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SÓLO PUEDES AMAR A DIOS, AMANDO A LOS DEMÁS

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Mt 10, 37-42

Amar es dar sin esperar nada a cambio.

Hace años empleaba yo, en el comentario a este evangelio, palabras como éstas: exigencia, radicalidad, renuncia. Hoy considero que ese lenguaje es inadecuado. Jesús no nos pide que renunciemos a nada, sino que elijamos lo mejor. Si elegimos bien, alcanzaremos la plenitud, dentro de nuestras posibilidades como seres humanos.

Cuando un concursante ha ganado un cheque de seis mil euros, el presentador le dice que tiene que devolverle el cheque que había ganado antes, que era de tres mil. ¡Hay que ver como se apresura a dárselo! ¿Renuncia a los tres mil euros, cuando los cambia por seis?

El evangelio de hoy propone, en fórmulas concisas, varios temas esenciales para el seguimiento de Jesús. Todos tienen mucho más alcance del que podemos sospechar a primera vista. No podemos tratarlos todos en el breve espacio de una homilía. Vamos a detenernos en el primero con cierta profundidad y luego diremos algo sobre algún otro.

"El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí". Sería interminable recordar la cantidad de tonterías que se han dicho sobre el amor a la familia y el amor a Dios. El amor a Jesús o a Dios, no puede entrar nunca en conflicto con el amor a las criaturas. Mucho menos con el amor a una madre, a un padre o a un hijo.

Como siempre, el error parte de la idea de un Dios separado, Señor y Dueño que plantea sus propias exigencias frente a otras instancias que requieren las suyas. Ese Dios es un ídolo, y todos los ídolos llevan al hombre a la esclavitud, no a la libertad de ser él mismo.

Hay que tener mucho cuidado al hablar del amor a Dios o a Cristo. En el evangelio de Juan está muy claro: "Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros como yo os he amado".

Creer que puedo amar directamente a Dios es una quimera. Sólo puedo amar a Dios, amando a los demás, amándome a mí mismo como Dios manda. Jesús nunca pudo decir: tienes que amarme a mí más que a tu hijo, más que a tu madre.

El evangelio nos habla siempre del amor al "próximo". Lo cual quiere decir que el amor en abstracto es otra quimera. No existe más amor que el que llega a un ser concreto. Ahora bien, lo más próximo a cada ser humano son los miembros de su propia familia. Sin unos padres yo no estaría aquí, pero no sólo porque me dieron el ser, sino porque, durante años, me dieron todo lo que necesitaba para seguir existiendo. Aunque esto lo hacen también muchísimas especies de animales, porque pertenece al ámbito de los instintos.

La advertencia del evangelio está encaminada a hacernos ver que desplegar a tope esos impulsos instintivos, no garantiza el más mínimo grado de calidad humana. Pero sería un error aún mayor el creer que pueden estar en contra de mi humanidad.

Aquí esta la clave para descubrir por qué se ha tergiversado el evangelio, haciéndole decir lo que no decía. Ni es humano dejarse llevar sólo por los instintos, ni es humano oponerse a ellos o tergiversarlos. No se trataría de amar menos, sino de amar bien y amar más.

Por activa y por pasiva se ha propuesto el amor de una madre al hijo como sublime ejemplo del amor de Dios a cada hombre. ¡Cuidado! La cosa no es tan sencilla como parece. El amor de una madre puede ser el más alto exponente de humanidad, pero también puede ser la manifestación de un egoísmo feroz. Si ese amor es excluyente y proteccionista, no tendrá nada que ver con la actitud de Dios para con sus criaturas. Dios es don total a todos, sin exclusiones posibles. Sólo este dato nos hará ver la abismal diferencia.

El evangelio quiere decir, que el amor a los hijos o a los padres puede ser un egoísmo amplificado que sólo busca la seguridad material o afectiva del ego, sin tener en cuenta lo que los demás tienen de humanos. El "amor" familiar se convierte entonces en un obstáculo para un crecimiento verdaderamente humano.

Ese "amor" no es verdadero amor, sino egoísmo puro y duro. No es bueno para el que ama con ese amor, pero tampoco es bueno para el que es amado de esa manera. El amor surge cuando el instinto (tendencia) es elevado por lo específicamente humano. La punta de lanza de lo humano está en la capacidad de salir de sí e ir al otro. El instinto se convierte así en el mejor aliado de nuestro progreso humano. La familia es el mejor campo de entrenamiento para aprender a amar.

Lo instintivo no va en contra de la persona, más que cuando el hombre utiliza su mente para potenciar su ser biológico a costa de lo humano. El hombre puede poner como objetivo de su existencia el despliegue exclusivo de su animalidad, cercenando así sus posibilidades humanas. Esto es degradarse en su ser especifico humano.

Cuando estamos en esa dinámica y, además, queremos meter a los demás en ella, estamos "amando" mal, y ese "amor" se convierte en veneno. Esto es lo que quiere evitar el evangelio. Nada que no sea humano puede ser evangélico. No amar a los hijos o a los padres no sería humano. Pero debemos tener mucho cuidado a la hora de llamar amor a las relaciones familiares.

Un verdadero amor nunca puede oponerse a otro amor auténtico. Cuando un marido se encuentra atrapado entre el amor a su madre y el amor a su esposa, algo no está funcionando bien. Uno de los dos amores no es genuino y habrá que analizar bien la situación, porque uno de esos amores (o los dos) está viciado.

Si el "amor a Dios" está en contradicción con el amor al padre o a la madre, o no tiene idea de los que es amar a Dios o no tiene idea de lo que es amar al hombre. Sería la hora de ir al siquiatra. Pensad a cuantos religiosos y religiosas se les ha metido por el camino de la esquizofrenia, cuando se les ha hecho creer que, lo que Dios les pedía, era incluso odiar a sus padres.

Otra de las frases muy difíciles de entender es: "El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por mí, la encontrará".

Ya hemos dicho alguna vez que en griego hay tres palabras que nosotros traducimos por vida, "Zoe", "bios" y "psiques". El texto no dice zoe ni bios, sino psiques. No se trata, pues, de la vida biológica, sino de la vida sicológica, es decir, del hombre capaz de relaciones interpersonales.

En ningún caso se trataría de dejarse matar, sino de poner todo lo que eres a disposición de los demás. Emplear lo que eres en beneficio de los demás, no sería "perder", sino "gastar" humanidad. Quien pretenda reservar para sí mismo su persona (ego) está malogrando su propia existencia, porque pasará por ella sin desplegar su verdadera humanidad.

No quiero terminar sin decir una palabra sobre la gratuidad. El ofrecer "un vaso de agua fresca" a un desconocido que tiene sed, puede ser la manifestación de una profunda humanidad. El dar sin esperar nada a cambio, es el fundamento de una relación verdaderamente humana.

En nuestra sociedad de consumo nos estamos alejando cada vez más de esta postura. No hay absolutamente nada que no tenga un precio, todo se compra y se vende. Nuestra sociedad está montada de tal manera sobre el "toma y daca", que dejaría de funcionar si de repente la sacáramos de esa dinámica.

La misma institución religiosa está montada como un gran negocio, en contra de lo que decía uno de estos domingos el evangelio: "Gratis habéis recibido, dad gratis".

Hoy todos estamos de acuerdo con Lutero, en su protesta contra bulas e indulgencias, pero seguimos cobrando un precio por decir una misa de difuntos. Todos debemos colaborar en la buena marcha de la comunidad, pero no podemos convertir las celebraciones litúrgicas en instrumentos de recaudación.

 

Meditación-contemplación

 

El amor puramente teórico no tiene ninguna consistencia.

Un vaso de agua puede ser

la manifestación del amor más auténtico.

No tiene importancia ninguna lo que hagas.

Lo que vale de veras es la actitud de entrega en lo que hagas.

....................

 

No debo darme a los demás por Dios,

ni siquiera por los demás, ni por mí mismo.

Mientras lo que hago tenga un motivo,

no he alcanzado la esencia del mensaje de Jesús.

............

 

Mientras no hayas comprendido el mensaje,

tendrás que seguir haciendo "el bien" por programación.

Cuando te identifiques con la fuente,

el agua manará de ti espontáneamente.

................

 

Fray Marcos

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