VIOLENCIA EXTREMA
EN
LA REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO
LA
ESTRATEGIA DE RUANDA
La
guerra que azota la República Democrática del Congo y que ha
causado ya más de cinco millones de muertos, se está
recrudeciendo lamentablemente desde primeros de julio de
2009.
Las dos
últimas guerras sufridas en este país, en los años 1996 y
1998 fueron planificadas y apoyadas logísticamente por los
EEUU para asegurarse el control de los recursos mineros del
centro de África. Los ejecutores directos fueron los países
aliados de la zona, resguardados bajo el paraguas de
silencio tejido por los países occidentales.
El
gobierno de Ruanda continúa hoy ejecutando una política
destinada a anexionarse importantes territorios de la región
del Kivu. Ha conseguido ya el mando de las administraciones
civiles de las provincias congoleñas de Kivu Norte y Kivu
Sur, a través de miembros de los grupos rebeldes que han
sido “reinsertados” en las instituciones. El último informe
del panel de expertos de la ONU lo ha dejado bien claro.
Tiene
también el control de parte del ejército gubernamental allí
estacionado, gracias a la implicación de importantes redes
de funcionarios congoleños corruptos, cuyas ramificaciones
podrían llegar hasta la presidencia de la República, en
Kinshasa.
La
política expansionista de Ruanda pretende expulsar la
población congoleña de la zona de los Kivus y permitir así
su sustitución por población ruandesa.
Para
lograr ese objetivo ha utilizado un gran número de grupos
guerrilleros -de muy variado signo e incluso, a veces,
aparentemente antagónicos- que matan, violan, roban,
aterrorizan y destruyen toda actividad productiva. De esa
forma obligan a las gentes a huir de sus poblados y a ser
cada vez más dependientes de Ruanda.
El alto
número de víctimas que, desde 1998 al 2003 ha habido en
territorio congoleño sólo puede explicarse por una
estrategia planificada previamente y destinada a eliminar el
mayor número posible de población civil congoleña y a
destruir el tejido productivo de algunas de las provincias
del Este del Congo.
A esta
conclusión han llegado numerosas organizaciones de la
sociedad civil, quienes denunciaron en su momento que los
ataques de los grupos guerrilleros se hacían coincidir con
el momento de la cosecha y causar de este modo un mayor
perjuicio, provocando la penuria y el hambre entre la
población refugiada.
Así lo
ha considerado también la Audiencia nacional española ante
los testimonios de militares ruandeses, testigos protegidos,
como lo hace constar el juez en su auto emitido el 6 de
febrero del 2008 en el que acusa de genocidio a numerosos
altos cargos civiles y militares del actual gobierno
ruandés.
Se ha
querido presentar esta guerra como “cuestiones tribales” y
enfrentamientos provocados y financiados por multinacionales
interesadas en el coltán, pero en realidad ha sido una
guerra perfectamente programada por Ruanda para obtener el
control de las provincias más ricas del Congo en coltán y
casiterita.
Esta
guerra se acabaría rápidamente si los países occidentales
cortasen el flujo de ayuda económica al gobierno ruandés,
como hicieron Suecia y Países Bajos, al comprobar que
Ruanda estaba financiando a los grupos rebeldes y
favoreciendo las masacres de la población civil.
Los
países occidentales deben exigir a Ruanda igualmente que
resuelva de manera definitiva el problema de las FDLR,
fuerzas rebeldes hutus, escondidas en territorio congoleño
desde el genocidio de Ruanda, hace ya más de 14 años.
Dado que
una solución militar a este problema ha demostrado ser
inviable y sólo ha conducido a más masacres y violaciones de
la población civil, urge una solución negociada, ofreciendo
a los refugiados hutus ruandeses en el Congo una posibilidad
real de retorno a su país, mediante un diálogo abierto y
pacífico.
Nos unimos al grito
de sufrimiento de nuestros amigos congoleños para que rompa
el silencio impuesto por los intereses económicos y
políticos, tanto africanos como occidentales.
UMOYA
Federación de Comités de Solidaridad con África Negra
Madrid
a 7 de Julio de 2009