los sueldos millonarios de los ejecutivos
Desde que estallara la crisis financiera en agosto de 2007,
los países desarrollados, con EE UU y la UE a la cabeza, han
tenido que inyectar alrededor de cinco billones de euros
(toda la riqueza que crea España en cinco años) de dinero
público para evitar la quiebra de bancos, aseguradoras y
empresas manufactureras. Pero en muchos casos, los
directivos de las firmas intervenidas siguen cobrando
sobresueldos e indemnizaciones millonarias que han levantado
la ira popular en forma de secuestros de gerentes, amenazas
de muerte, protestas y vandalismo.
Los ejecutivos de AIG, tras recibir amenazas de muerte
han devuelto la mitad de los 165 millones de dólares
recibidos.
Las protestas se extienden en Francia, donde grupos de
trabajadores han secuestrado a los directores generales de
3M, PPR, Caterpillar y Sony, tras anunciar despidos masivos.
Los empleados de GDF Suez paralizaron terminales de carga de
gas al conocer los planes de opciones sobre acciones de los
dirigentes de la empresa, con capital público.
La indignación popular ha hecho que el presidente del banco
holandés ING haya pedido a los 1.200 máximos ejecutivos que
renuncien a los 300 millones de euros que cobraron en primas
a cargo del ejercicio 2008, cuando el Estado tuvo que
inyectar a la entidad 10.000 millones.
Los directivos de Société Générale renunciaron a sus
stock options. Y ejecutivos del banco suizo UBS han
devuelto hasta 45 millones de euros.
El caso más sonado ha sido el del ex director de Valeo,
Thierry Morin, que se llevó 3,2 millones de euros como
indemnización, tras despedir a 1.600 empleados y recibir 20
millones de euros de fondos públicos. Sarkozy le ha pedido
que devuelva la indemnización, lo mismo que ha dicho de los
51 millones de euros que se han llevado los ejecutivos de
Crédit Agricole, tras recibir una ayuda estatal de 3.200
millones de euros.
El asunto tiene todos los visos de acabar en los tribunales,
donde ya se litigan los 3.600 millones que cobraron los
directivos de Merrill Lynch, justamente antes de ser
absorbidos por Bank of America, que ha precisado de ayudas
públicas por valor de 45.000 millones de dólares.
Comparativa sangrante
Hay motivos para la protesta. La brecha salarial entre esta
casta directiva y el resto de trabajadores se ha convertido
en abismo en los últimos años. En 1976, la remuneración
media de los máximos ejecutivos de las firmas
estadounidenses era 36 veces superior al sueldo medio de un
trabajador de la empresa; en 1989, era 71 veces más, y en
2007, cada directivo recibió 275 veces la retribución de sus
trabajadores, según las cifras de The Institute for Policy
Studies, la institución privada experta en desigualdades
sociales.
El informe revela que entre 1996 y 2006 las retribuciones de
los consejeros delegados crecieron un 45%, cuando el sueldo
medio del trabajador estadounidense aumentó sólo un 7%.
"En los últimos 15 años, la retribución de los directivos ha
crecido de manera desmesurada y no tiene ninguna relación
con las prestaciones reales a la empresa. La causa de ese
fenómeno es que estos directivos han perseguido objetivos a
corto plazo, dejando a veces de tomar decisiones necesarias
pero dolorosas para la empresa para impedir, por ejemplo,
que bajara el precio de las acciones, a las que estaban
referenciados sus bonus. Es preciso poner coto a
estas retribuciones y a los blindajes", señala Sandalio
Gómez, profesor del IESE, experto en relaciones laborales.
La crisis ha pasado factura también a los directivos, pero
aún gozan de buena salud. En 2008, la retribución media de
los 25 mayores gestores de hedge funds, los amos y
señores de la especulación internacional, cayó un 19%. Aun
así ganaron 11.600 millones de dólares, según Hedge Fund
Research.
El más avispado fue James Simons, que ganó 2.500 millones de
dólares. John Paulson obtuvo 2.000 millones, apostando por
la caída de la banca británica, salvada con dinero público.
A John Arnold, de 34 años, tampoco le fue mal. Comenzó su
carrera especulando en Enron, la eléctrica que protagonizó
la mayor quiebra de la historia. Salió indemne y rico de
aquel escándalo. Fundó Centaurus Energy, que el pasado año
ganó 1.500 millones de dólares. El empuje de estos
tiburones ha dejado a George Soros, el célebre
multimillonario, rezagado en un discreto cuarto puesto.
La reforma del sistema
Las voces que piden que se reforme el sistema de incentivos
son aún pocas y tímidas. Entre las normas por las que abogan
están: fijar un tope en la relación entre el salario fijo y
el variable; que el pago de los bonus anuales sea
diferido en el tiempo -entre dos y cuatro años- con el fin
de cerciorarse de que realmente se han cumplido los
objetivos y que los ejecutivos no hinchan los resultados del
ejercicio artificialmente; y que las indemnizaciones por
despido no superen en ningún caso dos años de salario.
Por el momento, sólo se habla de códigos de gobierno
corporativo, de adopción voluntaria, y no de normas de
obligado cumplimiento, como las que regulan, por ejemplo,
los despidos de los trabajadores de a pie. Y tan sólo
Alemania y EE UU se han sentido obligados a hacer leyes a
toda prisa para limitar -o eliminar- esas prebendas.
Los ejecutivos alemanes deberán mantener las opciones sobre
acciones (stock options) de su empresa al menos
cuatro años en lugar de los dos que rigen en la actualidad.
Obama ha cedido a la presión popular. El Congreso ha
aprobado un proyecto de ley que gravará con un 90% las
primas de los directivos cuyo salario supere los 250.000
dólares, para todas aquellas empresas que hayan recibido
ayudas públicas por más de 5.000 millones de dólares.
Estados Unidos ha impuesto que los salarios de los
ejecutivos de empresas rescatadas por el Gobierno federal
tengan un tope de 500.000 dólares por año. Además, está
prohibida toda retribución adicional que se pueda convertir
en efectivo antes de que la ayuda haya sido devuelta al
Estado.
En Francia, Sarkozy, ha dado un ultimátum a la patronal
francesa para que haga propuestas antes de recurrir a un
decreto limitando los salarios.
"El escándalo social que han provocado estos casos es
razonable. Y, posiblemente, los Gobiernos no puedan hacer
una ley para intervenir los sueldos de las empresas
privadas, pero sí pueden fijar los niveles de retribución en
las compañías que son intervenidas o precisan de ayudas
públicas. Bastaría incluir una cláusula que supedite las
ayudas a un tope salarial o a que las retribuciones
variables estén vinculadas a los resultados globales de la
empresa", indica Marcel Planellas, secretario general de
ESADE.
Para Salvador del Rey, socio de Cuatrecasas y catedrático de
Derecho del Trabajo, este tipo de leyes no tiene por qué
plantear ningún obstáculo. "Lo ideal sería que el Estado en
el momento de formalizar las ayudas, incluyera una cláusula
precisa sobre las primas a los directivos".
Tal vez el camino sea el abierto en Suiza, donde una
iniciativa popular ha reunido 120.000 firmas para poner
freno a los salarios de los directivos. Lo curioso es que el
promotor de la iniciativa es Thomas Minder, un empresario de
éxito.
En España, a la espera
A España ni siquiera ha llegado el debate sobre los
sobresueldos de los directivos porque el Estado no había
inyectado fondos en ninguna entidad financiera. La
intervención de Caja Castilla La Mancha abre la posibilidad
a que se reproduzca la polémica y, lo que sería más
importante, que derive una legislación.
Los consejeros de la caja intervenida, destituidos por el
Banco de España, ya han advertido que no cobrarán un euro
como indemnización, lo que no les exculpa de haberse
duplicado el sueldo desde 2004 hasta 2007.
"No es el momento de grandes beneficios ni de salarios
excesivos ni de rentabilidades a corto plazo; éste es el
momento de comprometerse con el país", dijo el presidente
del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el 26 de enero.
Algunas empresas han parecido escuchar el aviso como BBVA,
Iberdrola o Repsol que han congelado el sueldo de sus
consejeros.
Ramón Muñoz
extracto del reportaje publicado en El País
04/04/2009