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Al jubilarme me planteé mi posición cristiana, y la fui expresando en artículos ocasionales que luego recogí en el librito “Lo que creo que creo. Revisión honesta de un exteólogo”. En la imagen de la portada simbolicé mi situación como el vértigo al cruzar un abismo de dudas, caminando por un frágil puente de tablas y barandillas de cuerda; las tablas eran mi conciencia, y las barandillas eran las explicaciones, la teología.

Esta idea se fue desarrollando y fraguó en unas conferencias, años después, que titulé “La hoja de ruta de un cristiano del siglo XXI”. Para determinar esta ruta acudí a tres coordenadas: Jesús de los evangelios – Los signos de los tiempos – Mi Conciencia.

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Las flechas de este diagrama expresan que las tres coordenadas se complementan y corrigen mutuamente, como la superposición de tres imágenes perfilan la reproducción del original.

3 coordenadas

Alguno se extrañará de que no mencione a la Iglesia como clave para determinar mi posición cristiana.

Si se refiere a la Iglesia como Pueblo de Dios, está incluida en las tres coordenadas: en el Jesús de los evangelios, que transmiten la imagen de Jesús en las primeras comunidades cristiana; en los signos de los tiempos, que reelaboran la interpretación de los evangelios; y en mi conciencia, que acoge lo que le impacta de Jesús y olvida lo que le disuena (Jesús en la sinagoga de Nazaret olvidó el final de la cita de Isaías: “y la venganza de nuestro Dios”).

Si se refiere a la Iglesia jerárquica y a sus dicasterios, lamento decir que no me merece confianza, no porque se haya equivocado muchas veces sino porque impuso sus interpretaciones bajo amenaza de condenación eterna, y porque se ha mostrado como rémora de la evolución humana. Jesús criticó a la jerarquía de su tiempo porque “olvidaban el mandato de Dios por seguir esas tradiciones vuestras”.

Veamos los valores y las carencias de cada una de estas tres coordenadas.

 

El Jesús de los evangelios

Un cristiano no tiene la menor duda de la importancia fundamental que el ejemplo y las palabras de Jesús tienen en su propia vida. Me refiero al Jesús de los evangelios porque es el único que nos ha llegado. Personalmente en mis dudas su ejemplo y su mensaje tienen un valor fundamental. En una reunión reciente he tenido la satisfacción de comprobar que también para mis compañeros Jesús seguía siendo el gran referente por encima de un mar de dudas; incluso he comprobado una gran admiración por Jesús de un amigo musulmán y de otro que se reconoce como “ateo cristiano”.

¿Tiene carencias el ejemplo de Jesús? Hasta la más estricta ortodoxia reconoce que Jesús fue plenamente humano, y todo lo humano es incompleto, circunscrito en su espacio-tiempo, dependiente de su cultura.

El Jesús que conocemos es el Jesús de los evangelios, interpretado por las primeras comunidades y elaborado por Marcos, Mateo, Lucas y Juan. Esta reelaboración ya entonces, pero mucho más ahora, supuso el paso de la cultura simbólica hebrea de Jesús a la cultura conceptual griega.

Todavía nosotros interpretamos los evangelios como crónicas de la vida y enseñanzas de Jesús; sin embargo no fueron escritos para notificar acontecimientos sino para comprender el sentido profundo -el plan de Dios- en el escandaloso suceso de que el esperado Mesías Rey había sido ejecutado por sus autoridades religiosas y políticas. Y en esta interpretación de la Historia podemos apreciar notables divergencias, incluso contradicciones concretas, entre los cuatro evangelios, como he mostrado en “Volved a Galilea. Comentario y exégesis del evangelio de Marcos”.

Los Signos de los Tiempos

Juan XXIII puso de relieve en el concilio Vaticano II la importancia de los Signos de los Tiempos para discernir el proyecto de Dios en el momento actual. Ya Jesús había aludido a los signos de la naturaleza como ejemplo de los signos de Dios que confirmaban su misión como Mesías. El significado y la importancia de estos Signos se muestran también en el término bíblico kairós y términos culturales cono zeitgeist y paradigmas.

Signos de los Tiempos indiscutibles de nuestro tiempo son la ecología, el sentido de igualdad, y los derechos de la mujer. Signos de los Tiempos en la Historia son los estudios en cosmología, arqueología, antropología (la evolución, el subconsciente), hermenéutica…

En la exégesis bíblica estos estudios han tenido una influencia determinante. Desde la antigüedad existió una interpretación simbólica y otra literalista, pero en la actualidad la interpretación literalista ha tenido que replegarse ante la evidencia de los estudios arqueológicos, filológicos, y sociológicos. Ulrich Luz, en su comentario al evangelio de Mateo, en los epígrafes “Historia de la influencia” expone cómo se ha interpretado cada pasaje según las tendencias de cada época (patrística, medieval, renacentista, Ilustración, romanticismo, modernidad).

Esta influencia es sin duda una riqueza cultural y espiritual que va desvelando niveles distintos o más profundos, como puede apreciarse especialmente en la evolución de la conciencia ética. Sin embargo es también una evidencia de las limitaciones de cada interpretación, que muestran un inevitable sesgo cultural de cualquier interpretación y, en el mejor de los casos, sólo destaca un aspecto parcial de ese pasaje.

Nuestra conciencia

La conciencia comprende porque tiene una percepción inmediata del objeto, mientras que el conocimiento racional tiene que traducirlo a conceptos, que no pueden captar la realidad en sí, sino sólo a través de sus manifestaciones. La conciencia percibe la realidad de cada instante, mientras que el conocimiento racional la tipifica en conceptos estáticos.

La conciencia sintetiza las experiencias y los conocimientos que yacen olvidados en el subconsciente, y permite dar una respuesta sencilla en problemas complejos que requerirían comparar muchos datos.

Los moralistas están de acuerdo en que la conciencia tiene la última decisión responsable sobre nuestros actos. Santo Tomás de Aquino defendió en su Summa Theologica lo que él denominó “El fuero interno de la persona”. Y el cardenal Ratzinger afirmó que “Por encima del Papa… está la propia conciencia de cada uno, que debe ser obedecida antes que cualquier otra cosa, incluso, si fuera necesario, en contra de la propia autoridad eclesiástica” (Iglesia viva nº 250).

En algún artículo yo presentaba la conciencia como “el cordón umbilical que nos une a Dios”, y como “el templo laico de Dios”; incluso me atreví a identificarla con la presencia de Dios en todo ser humano.

A pesar de lo dicho, la conciencia también tiene que ser completada y corregida por el ejemplo de Jesús y los Signos de los Tiempos. La conciencia tiene una experiencia parcial y subjetiva; pero luego nosotros tendemos a generalizar -o a imponer- esta experiencia hacia otras situaciones o personas, cayendo en exclusivismos, dogmatismos, o fanatismos. Todos sabemos de dictadores sanguinarios que se sentían cristianos, y de Inquisidores que no percibían la contradicción entre el evangelio y la tortura y la quema de los que consideraban herejes.

Una situación real

Esta presentación de las tres coordenadas ha ido surgiendo al plantearme personalmente si la evolución que estaba experimentando me permitía seguir considerándome cristiano. Y ahora veo que este proceso se ha desarrollado por estas tres coordenadas.

Se inició con el concilio Vaticano II, la asamblea de Medellín, mi estancia en el Chile de Allende y la participación en los comienzos de Cristianos por el socialismo. La secularización me permitió mayor libertad de acción y de pensamiento, como luego me han corroborado otros compañeros. (“Sin pretender comparar los acontecimientos importantes con los pequeños”, no puedo olvidar que Pablo rompió con la Ley de Moisés cuando encontró resistencias para aceptar a los gentiles convertidos a la fe en Jesús). Al jubilarme comencé a leer a Dupuis, Moingt, Lenaers, Vigil, y a consultar a mis antiguos profesores de Filosofía y Teología. Todo esto lo considero ahora como los Signos de los Tiempos que me han impulsado a mi actual situación cristiana.

En cuanto al ejemplo de Jesús, he estudiado detenidamente los evangelios, y he comprobado que Jesús ponderó la fe-confianza de paganos como la mujer cananea, el endemoniado geraseno, o el centurión romano, por encima de la fe de sus conciudadanos judíos. Sobre todo, como ya he dicho, veo el contraste entre el Jesús de los evangelios y la evolución histórica de la Iglesia como institución, especialmente en cuanto al ejercicio del poder y del dinero.

Finalmente mi conciencia me dice que:

Soy cristiano dentro de la pluralidad de Nuevo Testamento.

Y quiero ser fiel al proyecto de Jesús.

 

Gonzalo Haya