DECÁLOGO ANTE LA CRISIS
1. En
el comienzo está la memoria de la denuncia, “no podéis
servir a Dios al dinero”, y el recuerdo de que cuando se
comparte, “pudieron comer todos hasta quedar satisfechos”.
2. Y
la memoria se hace interpelación personal con la voz
y la presencia de los que no hallan un modo digno de vida
para ellos y sus hijos, provocándonos el “no hay derecho”,
esto “ofende al mismo Dios”.
3. Y
desde la indignación ética nos vemos reclamados al
conocimiento crítico de la realidad, para comprenderla
en sus relaciones materiales y morales más determinantes,
“porque si un ciego guía a otro ciego…”.
4. Y
el conocimiento crítico de la realidad nos recuerda que aún
hay un mundo más allá del nuestro, donde las pobrezas
y la exclusión degeneran, más si cabe, en pecado estructural
de inhumanidad que, por acción u omisión, compartimos.
5. Y
el sentido crítico nos hace advertir que ninguna relación
material de injusticia viene sola, sino que se subsume
en el fracaso de unos valores. Introducir esta
diferencia, ilumina el análisis; olvidar su relación
sustantiva e inseparable, nos avoca a un idealismo moral tan
estéril como manipulable.
6. Y
en el diálogo de la Palabra, el análisis social y la
conciencia moral, surge un compromiso efectivo de la fe de
los cristianos y de la Iglesia toda, primero, como
exigencia pública de justicia. Es la denuncia de
las estructuras y comportamientos sociales que no pueden
ser, “porque no se puede dar en caridad lo que se debe en
justicia”.
7. Y
porque la justicia imprescindible no llega, y la correlación
de fuerzas que la debería impulsar es tan desigual, y
ante la urgencia de tantos y tantos casos de necesidad
inaplazable en la crisis, la caridad se vuelca en ayudas
particulares, y en proyectos y programas, que alivien a los
más necesitados y débiles.
Siempre será necesaria la caridad social; lo peculiar de
nuestros días es la extensión que adquiere la injusta
suplencia de la justicia por la caridad. Por
eso es imprescindible el análisis crítico de la realidad, y
la denuncia de la injusticia social originaria en cada
supuesto de la caridad personal y, sobre todo, eclesial.
Pueden
darse casos de llamada a la desobediencia civil de
“los pobres” ante los injustos efectos de algunas leyes o
situaciones.
8. Y
porque la caridad tiene su valor religioso y moral
propios, la comunidad cristiana se vuelca en sus Cáritas
con programas, proyectos y ayudas precisas, que palian las
urgencias de los más pobres, implican a sus destinatarios
como sujetos y se proponen su inclusión en la vida laboral y
social.
9. Y
la Comunidad se vuelca en sus Cáritas, (¡también es exigente
con ellas, como obra propia y de todos que son!), desde los
Presupuestos de Roma, de las Diócesis y de las
comunidades cristianas particulares, desde todas las
organizaciones de la Iglesia y desde los cristianos
particulares, encomendando la coordinación del conjunto de
las iniciativas a Cáritas, como servicio de todos a los más
pobres, dentro y fuera de la comunidad.
Esto
no significa que no pueda haber otras iniciativas en la
Iglesia o que no puedan coordinarse con el movimiento civil
laico en lucha por una sociedad más justa. Los pobres
llegan al centro de la Iglesia y la reconfiguran en todas
las manifestaciones de su misión y organización; éste es el
sueño y la intención.
10. Y
la acción caritativa, que es moral y espiritual, personal y
asociada, de cada uno y de la Iglesia toda, y que es ayuda,
programa y proyecto, y que es denuncia, siempre, y
acción, y que es donativo y promoción de personas y
contextos, es, a la vez, educación y evangelización de las
conciencias; en el compartir hoy y ya, “porque si
se comparte, llega y sobra”.
Y en
la sobriedad de otro modo de vida, porque para
sobrevivir todos, hay que vivir de otro modo, y para que
llegue a todos, eso de lo que nos privamos, hay que ponerlo
en común: “en caso de extrema necesidad, todos los bienes
creados son comunes” y “lo que no es estrictamente
necesario para una vida digna, no nos pertenece; es de los
pobres”.
José Ignacio Calleja
Profesor de Moral Social Cristiana
VITORIA-GASTEIZ
ECLESALIA