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CARTA A LOS MAGOS (JESÚS), CON CINCO PETICIONES POR LA IGLESIA

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reyes magos

Al comienzo de este 2019, que, según los “augures” de turno, será dramático para la Iglesia, removida en sus cimientos por un tsunami múltiple de acusaciones, cansancios y rechazos, en la línea de aquello que los niños escriben a los Magos, quiero escribir cinco peticiones al Niño.

Lo hago en forma de carta, para los magos la lean a Jesús, por su iglesia, como aquellas que muchos escribíamos de niño, en un día como éste, para ponerla en los zapatos bien lustrado, pidiendo juguetes.

Lo más importante lo escribí ayer aquí en RD con la imagen de un niño con muchos juguetes añadiendo ¡me pido un abrazo!, es decir, más amor... Ciertamente, sigo pidiendo el abrazo de todos, pero pido también obras, como la pedía en su carta de "reyes" Santiago, el hermano de Jesús.

at reformas

En esa línea me atrevo a presentar esta vigilia de Reyes cinco peticiones de reforma, pues llevamos un tiempo largo de obras, sin que se note mucho el resultado.

Pedir es tomar conciencia de una necesidad, y compartirla con Dios, y comprometerse a resolverla en lo posible. De esa forma escribo esta noche a los magos, y por ellos a Jesús, cinco peticiones, para que el Niño anime a su iglesia que está un poco entristecida, para ver si me comprometo (nos comprometemos) con su ayuda en aquello que pedimos.

Los niños como Jesús siguen creyendo que es posible lo imposible. Por eso le pide que nos ayude a ser generosos en la "obra".
Buena fiesta de "reyes" a todos.

  1. Quiero una obediencia responsable

Que la Iglesia “jerárquica” mande, pero mande bien, de forma responsable, para que así todo podamos responder, dialogando desde el fondo de nuestro corazón cristiana, sabiendo que no hay unos que mandan y otros que obedecen, pues todos nos obedecemos (=escuchamos y animamos) unos a los otro, como decía Mateo en su capítulo 18 y ha repetido Francisco desde Ev. Gaudium.

Pero una obediencia ciega olvida los mecanismos “oscuros” de la vida (y de los gestores del poder), como advirtió Jesús en Mc 10, 42: “los que mandan se aprovechan y oprimen a los otros”. A veces olvidamos que Jesús que fue ejecutado precisamente por desobedecer a los sacerdotes.

Por eso es necesario que nos escuchemos unos a los otros, escuchando a Jesús. Una obediencia ciega, que no escucha razones, destruye a los que mandan y también a los que obedecen, pues convierte a los hombres en autómatas, sin posibilidad de cambio, de iluminación. Obedecer es escuchar y dialogar. Aquel que simplemente obedece y se somete no es persona, no es cristiano.

Los partidarios de una obediencia ciega deshonran a la jerarquía (pues la deshumanizan) , poniendo en riesgo el mismo cristianismo, pues el diálogo amoroso, el amor en libertad, es anterior a la obediencia y la verdadera jerarquía es la expresión de la autoridad sagrada del amor.

La Reforma de la Iglesia no impone, sino que brota del amor sagrado de Jesús, que se ha hecho niño para escuchar a todos, y así aprender y responder en nombre de Dios. Ésta es pues la verdadera obediencia, que consiste en escucharnos, acogiéndonos todos en amor, unos a los otros.

  1. En segundo lugar pido a Jesús una denuncia leal

Es decir, quiero mantener y ejercer el derecho a la protesta, como los profetas de Israel, que eran ante todo denunciantes leales (antes que anunciantes). También Jesús era un denunciante, o, si se prefiere, un “protestante”, alguien que protestó en entre Galilea y Jerusalén, a favor de los pobres, enfermos y excluidos, y por eso le mataron.

Hay que seguir denunciando, protestando, para que sea posible la Reforma de la Iglesia. No se trata de la denuncia pura, el rechazo por el rechazo, pensando sistemáticamente que todo lo dice el Papa y la llamada jerarquía es malo, que todo lo que añaden los obispos cuando hablan es equivocado.

La denuncia es necesaria, pero ha de ser leal, siempre en amor, siempre a las claras, sin secretos ni resentimiento, pues lo que se dice en la alcoba se escuchará en las plazas, como decía Jesús (¡y qué razón tenía!).

La denuncia por la denuncia es también anticristiana, por orgullosa y, sobre todo, porque niega el diálogo, la posibilidad de una búsqueda compartida, la escucha de los otros… Ciertamente, los indignados y protestantes son necesarios, pero es bueno que la protesta se convierta en principio de colaboración más alta.

No se trata de oponerse por oponerse, sino de oponerse escuchando, de oponerse para colaborar, de oponerse para (al fin y a la postre) buscar juntos. Entre la pura obediencia y la pura desobediencia está la síntesis más alta de la escucha común, de la búsqueda compartida, de la creatividad evangélica, abierta a la gran mutación humana y divina del Evangelio.

Ciertamente, hay que denunciar formas y tipos de vida de la Iglesia, empezando por el Vaticano (¿qué hace así, como retablo viejo, sin cambiar de forma externa, sin ser foco de amor, de vida interna clara, como decía Ignacio de Antioquía, al presentar a la sede de Roma como presidencia de amor, no de simple honor, ni puro mando). Así lo decía San Pablo: “Veritatem facientes in Charitate” (haciendo la verdad en el amor).

  1. Le pido para todos una presencia eficiente, sin exilio

Pero entre la pura obediencia y la denuncia pura está creciendo, al menos en occidente, entre muchos de nosotros, una tendencia al “exilio interior” (no a la verdad más alta…).

Ni obedecemos, ni desobedecemos, ya no denunciamos, pues preferimos apartarnos de este “rollo” de la Iglesia, que hoy se puede vivir al margen de ella, al menos en nuestros países de occidente, pues no existe inquisición religiosas ni de Estado (¡aunque han crecido como setas de otoño inquisiciones de otro tipo, más sinuosas quizá). Es como si pensáramos que la “iglesia oficial” ya no tiene salida, ni posibilidades de ofrecer un espacio de comunicación y de humanidad… Por eso nos vamos.

Pero la solución no está en marcharse, en entrar en el exilio y criticar desde allí a diestro y siniestros Los mejores cristianos no se marchan ya (como quizá hace 30 años) a la política (más contaminada que la Iglesia), ni a la lucha social (una lucha que parece ya perdida). Muchos de los mejores se van a su soledad. Para vivir un cristianismo aislado de los otros, con la sensación de que no se puede hacer nada.

Pues bien, en contra de eso, sólo se puede protestar con un compromiso más fuerte por la honestidad y la verdad y, de un modo especial, por los pobres y excluidos. Una iglesia que cierra en sí misma o se separa sin más de los problemas de los hombres (exilándose en su finca de añoranzas) ha perdido su sentido, su brújula, su evangelio.

En este contexto, muchos, los mejores no son ya ni protestantes, ni “indignados”, pues ni la protesta crea, ni la indignación ayuda a madurar… Muchos de los mejores se encierran en una intimidad de fondo cristiano, dejando que pase la vida… Pues bien, en contra de eso, pido al Niño de los Reyes que nos ayude a encontrar y realizar un compromiso más fuerte, en la r raíz de la protesta.

En el puro exilio, sin la comunión de amor y de vida de la Iglesia el fondo cristiano se seca, de manera que en una o dos generaciones los exilados se adaptan simplemente a la lucha por la vida y pierden los ideales del evangelio.

4. Buscando, promoviendo comunión libertad y comunión

En el exilio interior quedan algunos que son de los mejores… Pero, a mi juicio, los mejores de los mejores están allí donde no triunfa ni la pura obediencia, ni la protesta pura, ni el simple exilio, sino allí donde se abre un compromiso personal de evangelio, en comunión con otros (y en especial con los rechazados del mundo).

Se trata, como quiso Francisco (Evangelii Gaudium…) de primerear… (de involucrarse, acompañar, fructificar y festejar), de comprometerse, trazando caminos de Iglesia, sin empezar pidiendo permiso a nadie, sin buscar papeles o seguridades previas. Primerear es empezar ya, comenzar a vivir, a orar, a celebrar, de forma nueva, sin ocultar ni protestar sin más, allí donde esté, en las casas en lugares de encuentro…

Se trata de trazar caminos de Iglesia (de humanidad cristiana) en humildad activa, con un nuevo pensamiento, con un nuevo compromiso por la humanidad (por los pobres), en línea de verdad (como Jesús), en línea de apertura a los marginados, sobre todo a los pobres, a los excluidos.

Para ello es preciso colaborar con la Gran Iglesia, de un modo leal, pero con independencia creadora, sabiendo que hay algo más grande que esta Iglesia, que es el Reino de Dios, y ese Reino es de los pobres, perseguidos y excluidos, no de la Iglesia en cuanto tal (que no va al cielo, queda aquí, en el camino).

Se trata de protestar y de reformar (como quiso Lutero, como quiso Teresa de Jesús), pero no para destruir y quedarme con mi protesta (¡eso es lo más fácil!), no para hacerme víctima de otros (¡eso a la postre tener miedo a crear y cobardía..!).

Se trata de reformar para ir creando caminos, con todos los que creen en el evangelio, sabiendo que podemos equivocarnos, para con una gran confianza en la misma Iglesia (es decir, en el camino de Jesús en la historia, en este momento actual), a pesar de las inmensas ruptura y fracasos de esta iglesia.

  1. Pido al fin oración personal y comunitaria (reserva orante)

Se solía hablar de una “reserva del Santísimo” (la Eucaristía es más que las formas externas de la Iglesia). Se suele hablar ahora de una “reserva escatológica” (esperamos que se revele al final la verdad). Sin negar esos dos matices cristianos de la palabra, quiero hablar de una “reserva orante”.

La reserva orante es propia del que sabe que su vida es revelación de Dios, es propia de aquel que cultiva en oración el gran misterio de la presencia de Dios… Quien así ora sabe que son importantes los caminos “externos”, pero que hay un camino más hondo y verdadero, que es el despliegue del amor (1 Cor 13).

Ésta es una reserva hecha de “amor”: Amar a todos, en especial a los más pobres, pero también a los que han recibido cargas jerárquicas que les pesan y deforman…

Es una reserva hecha de “humor”, como cuando Teresa de Jesús decía a un “conocido”: Dios le quiso para santo (es decir, para cristiano) y Usted se quedó en Canónigo (u obispo)…”. Es un humor que viene de saber que somos creaturas, que este mundo es una “parábola”, un espejo borroso de la verdad completa…

Éste es el tiempo de la oración compartida, para escuchar la voz de Dios, para “aprender” en humanidad, para compartir en búsqueda de Reino, subiendo otra vez a Jerusalén, donde subió Jesús (aunque le mataran), buscando la Séptima Morada de la vida, que es la morada interior, más interior del Dios-Amante-Hermano, con todos los hermanos, en Cristo.

El futuro de la iglesia (es decir, del evangelio activo) es de aquellos que aprendan y enseñen a orar, en libertar interior, para empezar siempre de nuevo, por los cuatros elementos anteriores (obediencia responsable, protesta, comunión…)

Conclusión abierta

En el fondo de estos cinco momentos de un camino eclesial quiero poner la “lealtad” (es decir, la fe).

Pido a Jesús la fe de Dios: Que él siga creyendo en nosotros, los hombres; que tú, Jesús, nos creas y sigas compartiendo escucha y protesta, amor y vida con nosotros.

Pido a Jesús fe para nosotros… Ya sé que el evangelio se pregunta: ¿Cuando el Hijo del Hombre venga hallará fe en la tierra? (Lc 18, 8). Así le digo a Jesús: ¡Ayúdanos a creer y creeremos! Creemos, pero aumenta nuestra fe (Mc 9, 14‒29)

 

Xabier Pikaza. Blog periodista digital. 05.01.19

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