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Hablamos con el Prof. Jesús Fernández González que ha saltado a la actualidad por la reciente publicación de un importante ensayo titulado Historia de la antropología cristiana. De la antropología cultural a la teología fundamental (Clie; un volumen de 608 páginas), como informó Religión Digital en su edición del 24-2-2018.

Un escritor es un observador de la realidad. En su condición de profesor e investigador en la universidad española y de colaborador en distintos niveles o áreas del pensamiento crítico y filosófico, ¿puede decirnos la ubicación intelectual y docente de la actualidad cultural?

Por calendario social yo pertenezco a una generación de españoles que realizó la transición cultural, anterior a la política, en la España que despertaba y se abría al exterior "saltándose" los Pirineos. Eran tiempos del "erasmus" privado y buscamos con inquietud en Europa lo que se nos negaba dentro, incluida la estancia y la financiación. Yo trabajé en la paquetería de Correos en la Estación de Colonia los veranos.

Esto que señala tuvo un impacto de formación personal pero también cambió el panorama de las ideas y de las ciencias o humanices en que Ud. se movía. ¿Cómo ha sido este proceso de cambo y evolución?

Efectivamente, muchas cosas han cambiado desde entonces. Me refiero, en primer lugar, a la teología en España. Se ha debilitado el músculo teológico de la formación en los Seminarios y Facultades. Ya no hay profesores e investigadores sino catequistas para formar pastores. La izquierda se frota las manos por este pensamiento débil que llega hasta los Obispos de la Conferencia Episcopal.

Nunca he entendido el "antiteologismo" como parte del anticlericalismo del sur, por parte de los gobiernos conservadores y socialistas. En el norte y en el centro de Europa, todas las universidades públicas tienen y financian dos Facultades teológicas, la católica y la protestante y dichos estudios están a la altura de calidad, exigencia, validez y excelencia de las demás asignaturas. Aquí el concepto religioso se quiere privatizar mientras que en esos países, la religión tiene una función social evidente y colabora en la construcción de una sociedad más justa y moralizadora.

Más allá de la dimensión educativa, ¿cómo se ve y analiza la situación de la Iglesia desde la perspectiva universitaria?

La Iglesia y el cristianismo en general, así como perdieron el tren de la revolución industrial (los obreros) en el siglo XIX, han perdido el desarrollo intelectual del siglo XX (los estudiantes).

Mucha educación en Colegios de la Iglesia y después todos los jóvenes allí educados, son revolucionarios y tan corruptos como los demás. Están pagando sociológicamente este abandono. No han sabido retener el talento. Les molesta la razón crítica. Han abusado de la necesidad cultural. Creían que todo en la España de los 60 era huida o apostasía del arado. Y cuando alguno tenía un proyecto intelectual dentro y lo perseguía o se esforzaba por ello, lo despreciaban.

Así se ha formado la "tercera Iglesia" compuesta por los abandonados que no por los que abandonan, clérigos y creyentes. Un amigo me ha dejado leer su escrito de secularización y aquello se parece a una "orden de alejamiento" dictada por jueces de hoy en asuntos familiares. Ahí está el problema de los divorciados que se sienten más divorciados de la Iglesia que de su familia.

Y luego estaba el enchufismo, la endogamia. No llegaban ni eran elegidos los mejores sino que eran mejores porque habían sido elegidos a dedo. Para pagar la hipoteca, decimos coloquialmente. Esto pasa en la Iglesia, en los partidos, en las universidades, en la sanidad, en los sindicatos y en las empresas. Corrupción por todas partes, por todas las instituciones.

Eso en cuanto al pasado, pero ¿qué futuro nos espera, en democracia, esta confrontación cultural con nuestro tiempo?

Seguimos en la misma línea. Yo he escrito mucho sobre los valores y las reglas de la democracia en la prensa diaria. El Senado me concedió el Premio Constitución Española por ello, en 2002. Mi libro, citado más arriba, es una visión histórica de la confrontación o integración del cristianismo en la cultura de todos los tiempos. Lo que más se nota es un "déficit" antropológico y un complejo democrático. ¿Por qué hay partidos que tienen miedo a llamarse y comportarse, como democracia cristiana en medio de la riada socialista que está en crisis en todos los países como Alemania, Francia e Italia por lo menos? De acuerdo que los partidos no deben ser confesionales. La izquierda está despareciendo o desaparecida como proyecto de convivencia pero se está mutando en un populismo constituyendo el darwinismo social en los radicalismos de hoy.

Lo que necesitamos no es una memoria histórica sino una memoria antropológica y democrática. No hay viejos o nuevos partidos. Todos son de diseño y los jóvenes no deben dejarse sorprender o engañar por ellos. Todos son lo mismo. El poder y la lucha por él (conquistarle o mantenerle) son igual en todos. El poder es el mismo y sólo cambia de manos, me decía un catedrático amigo, volviendo de un congreso.

 

Redacción Religión Digital