Sr. Portavoz de los Obispos,
el Evangelio, entero por favor
Hago lo posible por objetivar las advertencias morales del
Padre Camino, Obispo-portavoz de la CEE, y eso se traduce en
tratar de entenderlas en su significado preciso. Es decir,
si con el Catecismo de la Iglesia Católica en una mano, y el
Código de Derecho Canónico en la otra, ha dicho algo
inconveniente.
Sustancialmente tengo que reconocer que se atiene a esas
“fuentes” de la “doctrina” católica. Ya sé que usted y usted
dará por bueno este proceder intelectual y magisterial, y
que usted y usted, pensará como yo, que es de una pobreza
extrema esta manera de ejercer el ministerio de enseñanza
episcopal.
Pero, nobleza obliga, es legítimo y puede en conciencia
sentirse obligado a preferirlo en casos extremos. El
problema es que si se prefiere siempre y sistemáticamente,
sin distinguir casos y casos, a lo mejor los demás tenemos
dudas de que esa enseñanza moral haga el debido esfuerzo de
discernimiento que como adultos nos corresponde. Vamos, que
nos trata como a menores de edad en la fe y en la doctrina.
No creo que sea el momento del nominalismo, es decir, de la
lucha por las palabras, sobre si Camino ha utilizado bien
los conceptos “pecador público”, “herejía” y “excomunión”,
al referirse a los políticos católicos y su posible apoyo a
“la ley Zapatero” sobre el aborto. Me importa mucho más el
hecho en sí y el significado que tiene para la presencia
evangelizadora de la Iglesia española en su sociedad.
Y cuál es este significado, a mi juicio. Negativo,
fundamentalmente negativo. La Iglesia puede decir esto sobre
los políticos y el aborto, desde luego que sí. Pero mejor
que lo diga la Iglesia Católica, y que los católicos veamos
ese discernimiento común y bien respaldado de los Obispos.
La colegialidad episcopal es evangelizadora
más que cualquier palabra en cuestiones vitales. No uno de
ellos y con el respaldo que se le supone. Hay que
escenificar bien la eclesialidad del discernimiento. Este
solitarismo de la “portavocía” episcopal no es de recibo en
una sociedad de católicos mayores de edad. Tanta verdad
doctrinal, moral y, “política”, para uno solo, resulta
chocante e indigesta.
Pero hay otra razón que voy a considerar, además del
discernimiento sin sujeto colegial claro. Una voz
profética desde la Iglesia tiene que crecer en legitimidad
porque se implica a fondo con el ser humano en sus causas
más injustas. En todas, dentro de lo
humanamente posible.
No sólo cuando está en juego la vida del no nacido y del
anciano desvalido, sino también cuando la riqueza de unos
acapara medios sin cuento, mientras otros, miles y miles de
personas, van a morir de hambre sin remedio o a vivir con
total indignidad.
No se puede uno fotografiar hoy con los 35 representantes de
las empresas del IBEX, para que nos financien la JMJ del
2011, movernos en los círculos culturales más conservadores
y elitistas de la sociedad española en cuanto a la
estructura social y educativa, sostener unos medios de
comunicación claramente neoliberales, ocultarse a la sombra
de Cáritas en cuanto a qué decir y hacer ante la crisis
económica, mostrarse doctrinalmente posibilistas en cuanto a
la resolución de los dramas de la humanidad en comida, agua,
salud y educación, y pretender que la sociedad nos crea sin
reservas el día que nos ponemos serios y directos ante el
aborto.
No se puede ser selectivos al postular las exigencias
morales de la dignidad humana en la vida social y al hacer
memoria moral de las Bienaventuranzas.
No me considero elegido para tomar la palabra en nombre de
nadie en la Iglesia, pero tienen que resonar voces de
cristianos que denuncien cuán selectivos somos al tratar las
injusticias. Éste es un momento que obliga a rectificar. El
Evangelio entero, por favor.
José
Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete
Profesor de Moral Social Cristiana
Vitoria-Gasteiz