que Nadá entregaría
su cuerpo al mundo letal,
pero su Ciencia Total
en el Reino quedaría”.

 

Vicente Martínez