“OSCURECE, POR LO TANTO, AMANECERÁ”
Está llegando la celebración de Pentecostés, momento de
celebrar la Ruhaj, el Espíritu de Dios que habitó a
Jesús. De lo que nos cuentan los evangelios en el
contexto de la Pascua, a nosotros nos toca preguntarnos:
¿Qué ha de ser celebrar Pentecostés hoy? ¿Cómo y dónde,
descubrieron los primeros cristianos la presencia del
Espíritu de Dios, para hacerlo hoy también nosotros?
Así podemos descubrir tres cosas muy importantes para
nuestro hoy:
En primer lugar, el relato evangélico se sitúa en el
cenáculo, un lugar de comidas; no un espacio sagrado o
religioso, en continuidad con las comidas y cenas que
habían compartido tantas veces con el Maestro: un
espacio profano.
Segundo, lo descubren entre hombres y mujeres; un
espacio no patriarcal, un espacio de igualdad en la
diferencia.
Tercero, le acompañan signos, son los signos que siempre
el pueblo hebreo utilizaba para hablar de la presencia
de Dios: viento, fuego… Jesús aporta nuevos signos de la
presencia de Dios. Para él Dios está en nuevas formas
religiosas y nuevas sacralidades: sanación, unidad,
vida, no tener miedo, paz, servir.
Quiero hablar de estos signos de la presencia de Dios
hoy, del Pentecostés de hoy, porque Dios es nuevo
cada día; no se deja encerrar en estructuras pequeñas y
oficiales. Si no le vemos presente en la historia de
cada día, es sólo por una fijación de nuestro interés
religioso, no porque Dios haya cambiado su forma de
actuar.
Dios, el inabarcable, es movimiento de vida, de bondad,
de grito de humanidad nueva y mejor. Hasta El Roto ve su
presencia, en ese ajetreo político de pactos, análisis,
divisiones en filas de unos y vítores de poder en otros.
En este panorama profetiza: “Oscurece, por lo tanto
amanecerá” ¿No es eso descubrir el aliento del Espíritu
en la oscuridad?
Para mí, ser intrépida siempre es superar miedos, sé que
no es valiente quien no teme sino quien es capaz de no
dejarse inmovilizar por el miedo. De eso se trata.
De eso hablan las plazas de tantas provincias de nuestra
tierra, tristemente más a oscuras, por la intervención
violenta de los mossos d’esquadra la semana pasada.
Todos podemos ver las imágenes de la brutalidad
desmedida en la Plaza Cataluña. Es lo bueno de hoy,
nadie nos puede engañar. Todo se cuelga en la red y se
ve desde cualquier lugar. El pretexto: la higiene.
Seguimos en lo que le pasaba a Jesús, problemas con lo
puro y lo impuro, lo adecuado y lo que no lo es.
Algunos compañeros del trabajo me preguntaban cuando
volvía con mis alumnos de hacer un trabajo educativo en
la plaza, si estos del 15M no son “cuatro colgados”, ¡es
que tienen unas pintas…, que no parece serio!
Los de la reunión de estos días los del G8, sí tiene
buena pinta. Ellos huelen a perfumes caros y sus ropas
no cuestionan su decencia porque son de las mejores
marcas, sin preguntarnos quién paga esos gastos y si
trabajan por las mismas condiciones de vida para los
demás.
¿No vemos los signos de la presencia del Espíritu de
Jesús dando servicios gratuitos en las plazas? Los hay
de guarderías para quien no pueda pagarlas, de
bibliotecas solidarias, para jubilados, recreativos para
niños y adultos, cinefórum, comedor, asesoría jurídica,
asistencia sanitaria… Todo eso llevado a término y
mantenido por voluntarios entregados con la mejor cara
de acogida en sus servicios. Llevan muchos días así,
están cansados; se les nota.
Las asambleas diarias tienen un mecanismo impecable de
tolerancia y democracia. Se respeta cualquier aportación
sin descalificaciones a las que nuestros políticos nos
han habituado y que sacan los colores al funcionamiento
de nuestra jerarquía eclesiástica tan hábil en la
prohibición y persecución a los que molestan porque
piensan y dicen lo que ellos no quieren. ¿No son éstos
los signos pentecostales de hoy? ¿Esperamos ver lenguas
de fuego que bajan del cielo y palomas que se posan para
empezar a creer?
Jesús decía a los religiosos de su tiempo que tampoco
veían el Espíritu de Dios en las plazas: “Cuando veis
una nube que se levanta en el occidente, al momento
decís: ‘Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el
sur, decís: ‘Viene bochorno’, y así sucede. ¡Hipócritas!
Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo,
¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? ¿Por qué no
juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?” Lc, 12,
55-56. Hoy también nos llamaría a muchos hipócritas
por no explorar nuestro tiempo.
Abramos los ojos, quitémonos los estereotipos y
etiquetas religiosos. Intentemos abrirlos de par en par
para ver desde las pupilas de Jesús y descubrir al
Espíritu que aletea sobre los que han hecho de las
plazas su casas, a quienes rompen con el conformismo, la
comodidad, el hedonismo y el consumismo voraz
arriesgándose en inventar algo nuevo: el amanecer.
He leído todo tipo de análisis del movimiento del 15M,
es fácil criticar cómodamente desde casa; no lo es desde
la plaza, durmiendo en el suelo sin otro techo que la
luna. Sin embargo, entre ellos, tengo las mismas
resonancias en mi interior que cuando leo lo que hacía
Jesús.
Soplan vientos destructores, no pentecostales: hasta hoy
se han tolerado las molestias del 15M, porque hacían un
“servicio político” en los últimos momentos
electoralistas. Ahora ya empiezan a cansar, no se
aguanta su suciedad. Muchos quieren decirles: ¡Chicos,
se acabó el recreo! Pero su resistencia es un grito
desde abajo que nos convence de los sentimientos más
hondos del ser humano: otro mundo es posible.
Dios pasa hoy y no le vemos, nos habita y no le
reconocemos, alienta nuevos signos y rumbos que
continúan siendo crucificados por el poder. Muchos son
reacios a todo esto, desconfían, descalifican: seguimos
viendo la paja en el ojo ajeno, sin darnos cuenta de
nuestra viga. No queremos ser utópicos como fue Jesús,
como le siguió Francisco de Asís. ¡Esos eran otros
tiempos!, decimos, nosotros hemos de ser más
pragmáticos.
Mientras, Jesús sigue en su camino marginal de las
plazas de Galilea, ni la jerarquía le reconoce, perdemos
oportunidades de sumarnos a pequeñas levaduras
constructoras de un lugar, un espacio y un tiempo de
Dios. Hoy es el espacio de Dios. Está presente su Ruhaj,
su Espíritu es indisoluble por más violencia que haya,
lo llena todo: algunos lo oyen, lo sienten dentro,
derriba sus miedos, reinventa la historia, sigue fuera
del templo.
Sí, hoy es Pentecostés, aunque no todos lo llaman así,
hablamos del mismo movimiento expansivo de la utopía del
Nazareno. Reaparece en la historia cuando todo oscurece
y por más que vengan “mossos” con porras, nadie lo va a
parar; es nuestra “primavera social” presencia del
Reino.
Matilde Gastalver