col sepulveda

 

Como la luz del alba se encarna en el día, el discernimiento es palabra del Espíritu. La exhortación de Francisco en Santa Marta, a finales del mes florido, fue la de “dejarse inquietar”, es decir, dejarse interpelar por el Espíritu Santo que nos hace discernir, es decir, rechazar una fe ideológica. El resto, podría ser religión que, en palabras de Gutiérrez, invocando a Karl Barth o Dietrich Bonhoeffer, rechazaba la amalgama entre cristianismo y religión.

Francisco ha metido el dedo en la llaga de la incredulidad, de los sermones que no se encarnan en la vida. Es un pulso a la conciencia de tantos cristianos bloqueados en una imposible ideología cristiana, pero no en el seguimiento a Jesús. Es la denuncia de una Iglesia fundamentalmente ideológica, que pretende y evita que los oprimidos perciban su estado de opresión. En cambio, si se opta por los pobres, se opta contra el opresor.

El término ideología fue acuñado por Destutt de Tracy para denominar a la ciencia que estudia las ideas y las relaciones entre los signos que las expresan, pero fue Karl Marx quien transformó el término, que se convirtió en el conjunto de ideas cuya relación con la realidad es menos importante que su objetivo. Por eso Marx, afirma que la ideología genera una falsa conciencia sobre las condiciones materiales de existencia del hombre.

El cristianismo no pretende conservar o transformar el sistema social, económico, político o cultural existente, como sí hace la ideología, sino que del seguimiento de Jesús, por conversión, acercamiento y simpatía, se transforma el sistema social, económico, político o cultural. El cristianismo no elabora un plan de acción para acercarse a lo que la ideología considera como la sociedad ideal. No.

Las bienaventuranzas y un corazón de carne que discierne se convierten en ideal. Ese es el drama, dice Francisco, de aquellos doctores de la ley que se enfadaban con Jesús. Ahora aquellos doctores son los pastores que no saben interrogarse acerca de la propia relación con el Espíritu Santo. No conocen del seguimiento de Jesús y han convertido el cristianismo en ideología.

Francisco recuerda que el libro del Apocalipsis comienza invitando a las “siete Iglesias” —las siete diócesis de aquel tiempo— a escuchar lo que el Espíritu Santo les dice: “Pidamos también nosotros esta gracia de escuchar lo que el Espíritu Santo dice a nuestra Iglesia, a nuestra comunidad, a nuestra parroquia, a nuestra familia” y a “cada uno de nosotros”.

No se trata de subir a un cerro doctrinal, esto es, a una religión cultual, sino de adorar en Espíritu y Verdad, para convertir el seguimiento de Jesús, que no es una idea, en vida: “Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rapó la cabeza, y postrado en tierra adoró”.

 

Alfredo Sepúlveda

Periodista Digital