Hambre de mujer
Karzai parece haber ganado las elecciones afganas. Carme
Chacón ha hablado de las primeras elecciones
democráticas. La ONU pone en duda su transparencia.
Habría que advertir que unas elecciones fraudulentas son
necesariamente antidemocráticas. Pero no cabe duda de
que el mandatario goza del beneplácito de EE.UU y de la
Unión europea. Es el hijo amado en quien reposan todas
las complacencias.
Occidente está acostumbrado a condenar las dictaduras y
a ser intransigente con los mandatarios absolutistas que
subyugan a sus pueblos. Pero cuando de sacar ventajas
económicas se trata, ningún país democrático hace ascos
el dictador más repugnante. China es un cliente
apetecible para cualquier economía. Incluso Esperanza
Aguirre que ve en el puño levantado “un gesto amenazante
de quienes han ejercido una ideología totalitaria y han
pisoteado los derechos de millones de ciudadanos en la
Europa del Este”, que se declara visceral anticomunista,
trata de introducirse en el mercado de la mirada
oblicua. Los intereses económicos superan dolorosamente
a los ideales de libertad y democracia. Hasta la propia
Vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, puso
de relieve que había que dicotomizar ambos campos y
tratarlos con independencia. Uno, que todavía guarda
sueños utópicos en los hondones del alma, no puede
priorizar la economía frente a la libertad. La libertad
se alimenta de víctimas gozosamente ofrecidas. Las
dictaduras se nutren de humanidad arrebatada.
Poco antes de estas elecciones democráticas para los
intereses de Europa y Estados Unidos, el Presidente
Karzai promulgó una ley terrible contra las mujeres. Los
maridos insatisfechos sexualmente pueden someter a su
esposa a la tortura del hambre. O la mujer es una
fábrica de orgasmos o sentirá en su vientre la mordedura
del ayuno. El valor de ser mujer-mujer con todo lo que
ello entraña queda reducido a su capacidad sexual de
producir placer. Se da por descontado que la
insatisfacción sexual no responde a deficiencias
masculinas. El macho siempre es macho y no cabe dudar
del valor de su entrepierna. Pero la mujer puede ser
jibarizada, reducida a centímetros. Sus valores, su
capacidad de transformación del mundo, su creatividad
del mundo, su alumbramiento gozoso de la historia no
deben ser tenidos en cuenta. La mujer es una
circunscripción vaginal.
El
occidente cristiano, reserva de valores eternos, de
esencias cristianas, de derechos de igualdad, bendice la
elección falsamente democrática de un hombre que pacta
con señores de la guerra y que pisotea a la mujer. A
talibán huele Karzai, a fundamentalismo, a fanatismo. Es
lo que es, en frase atribuida a Kissinger hablando de
Pinochet, pero es nuestro hombre.
Se
nos llena la boca de democracia, de solidaridad, de
defensa de la mujer. Tal vez estemos pronunciando su
santo nombre en vano. Somos capaces de simultanear la
blasfemia y la proclamación de la grandeza de la
libertad. Hay que estar orgullosos de nuestra propia
hipocresía.
Rafael Fernando
Navarro
http://marpalabra.blogspot.com