EL
PADRENUESTRO DEL CAPITAL
Padre nuestro
Capital,
dios todopoderoso de
este mundo,
que desvías la
corriente de los ríos y perforas las montañas,
que separas los
continentes y unes a las naciones;
creador de las
mercancías y manantial de vida,
que subyugas a los
reyes y a los súbditos,
a los patronos y a
los asalariados:
que tu reino se
establezca en toda la tierra.
Danos muchos
compradores que tomen nuestras mercancías,
así las buenas como
las malas.
Danos tontos que
crean en nuestras promesas.
Y trabajadores que
acepten sin resistencia todos los trabajos
y se contenten con el
salario más mezquino.
Haz que nuestros
deudores paguen íntegras sus deudas.
Haced que la cárcel
no se abra nunca para nosotros
y aléjanos de la
quiebra.
Concédenos rentas
perpetuas.
Amén.
NOTA.
El Padrenuestro original de los cristianos, pedía a Dios
el perdón de las deudas. Pero Tertuliano, doctor de la
Iglesia y rico propietario, que sin duda era acreedor de
muchas personas, sostuvo que era preciso entender la
palabra “deudas” en el sentido de pecados, únicas deudas
que los cristianos absuelven. La religión del capital,
más avanzada que la religión católica, debía reclamar el
pago íntegro de las deudas, siendo, como es, el crédito
el alma de las transacciones capitalistas.
Paul Lafargue
(1842-1911)
El
derecho a la pereza.
Longseller. Buenos Aires. 2004