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Son muchas las voces laicas, sacerdotales y hasta episcopales que reclaman un fin al celibato sacerdotal obligatorio. También son cada vez más los académicos y psicoterapeutas que creen que la castidad forzada no es ni sana ni buena, y hasta podría contribuir a que los curas sean más propensos a abusar de niños.

Un profesor de la Boston University, Anthony Petro, estudia la relación entre la sexualidad y la religión, y opina que el fin de este requerimiento es algo posible.

"La posibilidad de aflojar las reglas del celibato, acerca de que los sacerdotes no estén casados, podría ser posible, porque una disciplina está más abierta al cambio que una posición doctrinal. La disciplina del celibato, este tipo de cosas, pueden cambiar", asegura Petro.

El número de sacerdotes se ha reducido en los últimos años, especialmente en Iberoamérica, y algunos sectores dentro de la propia Iglesia opinan que si a los hombres se les permitiese casarse y mantener relaciones, más querrían formarse como curas.

En la confesión ortodoxa, por ejemplo, los hombres casados pueden ordenarse. Si se ordenan estando solteros, sí se les exige ser célibes, pero si previamente han contraído matrimonio, siempre y cuando la mujer sea "de buena reputación", no habría problema.

El Papa Francisco ha insinuado en alguna ocasión que está dispuesto a debatir la idea, y se planea que para 2019 los obispos del Amazonas visiten el Vaticano para un Sínodo, una reunión de obispos con el Papa, en el que se incluya el debate sobre sacerdotes casados.

Un antiguo sacerdote que se convirtió en psicoterapeuta, A. W. Richard Sipe, argumenta que el voto de castidad ha creado un sistema de hipocresía y secretismo, en cuyo contexto tiene lugar la pederastia. Sipe también concluye que el 6 por ciento de todos los sacerdotes ha cometido abusos contra menores.

Origen del celibato en la Iglesia católica

La idea de la castidad en los sacerdotes católicos no empieza a surgir hasta el siglo II, cuando a pesar de no existir ninguna doctrina o ley eclesiástica que exija el celibato, muchos ministros optaban por ello una vez eran ordenados.

En el siglo IV se prohibió que los cargos más altos de la Iglesia, obispos, presbíteros y diáconos, contrajeran matrimonio después de ser ordenados, pero sí se permitía ordenar a hombres que se habían casado previamente.

Finalmente, en el concilio de Letrán de 1123, se decretaron los matrimonios de los clérigos como inválidos. Pocos años después se prohíbe definitivamente cualquier tipo de relación matrimonial o sexual, ya que se argumenta que debe haber un servicio espiritual completo y exclusivo a Dios, y un matrimonio o la posibilidad de tener un hijo interferiría con esta entrega.

Actualmente, a pesar de que la visión oficial de la Iglesia Católica sigue enfocándose en el celibato sacerdotal, la posibilidad de acabar con él comienza a abrirse camino.

 

Cameron Doody/Notimérica

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